Cuando le dices a tu mamá que te vas de viaje


   "Mamá, ¡me alisté al ejército sirio!, ¡iré a la guerra en Oriente Medio!, deséame suerte... ¿mamá?, ¿mamá estás bien?" Sí, esas son las palabras que mi santa madre pareciera escuchar cada vez que le cuento mis planes de viaje de bajo presupuesto por el Perú.

   "¿Tirar dedo?, ¿acampar?, ¿y si te roban? ¿Couchsurfi... qué?, ¿tocar guitarra en la calle?, ¿irás con alguien más?, ¿sólo será por una semana?, ¿por qué no usas el bus?, ¡recapacita hijito!"

   La exagerada reacción de mi preocupada madre no novedad para mí, pues cada vez que parto ella cree que moriré por ahí,  y no importa si ya soy todo un macho incaico de pelo en pecho, para ella siempre seré su pequeño y engreído bebé, y más aún siendo el menor de sus hijos.

   He tratado de comprender el punto de vista de mi madre, pero creo que jamás podré entrar en sus amorosos zapatos, porque nunca sabré lo que es traer al mundo a una nueva vida desde las entrañas. 

   Creo que este fuerte vínculo casi telepático que mi madre tiene conmigo y mis hermanos, es un superpoder reservado sólo a las mujeres que han parido.

   Sabes, mi santa madre no se caracteriza por ser una gran viajera, al contrario, sé que a ella le desagradan medianamente los viajes. Prefiere una vida tranquila y sin sobresaltos geográficos o culturales. Lo único capaz de motivarle a salir de viaje es ir a un concierto, o un festival de música. 

   "¡Para qué arriesgarse a viajar por lugares desconocidos teniendo la inseguridad actual, hijo!", me advierte.

   Sé que es inquietante ver a alguien a quien amas dejar atrás su engañosa "burbuja de seguridad", los territorios desconocidos siempre generar miedo y preocupación, más aún en estos tiempos, cuando la prensa se ha encargado de volvernos desconfiados hasta de nuestra propia sombra, pues sólo muestran historias del peor lado del ser humano.

   Sin embargo, sin querer, mi mamá me enseñó a ser bastante confiado, ella y yo creemos demasiado en la buena fe de la gente. Tan fuerte es nuestra confianza que a veces ambos rozamos la ingenuidad. Tal vez sea una característica un tanto arriesgada para un viajero, pero a la vez muy necesaria, sino vería a cada persona en la ruta como potenciales delincuentes.

   Yo puedo dormir en carpa, comer en los "agachaditos", enfermarme, enfrentarme a ladrones, sobrevivir con poco dinero, andar famélico y soportar cada cosa extrema que puede ocurrir o no durante un viaje de bajo presupuesto.

   Lo difícil siempre será despedirme y dejar preocupada a mi madre con esa mirada que me ruega por quedarme por mi seguridad. ¡No preocupes Ma! 

   No importa el tipo de madre que uno tenga. La mía es algo sobreprotectora, pero si fuera una mujer viajera y aventurera me sentiría igual, porque aunque nuestra madre dé la impresión de ser comprensiva y abierta, en el fondo se le estrujará el corazón de la preocupación cuando tú o yo partamos mochila al hombro por el mundo.

   Últimamente he visto muchos avisos en la Internet de preocupadas madres que buscan a sus hijos viajeros perdidos quién sabe dónde. A unos cuantos, por desgracia, sí les llega a ocurrir algo malo, pero la mayoría son falsas alarmas, pues al desconsiderado "bebé" se le olvidó llamar a casa.

   Por favor, si vamos a salir de viaje largo por nuestro país o por Sudamérica, primero debemos de detallar nuestros planes aproximados, y tratar de tranquilizar a nuestra progenitora. Luego durante el viaje, no debemos perder la comunicación con el "nido".

   La frecuencia de llamadas o los mensaje por la Internet se deben acordar previamente. Una vez cada 2 semanas es un buen lapso de tiempo, ¡pero siempre debemos cumplir lo pactado!

   Si eres muy joven y crees que tu madre no te comprende o es demasiado cerrada con respecto a tus sueños nómadas, recuerda que mientras vivamos, no encontraremos a otra persona en el mundo, con tanto amor para nosotros, como nuestras madres..

   A veces no nos damos cuenta de su entrega y sacrificio desinteresado, que a veces ni lo merecemos. A ella no le importa si eres ingrato, o si eres rebelde, o si eres un hombre de 50 años. Una sonrisa siempre se dibujará en su cálido rostro cada vez que ella te vea de regreso, y muy seguro te preguntará: ¿cómo estás?, como tratando de protegerte aún, pues a través de sus ojos, siempre serás para ella ese niño travieso que alguna vez fuiste.

Dia de la madre
Con mi madre santa

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Qué ver en la ciudad de Lima (con o sin tour)


   Heme aquí, en la ciudad de Lima otra vez, ha transcurrido bastante tiempo desde mi última visita, pero no soy un forastero, habité esta metrópoli por casi 8 años, y a pesar del tiempo vivido, Lima siempre me hace sentir como un inexperto turista.

   Sabes, nunca he sido capaz de aburrirme en Lima, quizá por eso a veces extraño recorrer sus agitadas calles, más aún cuando ando por lugares más despoblados del Perú, sensación rara considerando mi limitado afecto hacia cualquier gran ciudad.

   Y es que Lima bulle de actividad humana que clama por nuestra atención, desde su antiguo centro de arquitectura colonial y republicana, hasta sus bordes costeros de inmensos acantilados y conmovedoras vistas del mar.

   Conocer la extensa ciudad de Lima en pocos días es una tarea exigente, y ya que mi actual visita será breve, tengo que ser selectivo, y escoger sólo algunos lugares que me permitan disfrutar mejor la ciudad. 

   He aquí entonces, unas ideas que pueden ayudarte a visualizar tu fugaz paso por la llamada "Ciudad de los Reyes", sea en por tu cuenta, o tomando excursiones y tours en Lima 👉Ver tours en Lima AQUÍ.

Excursiones y tours en Lima,
Plaza Mayor de Lima

El lado histórico y cultural de Lima

   No se puede visitar Lima sin conocer algo de su larga historia, y siendo ésta una ciudad de más de 483 años de fundación, pues, merece la pena el esfuerzo.

   Teniendo como punto de partida a la Plaza Mayor de Lima, podemos visitar lo siguiente:

- El Palacio de Gobierno: Reconstruido en 1938 siguiendo el estilo neobarroco de inspiración francesa, es la sede del Poder Ejecutivo, y la residencia oficial del presidente de la república. Una de las actividades que más llama la atención es el cambio de guardia del Regimiento de Caballería Mariscal Domingo Nieto a mediodía.

- La Catedral de Lima: Terminada de construir en 1649 siguiendo un estilo renacentista y neoclásico, es el centro religioso más importante de la ciudad, y quizá hasta de todo el Perú.

- Convento de San Francisco y sus catacumbas: Es un importante centro arquitectónico de la ciudad. Construida en la época virreinal, cuenta con unas catacumbas que son el resultado del antiguo cementerio que se ubicaba allí en tiempos de dominación española.

- La Plaza San Martín: Uno de los puntos más representativos de la ciudad, lugar de encuentros y actividades entre los limeños. Está rodeada de importantes edificios construidos a principios del siglo XX.


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Pachacamac

   Unos kilómetros al sureste del Centro Histórico, en los distritos de Miraflores y Santiago de Surco podemos visitar:

- El Museo Larco Herrera: Ubicado en el distrito de Pueblo Libre, este museo cuenta con una amplia variedad de arte precolombino, piezas de oro, plata y los llamativos huacos eróticos de la cultura Moche.

- La Huaca Pucllana: Es un centro ceremonial de forma piramidal de la antigua cultura Lima, está hecha de adobe en su totalidad, y ubicada en pleno centro del distrito de Miraflores.

- El Museo del Oro: Una colección privada del empresario y diplomático peruano Miguel Mujica Gallo. Posee más de diez mil piezas de oro de culturas precolombinas, muchas de ellas recuperadas de los saqueadores. Está ubicada en el distrito de Santiago de Surco.

   y por último, al sur de Lima, se encuentra una importante muestra de la historia prehispánica de la ciudad:

- El Santuario Arqueológico de Pachacamac: Es un extenso centro ceremonial hecho de adobe próximo al mar, y que fue usado por diversas culturas, desde la Lima, pasando por la Wari, Ichma y finalmente la Inca.


Excursiones y tours en Lima
Museo del Oro 

Gastronomía, ocio y mar

   El Perú es conocido en la actualidad no sólo por Machu Picchu y los Incas, sino también por su variada y deliciosa gastronomía, y Lima es el lugar ideal para probar los más exquisitos inventos culinarios de casi todas las regiones del Perú.

   Hoy están en su apogeo los tours gastronómicos, recorridos en los que el visitante tiene la oportunidad de estar en contacto en el proceso de elaboración de un tradicional plato peruano, desde el mercado hasta la olla. (más detalles de tours gastronómicos en el enlace al inicio)


Excursiones y tours en Lima,
Vista de los acantilados desde las playas en Miraflores

- La Taberna Queirolo: Fundada en 1880 por inmigrantes italianos, es un emblemático restaurante en el distrito de Pueblo Libre. Su carta ofrece desde un fresco Ceviche de pescado y choritos a la chalaca, hasta tamales y contundentes sanguches. Todo, claro está, acompañado de un tradicional Pisco Sour.

- Circuito Mágico del Agua: Es un conjunto de 13 fuentes ornamentales que se encuentran dentro del antiguo Parque de la Reserva en el Cercado de Lima. Éstas poseen un Récord Guinness por ser la agrupación de fuentes más grande del mundo en un parque público.

- Malecón de Miraflores: Es un conjunto de parques que recorren el borde superior del acantilado de la Costa Verde. Las hermosas vistas del océano Pacífico desde este malecón son un punto de visita obligado para cualquier turista, pues además, cuenta con muchas actividades disponibles, paseos en bicicleta, parapente, surf y otras actividades de esparcimiento.

- El distrito de Barranco: Uno de los distritos de Lima más pequeños, pero de una incesante actividad bohemia. En este lugar los bares, ferias y demás locales, se agitan bajo las diversas expresiones artísticas de diversa índole. Cuenta además con una pintoresca arquitectura, por las muchas casonas de principios del siglo XX que abundan en la zona. Algunos le han apodado como "el distrito hipster".

   Para más detalles sobre excursiones y tours en la ciudad de Lima, haz clic en el enlace al inicio de la entrada. 👆









*Esta es una entrada patrocinada

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Sobre mundiales de fútbol y demás cosas peloteras

Con pronóstico al final - Rusia 2018 (actualizado)

   La Copa Mundial de Fútbol, un evento que despierta pasiones cada 4 años. Ensalzado por muchos y odiado por otros. Para mí un evento deportivo que hasta este 2018 sentí como algo ajeno, pues nunca vi a una selección de mi país participar en tan importante campeonato. Aún así, guardo con mucho cariño los recuerdos del primer mundial que vi: El de Estados Unidos 1994. 

   Imposible olvidar a la voluptuosa Jennifer López en la inauguración, ¡oh por dios!, pero dejando de lado la calentura, también quedaron grabados en mi mente los impresionantes goles de la mágica dupla Romario - Bebeto, el dopaje de Maradona (¡che! la pelota no se mancha), la derrota de Alemania frente a Bulgaria en cuartos de final, y el llamativo traje multicolor del diminuto arquero mexicano Jorge Campos.

   Eran otros tiempos, eso es claro. Empezando por los jugadores, hombres de apariencia sencilla que a diferencia de hoy, no mostraban tatuajes por todo el cuerpo, ni estrafalarios peinados de moda (a excepción del Pibe Valderrama), ni señales de "metrosexualismo", ¡ejem, ejem!, ahí te hablan Cristiano Ronaldo. 

   Tampoco existía Internet, ni celulares, ni bigotes en mi rostro, porque por esas épocas yo era un párvulo despreocupado que trataba de ver el mundial en una condenada televisión de perilla, que con suerte mostraba algunas imágenes en la pantalla, obra y gracia de la enorme antena de bambú ubicada en lo alto del techo de mi casa, que recogía las señales electromagnéticas llegadas desde la lejana Lima, 204 kilómetros al sur.

   A pesar de las carencias tecnológicas, el mundial de fútbol de 1994, fue uno de los que viví con mayor intensidad, tal vez porque lo pasé en familia junto a mis hermanos, que en esos años todavía habitaban la casa de mis padres. En especial mi hermano mayor, que por aquel entonces, aún viviendo en Lima, regresaba constantemente al nido en largas visitas que a veces duraban meses.

Mundial de fútbol
Ese festejo marcó una época

Yo, arquero (portero, guardameta, golero, etc.)

   Si tuviera que elegir una banda sonora para ese mundial, la canción elegida sería "Matador", de los Fabulosos Callidacs, una canción que resonaba en mi mente cada vez que mi hermano mayor y yo emulábamos sobre el verde césped del jardín de nuestra casa, los goles de Romario en el mundial. Siendo mi hermano "el Romario", y yo el vencido arquero, obvio.

   Pero, ¿porqué era yo el arquero, y no el talentoso goleador? Sencillo. Primero, soy el hermano menor sin opción a elegir, y segundo, soy demasiado inútil para jugar el fútbol, en resumen, ¡soy una bestia!

   Y es que mi experiencia con el fútbol no ha sido nada halagüeña. Nunca llegué a destacar en el "deporte rey", ni en mi etapa escolar, ni en la universitaria, menos ahora. Soy tan malo con los pies y el balón, que puedo tener la portería a sólo 2 metros y mandar la pelota tan alta y desviada, que la puedo poner en órbita alrededor de la Tierra, ¡como el penal de Roberto Baggio! o ¡el reciente proyecto espacial de la NASA a cargo de Cueva contra Dinamarca! 

   Mis únicas virtudes en el deporte fueron mis rápidos reflejos y mi facilidad para saltar sin tanto impulso, "Es que eres flaco y el aire te lleva" —bromeaban mis amigos. Tal vez pude ser un buen atleta olímpico de salto de altura, ¡quién sabe!, pero en la escuela pública donde me formé, las clases de "educación física" sólo se limitaban al fútbol, así que me mandaron a cuidar la portería en cada juego.

Del fútrock al odio a los mundiales 

   El fútbol era el deporte estrella dentro de nuestra modesta escuela, lo jugábamos incluso dentro del pequeño patio de cemento a la hora del recreo. Nada nos detenía. Si no encontrábamos balones de fútbol, lo que sucedía a menudo, tomábamos el preciado balón de voleibol de las mujeres, previa negociación.

   Sin embargo, cuando nuestras compañeras no daban su brazo a torcer, acudíamos muchas veces a las piedras, ¡sí!, ¡piedras de 10 cm de longitud que encontrábamos por ahí!, peso y medida oficial.

   ¿Te imaginas desviar con las manos una piedra que va a 50 kilómetros por hora con dirección a tu rostro? ¡Una locura!

   Fue buena idea dejar de ser arquero en esa época, una acertada decisión que mi integridad física saludó. Además, después de tanto fracaso deportivo, lo mejor era olvidarme de jugar fútbol y admirar a través de la pantalla de la televisión a los que sí sabían jugarlo, los futbolistas profesionales.

   Jamás imaginé que esa decisión afectaría tanto mi salud, como un golpe de una piedra en la cabeza.

Copa mundial de fútbol 2018
Sí se puede

El Chemo, el Chorri, ¿Júlio César de Andrade Moura? ¿ah?

   La etapa de las eliminatorias sudamericanas para los sucesivos mundiales fueron para mí y quizás para muchos, un constante daño al corazón por las tristes decepciones, y un zapateo biliar por la rabia contenida por el nefasto y pobre desempeño de la selección peruana de esos años.

   Y así pasaron los mundiales de Francia 1998, Corea Japón 2002, Alemania 2006, Sudáfrica 2010, y Brasil 2014, sin la participación del Perú. Para ese entonces yo estaba casi convencido que nosotros los peruanos no servíamos para el fútbol, quizá para otros deportes como el ajedrez somos buenos, como muestra, ahí tenemos al campeón mundial juvenil José Martínez Alcántara. Lástima que los logros de nuestros ajedrecistas pasen totalmente desapercibidos.

   Meses antes de la enredada clasificación de la selección peruana al mundial de fútbol de Rusia 2018, mis escasas esperanzas en el equipo se fueron convirtieron en odio, un odio dirigido ya no hacia la selección, sino a la capacidad que tienen estos eventos deportivos para hacernos olvidar las cosas terribles que pasan en el Perú y en el mundo, cosas terribles como guerras, genocidios (léase Israel contra Palestina), matanzas (Yemen), delincuencia y corrupción.

   En estos días por ejemplo, no quiero ni imaginar qué negocios y acuerdos sucios estarán haciendo nuestros políticos para desangrar aún más al país, mientras tú y yo alentamos a todo pulmón a la selección peruana.

   Es raro, pero yo no puedo mantenerme al margen de la participación del Perú en el mundial luego de tan larga espera (36 años exactos). Es una mezcla de emociones, hay problemas en el país y el mundo está loco, lo sé, pero un poco de alegría desenfrenada  y banal, hace bien al espíritu, y sé que estos contados días se convertirán en gratos recuerdos... siempre y cuando nuestra selección gane este jueves a los franchutes. 😆
¡ARRIBA PERÚ!
  
PD: No te pierdas el vídeo de abajo, es el pronóstico del partido entre Perú vs Francia:

Blacktradamus. Rusia 2018 from Marco Antonio Garcia Jiraldo on Vimeo.
     
Actualización: 

- Perú perdió, y no clasificó en la fase de grupos, el ciclo vuelve a empezar... devuelta a la realidad 😪 ¿Catar 2022?, ¿será?
- Argentina eliminado en octavos por Francia, ¿qué pasó Messi!
- ¿Brasil eliminado por Bélgica en cuartos? Ummm, ya fue este mundial, me quedo con Estados Unidos 1994.
- El anfitrión Rusia cayó ante Croacia por penales en cuartos. Putin, manda a todos a Siberia.
- Una final rara: Francia vs Croacia. Si me preguntas que opino, pues, no me gusta.
- Último momento: Los franchutes ganaron ¡bah!

¿Qué te pareció este mundial? Escríbelo en los comentarios.


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Comer para viajar o ¿viajar para ayunar?

Contra gula, templanza, y contra templaza, pollo

   Luego de un viaje de varias horas con las posaderas fusionadas al asiento del bus, no hay mejor momento que llegar a destino y bajar a tierra firme para estirar las piernas. Sin embargo, no todas las llegadas son iguales, a veces, al salir, he sentido una breve taquicardia y un ligero dolor de cabeza.

   Pero no es motivo de alarma, sólo necesito mirar alrededor y observar con mis ojos costeños, el encendido cielo azul y los imponentes nevados en el horizonte, para recordar que una aventura a más de tres mil metros de altura ha iniciado.

   Estar a merced de la Cordillera Blanca me provoca sensaciones que son difíciles de describir. Es una mezcla entre las emociones propias del viaje, la falta de oxígeno y el estimulante airecillo frío de las montañas andinas, ése que ingresa por la nariz "congelando" y secando todo a su paso con cada acelerada inspiración.

   Tomar la pesada mochila, buscar un modesto hospedaje en las cercanías, y averiguar lugares de interés en la ciudad o pueblo, es mi acostumbrada rutina viajera, ya que no es frecuente tener un plan definido con anticipación.

   Aún con mi improvisación, los percances en los viajes suelen ser escasos, pues he aprendido con el tiempo a lidiar con relativo éxito cualquier desafío que se presente en el camino, sea en la costa, la sierra o la selva, sin embargo, hay un aspecto de vital importancia que aún hoy me genera algunos problemas.

¡Y olvidamos el sabor del pan!

   Sabes estimado lector, estoy casi convencido de ser el más quisquilloso ser humano sobre la faz de la Tierra, y ¿por qué?, pues por mi mala costumbre de comer literalmente como pajarito por mis continuas dudas sobre la higiene de cada restaurante y mercado al que voy, y en especial de los de bajo costo, que son mis principales proveedores de alimentos durante los viajes.

   Con respecto al sabor de la comida, mi principal referencia es la de mi casa, la hecha por mi mismísima madre. Mi paladar está tan acostumbrado a su sazón, que hasta el mejor plato de un restaurante "cinco tenedores" puede parecer comida de perro al lado de un sencillo y delicioso seco de carne con frejoles, preparado en la vetusta olla de mi amorosa progenitora.

   Quizá la comida deliciosa o fea sólo sea una subjetiva percepción, algo agradable para mí puede ser vomitivo para ti y viceversa, exceptuando, claro está, aquel restaurante cerca a mi casa en San Miguel, en el que cocinan tan mal que no me sorprendería ver gallinazos (buitre americano) sobrevolando su local alguna vez.

  No importa el tipo de restaurante, me basta un pequeño detalle, como una mesa sucia, una manchita microscópica sobre el vaso, o un saborcillo extraño en la comida, según mis estándares, para que mi voraz apetito de mochilero náufrago y salvaje, de paso al asco propio de una mujer en los primeros meses de embarazo.


alimentacion durante un viaje

Una habilidad imprescindible

   Por fortuna para esos contratiempos existe un plan de contingencia: hospedarme en un hostel (hospedaje para mochileros) con cocina, y al estilo MacGyver elaborar con una simple papa, una olorosa cebolla, un picoso ají limo y dos huevos de gallina negra, una tortilla digna de ser devorada con culposo placer. Aunque no siempre fue así.

   Mis habilidades en la cocina nacieron en mi etapa universitaria, hace muchos años atrás, cuando buscaba alivio estomacal en tiempos de estrés, porque necesitaba aprobar aunque sea un curso del semestre. Fueron días "duros", porque ya no vivía en casa junto a mis padres, y comer afuera era demasiado caro además de un drama.

   Al inicio, mis primeros experimentos culinarios no salieron tan bien, igual me los comía, ya que éstos tenían un sabor especial para mí, ¡era el sabor de la satisfacción¡ ¡ahora ya podía comer en casa tranquilo. ¿Quemar el agua yo?, ¡puf!, ¡eso quedó en el pasado!

   Mucha agua ha corrido bajo el puente desde entonces, tanto, que hoy puedo afirmar con la seguridad de Gastón Acurio, que mis habilidades culinarias son tan aceptables, que puedo ofrecer a mis ocasionales comensales viajeros, una experiencia gastronómica feliz. Aunque hay un pequeño detalle a considerar, hospedarme en hostels con una cocina a libre disposición no siempre es posible.

Qué rico se come en Perú

   Conseguir comida barata mientras viajas por el Perú es muy fácil, y a pesar de mi naturaleza quisquillosa, he encontrado buenos lugares donde he almorzado placenteramente, y a un precio que te caes de espalda del asombro, y no es de extrañar, ya que el Perú es hoy, no sólo un país reconocido por Machu Picchu y los Incas, sino también por su variada gastronomía, muy reputada a nivel mundial.

   Y esta variedad de platos existen gracias a la abundancia y prodigiosa diversidad vegetal en el país, sumado a la creatividad innata del poblador peruano. Por ejemplo, ¿sabías que en el Perú existen alrededor de 5 mil variedades de papa (patata) nativa?, ¡uf! increíble ¿no?, y muchos de nosotros apenas si conocemos 3 variedades, y otros hasta compran papa importada de Europa.

   ¿Importada?, ¡qué carajo!, ¿no me crees?, ve el siguiente video y oye lo que este carismático francés tiene que decir. Yo también estoy sorprendido.


Chef Timour, un francés aperuanado

¿Pollo a la brasa o chifa?, ¡tú eliges!

   Como es costumbre aquí en el Perú, el desayuno y el almuerzo son las principales comidas del día, y en mis viajes no tengo muchos problemas para encontrar un buen lugar para atragantarme de comida. 

   Una elección obvia por la tarde es el seco de carne con frejoles que mencioné líneas arriba, éste es un plato muy común en casi todos los restaurantes populares, que por un módico precio lo ofrecen acompañado de una entrada (ensalada, papa a la huancaína, ocopa, papa rellena, causa rellena, etc) o una suculenta sopa.

   Pero al caer el sol, alimentarse se hace un poco más complicado, o eso es lo que percibí durante un viaje que realicé junto a una persona que tenía una peculiar rutina alimenticia.

   Esta persona es un ser nocturno, le bastaba un ligero desayuno durante las horas de luz y una contundente cena por la noche para subsistir. Yo en mis viajes no acostumbro cenar, apenas si tomo un café, pan con palta y ¡a dormir!, y en mi etapa sedentaria es igual. Sólo en raras ocasiones ceno afuera, normalmente en fechas especiales. 

   Fue duro seguir el ritmo de este ser humano, sin embargo, lo peor fue no encontrar variedad de comida a esas horas, ya que por la noche la mayoría de los restaurantes abiertos son pollerías y chifas (comida china). Por si no eres peruano(a), las pollerías son restaurantes donde básicamente ofrecen pollo a la brasa, un emblemático y exquisito plato peruano.

   Se dice que nosotros los peruanos consumimos más pollo a la brasa que cualquier otra cosa, incluso más que el ceviche, otro plato de bandera, ¡yo les creo!, ¡vamos!, sólo hace falta caminar por las calles y ver la cantidad casi infinita de pollerías que existen en el Perú, no importa dónde estés, costa, sierra o selva, siempre habrá un jugoso pollito con papas fritas esperando por ti, y por mí.

El salvador pan serrano

   El pollo a la brasa no es muy amigo del presupuesto limitado de un mochilero hippie. Un cuarto de pollo con ensalada y papas puede costar en una pollería aceptable unos 10 soles en promedio, en contraste, un menú con entrada o sopa, más el plato de fondo en un restaurante diurno puede llegar a costar sólo 6 soles, y viene con refresco.

   También debemos de tener en cuenta el hartazgo que puede generar el comer pollo a la brasa cada noche durante un viaje de varios meses.

   Es ahí cuando el salvador pan entra en escena, esa masa horneada de harina y levadura capaz de saciar temporalmente el hambre de cualquier famélico mochilero, pero no cualquier pan posee esa deliciosa virtud, atiborrarse del insípido pan de Lima por ejemplo, sólo me causaría un viaje directo al baño.

   Es en las calles de los pequeños pueblos enclavados en los andes, en donde se manifiesta una misteriosa magia, que yo he llamado: el encantamiento de los panes de las montañas nevadas.

   Para hallar este encantamiento es necesario adentrarse en las profundidades de los mercados populares, allá donde los colores y olores se combinan extrañamente, y no te sobresaltes si ves de repente una cabeza de cerdo cercenada, tú sólo sigue las pistas, venta de queso fresco y manjar blanco, si las ves, estás cerca.

   Reconocerás el encantamiento porque éste tiene forma de cesta de caña, lugar donde reposan los mágicos panes de la sierra, envueltos en plástico azul.

   Yo no sé qué hacen aquellas ensombreradas señoras para elaborar este pan tan adictivo, pero es la mejor forma que yo tengo para calmar el hambre entrada la noche mientras disfruto del crepúsculo sobre las montañas nevadas de la Cordillera Blanca, desde donde el viento seco y helado sopla "congelando" mi interior con cada agitada inspiración.

   Inspiración que luego se convierte en un emocional suspiro. ❤



PD: Esta entrada fue creada por culpa del blog Caracol Viajero y sus recetas de cocina del mundo, dale una ojeada a esos sensuales manjares, ¡ay papay!



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