Cómo llegar a la laguna Parón. Lo que no debes hacer

Cómo llegar a la laguna Parón al final de la entrada

Eran casi las 7 de la mañana en Caraz, y bajo tres gruesas frazadas, mi humanidad batallaba por despertar. Una tarea difícil considerando mi tendencia natural a la flojedad, más aún en el frío clima de montaña. En ese estado era capaz de quedarme acurrucado todo el bendito día para ahorrar energía calorífica, pero, ¡rayos!, tenía que levantarme para vivir, y conocer un poco la ciudad.

El poco interés por el recorrido urbano, tal vez estuvo influido por la decepcionante experiencia visual en Huaraz y Yungay, lugares por los que había pasado antes. Aunque debo resaltar la hospitalidad de los yungaínos. Su cálida humanidad ha quedado grabada en mi mente de por vida. Pronto publicaré una entrada sobre esa visita.

El punto flaco de las ciudades del llamado Callejón de Huaylas es su arquitectura. Una arquitectura tan insulsa, como la de cualquier ciudad costera del Perú. Es decir, casas y edificios enfocados en la funcionalidad, con techo plano, paredes sin enlucir y sin ninguna gracia en el exterior, como cajas con ventanas.

Caraz parece conservar un poco de la arquitectura de carácter andino que uno espera ver en estas regiones. Su sencilla y acogedora plaza principal, y sus pintorescas casitas con tejados en los alrededores son una muestra de ello.

Plaza Principal de Caraz
La plaza de Caraz
A menor expectativa, mayor el asombro

El baño matutino con la gélida agua del hospedaje, capaz de despertar a un muerto, me dio la fuerza necesaria para salir a buscar un lugar donde saciar mi naciente apetito. No tenía otros planes para ese día, sólo deambular por la plaza, meditar sobre el sentido de la vida, y esperar que el viaje me sorprenda.

No tuve que esperar mucho. Mi apariencia de forastero perdido había llamado la atención de un señor, que entre pregunta y pregunta, me recomendó visitar la laguna Parón.

Para confirmar el dato que me dio fui a la municipalidad de Caraz para obtener toda la información sobre aquella laguna, y por fortuna, descubrí que para esa ruta no era necesario ir con una agencia de viajes. Valoro el trabajo de las agencias de turismo, pero siempre trato de ir por mi cuenta, salvo que sea obligatorio tomar un tour.

Fue un poco complicado encontrar a alguien que me dejara lo más cerca posible a la quebrada Parón, y a un precio razonable, pero mi insistencia dio frutos. Mi salvador no fue un taxista, ni un colectivero, sino un comprensivo señor, dueño de una destartalada combi que usada para transportar a los campesinos de la ciudad a la chacra y viceversa.

Quince soles fue el precio pactado, bastante aceptable, comparado con los 60 soles de los taxis. El único reto fue el horario de partida: tres de la mañana, justo la hora más fría del día. Dudé un poco. Esperar por un informal transporte a esas horas sentado en una desolada calle de Caraz... bueno, el que no arriesga no gana.

Rumbo a la Laguna Parón
Amanece. Rumbo a la laguna Parón
Tengo miedo, mejor regreso

El viaje de Caraz hasta el caserío más próximo a la quebrada Parón fue bastante interesante. Vi el amanecer en las montañas (sí, tuve que esperar hasta las 5 de la mañana para partir), y tuve una confusa pero risueña experiencia cultural con la gente en la combi, que sólo hablaban quechua ancashino, y por último, se había unido a mi caminata una viajera extranjera. Así que solo no iba a estar.

Y que bien que no estuve solo, porque la oscura entrada a la quebrada, semejante a un portal hacia otro mundo, me causó un incómodo escalofrío. Y cómo no asustarme si ante mí se levantaban enormes y amenazantes moles de roca a ambos lados del camino, mientras el viento helado ululaba feroz sobre mi rostro.

Todo eso quedó atrás tras una hora de caminata, cuando la altura y la inclinada pendiente del camino pusieron a prueba mi recién descubierta afición por el senderismo de montaña. La prueba a superar: un agotador ascenso de más de 13 kilómetros de longitud.

Laguna-Parón
Entrada a la quebrada Parón
Chacchar coca, la solución a los problemas

Hay momentos en la vida de un hombre sedentario, en las que no basta tener una mente fuerte para vencer los obstáculos físicos que se presentan a más de 4 mil metros de altura. Es cierto que una mente positiva es capaz de ayudar al cuerpo a encontrar fuerzas en donde no las hay, pero hay un límite.

A mitad de camino perdí el ritmo, la motivación y las fuerzas, porque además del cansancio, el tiempo había cambiado. Y si antes hacía frío, hacia las diez de la mañana, el calor y la radiación solar eran capaces de secar el espíritu de cualquier improvisado aventurero de ciudad.

No pasó mucho para que el desaliento se mezclara con la impotencia y la rabia, en especial cuando me encontraba con los caminos en zigzag. No puede existir nada más desmotivante que esos caminos en el que se sube y sube, pero no se avanza. Las montañas escucharon muchas groserías aquel día.

¿Y qué se puede hacer cuando el "segundo aire" no llega nunca? Pues, chacchar hojas de coca, estimado lector. Sagradas hojas de coca que inteligentemente la viajera extranjera que me acompañaba había traído. El trámite es sencillo, sólo se colocan unas hojas en la boca, luego se mastican, y se dejan reposar a un lado de la mejilla. ¡Pum! mejor que las espinacas de Popeye.

Rumbo a la laguna Parón
Una de las consecuencias de chacchar en una salivación profusa. Felizmente no se nota en la foto
Y miré el agua, y el agua me devolvió la mirada

Todo esfuerzo bien encaminado tiene su recompensa, y no importa si tarda en llegar. A mi me tomó unas 5 horas para estar a tiro de piedra de la laguna. ¿Y ahora?, ¿cómo hago para transmitirte esas incontenibles emociones de alegría y satisfacción que sentí por este medio? ¡Uf! difícil eh.

Créeme que ahora mismo, mientras tecleo esto frente a la computadora, ando rompiéndome los sesos tratando de encontrar las palabras adecuadas para mostrarte un poco de lo que pasó por mi cabeza al llegar a la sorprendente Laguna Parón, luego de una caminata en la que sentí miedo, fatiga extrema, rabia, y "zombiedad", palabra que estoy inventando para describir a una persona sin fuerzas que camina sin saber cómo, y casi en un estado de consciencia alterada.

Lo único que se me ocurre en este momento es compararla con una experiencia de conexión mística con la divinidad, como estar en la morada de los dioses de las montañas buscando respuestas. En este lugar es fácil empatizar con las antiguas creencias prehispánicas, pues frente a las imponentes rocas, nevados y turquesas aguas, uno se siente pequeño, frágil, y a merced de los designios de la naturaleza.

Laguna Parón
Laguna Parón en todo su esplendor turquesa
Algunos datillos que ojalá te sirvan

1.- No hagas lo que yo. Anda en grupo, en auto propio, caminando o con una agencia de viajes. Tours a la laguna Parón hay en abundancia en Huaraz, y vas cómodo hasta la misma laguna. Imagina, yo tuve suerte a mi regreso, pues mi idea para el retorno era caminar de regreso hasta Caraz, otros 13 kilómetros, con la esperanza de encontrar alguna alma caritativa en el camino. Y tuve suerte, el mismo señor que me trajo, me "esperaba" al salir de la quebrada.

2.- La laguna Parón está dentro del Parque Nacional Huascarán, así que tienes que pagar el costo de entrada, unos 10 soles. Actualmente no sé cuál será el precio, no creo que haya subido mucho. Por cierto, no se permiten bolsas de plástico de un sólo uso al ingresar.

3.- Buscando alguna información extra sobre Parón, me di con la sorpresa que recientemente la laguna ha tenido problemas con el nivel del agua, lo que estuvo a punto de originar un desborde. Un detalle que siempre debes de tener en cuenta, consulta antes si la ruta está disponible.

4.- Y por último, disfruta y cuida este lugar. Es altamente recomendado.

Laguna Parón
Con cara y corte de huevón en la Laguna Parón

Gracias por llegar hasta aquí estimado lector. Si tienes algo que comentar, siéntete libre de hacerlo. Te leo con emoción.

Paz.



Compartir:

0 comentarios:

Publicar un comentario

Suscríbete