Qué puede comprar un viajero en el Cyber WOW 2022

Sin duda alguna, luego de esta "era del bicho", las compras por internet se han convertido en algo cotidiano, seguro y eficiente. O por lo menos esa es mi percepción.

No soy ajeno a este cambio, ya que en pleno 2021 compré varias cosas que me llegaron desde el otro lado del mundo. Y mira que siempre fui reacio a realizar las compras de esta manera.

Hoy ya estoy convencido que comprar por internet es seguro y bastante práctico en una ciudad donde el tiempo pareciera que transcurre a paso de gacela. 

Quiero volver a viajar pero antes... ¡el Cyber Wow!

Cyber Wow

Atrás quedaron aquellos días en los que tenía que darme un tiempo para salir a buscar todos los implementos y artilugios necesarios para salir de viaje.

Ahora sólo basta entrar a la computadora o tomar el celular y comprar en sólo unos minutos y a un clic de distancia, cosas como una mochila, una carpa (necesito una urgente), una bolsa de dormir y una cámara de fotos (compacta para evitar robos en la travesía). Un equipamiento suficiente para mí.

Aunque conozco viajeros que salen a la ruta con mochilas y maletas llenas de computadoras, videocámaras, y hasta drones, bueno, es que ellos además de apasionados aventureros son, en buen cristiano, influenciadores audiovisuales.

Pero, ¿qué es el Cyber Wow? Bueno pues, este es un evento que va del 4 y al 8 de julio y busca impulsar el comercio electrónico en el país, y está organizado por el IAB Perú. En él participan las empresas más representativas de venta por internet, ofreciendo atractivas ofertas y diversas formas de pago seguras.

Espera. ¿Atractivas ofertas? ¡Vamos! que esa es la palabra que me interesa...

Cyber Wow

Por la información que ofrecen en el sitio he visto que en el evento podrás encontrar artículos necesarios para viajeros un poco salvajes o más tecnológicos. 

Por el momento yo estoy metiéndole ojito a las carpas y a los celulares, ya que como buen viajero salvaje que soy (sí, lo de salvaje era por mí) puedo dormir a la luz de la estrellas, pero siempre conectado a la red de redes, eso es imprescindible. 

En el Cyber Wow hay además, productos como Smartwatches, baterías externas recargables (power bank), trípodes, mochilas, maletas, cámaras y drones. Y ahora que lo pienso... el power bank debe de ser una herramienta salvadora, ya que muchas veces durante un viaje me he quedado con el celular muerto justo cuando más lo necesitaba.

Así que te paso el dato estimado suscriptor viajero para que vayas preparando tu próximo viaje, ya que se acercan las Fiestas Patrias. He visto que en la sección tecnología del evento hay hasta un 60% de descuento. Voy averiguar más, quizá el tema de tener un dron sea demasiado tentador y me convierta en youtuber, o mande todo al olvido y adquiera un consola de videojuegos. Dos años de sedentarismo obligado han dejado su huella. 😀

Nos vemos en la ruta.

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Guitarra Viajera ahora en podcast

Megu en Guitarra Viajera podcast

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Corren nuevos tiempos. Tiempos difíciles, pero nuevos tiempos finalmente. Y se hacen sentir en este espacio virtual. Porque desde que empezó la pandemia el número de lectores nuevos de este blog ha ido cayendo estrepitosamente. 

Bueno pues, es tiempo de hacer un cambio momentáneo. Sé que hay suscriptores que gustan de leer las entradas que publico, aún si estas no son de viajes felices. A ustedes, ¡muchas gracias por tomarse el tiempo! ¡les mando todo mi amor! 

Pero necesito probar con otra cosa. Quizá más cómoda para ti.

Los podcast, un medio de difusión que asemeja a un programa de radio, me viene haciendo ojitos hace un buen tiempo. 

Y podría decir que experiencia tengo, pues, cuando niño hacía "programas" radiales con personajes imaginarios usando un micrófono conectado a mi equipo de sonido que grababa en casete. 

Quién diría que décadas después iba a volver a realizar esta locura. Aunque esta vez con una diferencia.

Me acompañaría un invitado real. 😆

La barba de Megu (Miguel Eguchi)

Miguel Eguchi, conocido en el mundo musical como Megu, es uno de los músicos peruanos independientes que he ido conociendo virtualmente desde que empezó el ataque del bicho con corona.

Y es con Megu con el que empezaré este primer episodio del podcast de Guitarra Viajera. Me gustaría contarte más sobre el gran Megu, pero mejor dale clic al podcast para que lo descubras tú mismo. 

Sólo puedo adelantarte... Megu no es tan rudo como aparenta su imagen barbuda, por dentro es suave y esponjoso. Es sólo una impresión.

Escúchalo en SoundCloud


Escúchalo en Ivoox


Estos fueron algunos de los temas que hablamos en el podcast. Están ordenados cronológicamente.

- ¿Cómo es viajar por el Perú en pandemia?
- Tocar guitarra en las calles mientras viajas.
- Inicios de Megu en la música.
- Cómo componer una canción.
- Equipo casero para grabar música.
- Minuto 23:02: Megu me trolea. 

*Recomendado escuchar: Bienvenido al Valhalla. (Disponible en Spotify, YouTube e Bandcamp de Megu)

PD: Sabes, lo bueno de los podcast es que puedes escucharlo con audífonos e irte a hacer otras cosas, bastante práctico. Espero lo disfrutes.

Megu
Megu posando sensualmente





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La pandemia me convirtió en horticultor


¿Alguna vez se te ha desconectado la mente, y has sido por algunos segundos un ser completamente sensorial? 

Estar en el momento presente le llaman. Casi como un estado de iluminación búdica. Y puede ocurrir cuando menos lo esperas y sin necesidad de meditar en posición de loto.

Como aquel día en el que mis sentidos tomaron el control mientras cocinaba

Pasé de rumiar mis acostumbrados pensamientos a contemplar extasiado el ordinario tomate que tenía entre las manos. Como si de pronto éste se llenase de colores, detalles y texturas que antes no percibía.

Y no, no había fumado ninguna hierba "feliz".

Pasado el breve momento sensorial, la incontenible mente volvió a lo suyo  y empezó a realizar un sinfín de preguntas.

¿De dónde procede este tomate y todos estos vegetales que consumo?, ¿cómo es posible que el abastecimiento de estos vegetales sea constante durante todo el año?

El jardín, mi pequeño edén 

Viajando he tenido la oportunidad de conocer de cerca una que otra chacra y a los agricultores que la trabajan. La vida en el campo parece idílica para un citadino como yo, pero es una vida bastante dura. Sembrar, cuidar las plantas de las plagas, y esperar a que crezcan cultivos aptos para la venta no es una actividad fácil.

Y de lejos una actividad que no podría realizar ni en el más heroico de mis sueños. 

Como buen citadino, mi contacto más cercano con la naturaleza fue sólo a través de los árboles frutales que vi crecer año tras año en el jardín interior de mi casa. 

Cuatro árboles en total, de lúcuma, palta, manzana y mandarina. Todos ellos plantados y cuidados por un veterano señor que se encargaba, no sólo de los árboles, sino también del espeso césped.

Años después y con la llegada de mis 2 perros el jardín vivió sus peores momentos. Sólo los árboles sobrevivieron a sus patas con ácido, y a mi falta de interés. Bastó un par de años para que la cobertura verde y acolchonada del césped se transformara en un yermo estéril. Terreno ideal para el desarrollo de la maleza más espantosa jamás registrada.

Y con la llegada de la pandemia la situación se salió de control, porque el señor que mantenía a raya la maleza cada mes, ya no pudo venir. El resultado: el jardín se convirtió en una horrible jungla plagada por los más radioactivos insectos. Sólo mis perros tenían el coraje suficiente para ingresar ocasionalmente por ahí. 

Y bueno, al final yo también tuve que armarme de valor para ingresar en la espesura tóxica para realizar un corto video, ya que el ambiente se prestaba para la idea de mi "tenebroso" guion. (Ve el video abajo)


El jardín resucitado

En cuarentena y sin más que hacer en casa, el momento de hacer un cambio en el jardín finalmente llegó. Hasta compré un machete. Ya no había excusa.

Pero, nunca antes había usado un machete. Como curiosidad sólo puedo comentar que al empuñar esta peligrosa herramienta me sentí por un momento como un espadachín de hoja ancha con +6 de ataque y +4 de armadura de Age of Empires II, a punto de enfrentarse a una horda de malas hierbas con complejo de árbol.

"¡Qué tan difícil puede ser eliminar toda esta maleza!", pensé.

Si el señor que mantenía el jardín rondaba los 70 años, para mí y para mi poderoso brazo izquierdo sería pan comido.

Después de unos cuantos tímidos machetazos me percaté de un detalle. Cortar la hierba al nivel del suelo no es bueno para la espalda. Aún así, poco a poco fui agarrándole el truco (el machete corta mejor dándole al tallo en ángulo y no de frente como un desquiciado), y en 4 días pude acabar con toda la maleza. 

El trabajo había concluido con éxito. El jardín era ahora un terroso y polvoriento campo con cuatro árboles.

Sin embargo, otros problemas comenzaron a surgir. Al tener mejor visibilidad de cada rincón del jardín terreno, di con un hallazgo casi arqueológico desapercibido por décadas. Un enorme bloque de cemento enterrado al costado del árbol de manzana, árbol que hacía un tiempo venía perdiendo vitalidad. 

La operación "Rescatando al Soldado Manzano" había comenzado.

De palita a pala huertera

Si sacar la maleza me tomó 4 días, desenterrar el bloque de cemento me tomó casi 2 semanas. Dos motivos alargaron la operación. La vieja pala de mano que usé al inicio, y mis poco confiables músculos del brazo que sólo arañaron la dura tierra.

La solución: ir otra vez a la ferretería y comprar una pala de verdad o usar la habilidad excavadora de mis perros. Al final usé ambas opciones como se puede ver en el video de abajo. Por cierto, creo que a mi perro le gustaron las raíces muertas del manzano.


Toda esa ajetreada actividad tenía un fin: salvar el manzano, y después, sembrar césped. Deseaba recuperar otra vez el suave manto vegetal. Quería convertir el jardín en un lugar ideal para descansar en los calurosos días de verano próximos a llegar. Más aún con las restricciones por la pandemia.

Para tal fin, necesitaba trasplantar muchas ramitas del césped del jardín exterior, pero me dio una flojera terrible. Además, sabía que mis perros iban a echar todo a perder nuevamente. Así que de pronto, miré la pala, respiré hondo, y removí como un loco toda la dura tierra de un sector del jardín. 

Se me había ocurrido una idea. Iba a intentar sembrar algo que pudiera comer, el césped podía esperar. Pues, quién sabe qué pueda ocurrir el 2021 (colapso financiero mundial, 3ra guerra, invasión alienígena). Hay que estar preparados.

huerto en casa
El árbol de lúcuma tan generoso como siempre

El nacimiento de una seudohuerta

El entusiasmo inicial fue dando paso a... sí, la flojera otra vez. Es que soy bastante impaciente. Pensar en no ver resultados en semanas o varios meses me desmotiva mucho. Aún así decidí seguir adelante.

Para esta prueba, sembré lo que siempre tengo a mano en la cocina, ajíes y pimentones. Desconocía los pasos a seguir para tener éxito en la germinación de las pequeñas semillas. Lo único que sabía era que debía dejarlas secar por un par de días. 

Así lo hice, y luego todas las semillas fueron a parar directo a la tierra removida y húmeda. Ninguna acción especial más.

Casi una semana después, y luego de un incesante riego, la constancia dio resultado. No sabes la emoción que sentí al ver las pequeñas plantitas asomarse entre la tierra, fue casi como tener un hijo... supongo.

huerto en casa
El perro el peor enemigo de la huerta.

Si hace un tiempo atrás me picó el bicho de los viajes, esta vez me picó el bicho huertero, pues, luego de ver que era capaz de hacer crecer algo que no sea maleza, el interés por el cultivo urbano ha ido en aumento día a día.

Al día de hoy, esta es mi lista de cosas que he sembrado con éxito:
- Ají.
- Pimentón.
- Zapallo.
- Ajo.
- Papa.
- Caigua.
- Cebolla.
- Tomate.

Por el momento todo va muy bien, y todas las plantitas están creciendo sanas y sin ninguna plaga.

Y en estas escasas dos semanas he aprendido y me he beneficiado de varias cosas:

- He aprendido a abonar la tierra con compostaje hecho con los residuos vegetales de la cocina. 

- He aprendido a conocer las diferentes necesidades de cada planta. Por ejemplo, con respecto al riego, no es cuestión de echar agua a lo loco, algunas plantas requieren menos agua que otras, como el ajo.

- Estoy haciendo experimentos para obtener semillas sin tener que comprarlas. Un ejemplo, si plantas la parte superior de la zanahoria, ésta rebrotará para darte sólo semillas. Pero, también hay otras que dan nuevas cosechas mediante rebrote, como la papa.

- He identificado a varios insectos beneficiosos en mi huerto, como la crisopa verde y la mariquita, ambos voraces aliados antiplagas. Y pensar que antes yo los mataba.

- Estoy aprendiendo a ser paciente, a no andar tan acelerado. Eso disminuye cualquier rastro de ansiedad.

- Estoy probando tácticas antiperro para evitar que mis queridos amigos perrunos, en especial el perro macho, deje de entrar al terreno cultivado. Ya ha entrado varias veces, por fortuna no destruyó nada, pero regó todas las plantas con sus orines apestosos. Si sigue saltándose mis barreras me lo ceno en Nochebuena.

huerto en casa
Mi huerta, hace unos días. A la derecha: los restos secos de la maleza.

Una noticia en desarrollo

Así es estimado lector, mi intención con esta entrada es para registrar este momento, aún no sé si tendré éxito, pero también quiero animarte a hacer lo mismo, y si no tienes jardín, en YouTube hay infinidad de expertos en el tema que tienen una huerta en un departamento. No hay excusa para no practicar la horticultura.   

Te dejo algunos canales que he estado mirando y que me han servido mucho: 

- La Huertina de Toni.
- Cosas del Jardín.
- Wini Walbaum & Co.

También te dejo mi Instagram por si deseas seguir el progreso de mis plantitas. 😉


Ahora si, hasta aquí la entrada de hoy. Te dejo algunas imágenes de mis engreídas.

Nos vemos.

huerto en casa
Caigua

huerto en casa
Zapallo

huerto en casa
Ají amarillo

huerto en casa
Papa



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Extraña sonrisa bajo la mascarilla


Salir a la calle se ha convertido en estos tiempos en una actividad de alto riesgo. Y mis despreocupadas caminatas de antaño hoy son raudas salidas semanales en las que evito todo contacto humano. Más aún en mi pequeña ciudad en la que abundan las aglomeraciones a pesar de sus escasas 21 mil personas que la habitan.

Han pasado ya casi 5 meses desde el inicio de la pandemia, y a pesar de la zozobra que aún se respira, la sonrisa ha encontrado un modo de filtrarse a través de la mascarilla y se ha posado directamente sobre mi alicaído rostro. No sé porqué ocurre, pero va unida a una sensación de asombro, y un ligero y súbito ataque de risa contenida.

Vamos. Es que es difícil creer lo que estamos viviendo y viendo. Quién diría que este 2020, cargado de tantos proyectos e ilusiones se iba a convertir en un año casi perdido, y lleno de extraños seres pululando por las calles cubiertos con las más graciosas mascarillas, gafas, y protectores faciales. 

Y para cosas graciosas sólo heme aquí, que desde el inicio de la pandemia fabriqué mis propias mascarillas con botellas de gaseosa, casi en son de broma. Estaba convencido que este bicho iba a durar como mucho, un mes. Sin embargo, cuando la situación se puso seria y tocó usarla, pasé de sentir vergüenza a andar de lo más normal. Hasta le he agarrado el gusto a esto. 

Ya no siento que sea un loco neurótico con un pedazo de botella en el rostro, ahora siento que soy Darth Vader.

Sabes, en estos tiempos es raro ver una sonrisa, primero porque están ocultas, y segundo porque el número de contagios y muertes en mi provincia (Barranca) recién están en ascenso descontrolado. Hoy la gente anda con temor, pues nadie se salva de enfermar o peor aún, morir. Ni siquiera usando artilugios caseros de doble o triple filtro que apenas dejan respirar.

Por fortuna, la salud física aún me sigue acompañando, aunque con un aderezo un tanto amargo de incertidumbre por el: "¿qué pasará?". Preocupación que llevo cargando desde marzo, y como conté en la anterior entrada, hace que sea más difícil combatir el trastorno de ansiedad generalizada (TAG) que llevo padeciendo desde mediados del 2019.

Ya todos sabemos que la cuarentena, que finalizó oficialmente ayer, y el distanciamiento social, fueron cumplidos a medias. Muchos por necesidad tuvieron que salir a las calles para ganarse el sustento diario, pero otros tantos se pasaron las normas por donde no les da el sol sólo por necedad.

Sin cuarentena, y con la reapertura de muchos negocios y el transporte urbano e interprovincial, sumado a los hospitales colapsados y a la desorganización del país, pues, el futuro no se ve muy alentador desde mi punto de vista. 

Me hace falta algo de optimismo. Lo sé.

Sé que poseemos un sistema económico complejo, y que sin éste tendríamos más problemas que con el coronavirus, pero es obvio que para esta reapertura se está considerando un lamentable costo humano, es decir, se espera que con la reapertura, se presenten algunos miles, o tal vez, decenas de miles de decesos más.

No seamos parte de esas frías estadísticas, estimado lector. Esta es la peor etapa de la pandemia, porque muchos bajaremos la guardia. Este desastre aún no termina y no sabemos hacia dónde nos llevará. Mientras tanto, toca ir al trabajo o hacer las compras con extremo cuidado. Siempre con nuestras mascarillas, protectores, gafas y todo lo que haga falta, sin olvidar el lavado de manos y el distanciamiento social.

Nos vemos en unos meses, espero que con mejores noticias. 😊

Y que la salud te acompañe.

covid 19




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