Sobre mundiales de fútbol y demás cosas peloteras

Con pronóstico al final - Rusia 2018 (actualizado)

   La Copa Mundial de Fútbol, un evento que despierta pasiones cada 4 años. Ensalzado por muchos y odiado por otros. Para mí un evento deportivo que hasta este 2018 sentí como algo ajeno, pues nunca vi a una selección de mi país participar en tan importante campeonato. Aún así, guardo con mucho cariño los recuerdos del primer mundial que vi: El de Estados Unidos 1994. 

   Imposible olvidar a la voluptuosa Jennifer López en la inauguración, ¡oh por dios!, pero dejando de lado la calentura, también quedaron grabados en mi mente los impresionantes goles de la mágica dupla Romario - Bebeto, el dopaje de Maradona (¡che! la pelota no se mancha), la derrota de Alemania frente a Bulgaria en cuartos de final, y el llamativo traje multicolor del diminuto arquero mexicano Jorge Campos.

   Eran otros tiempos, eso es claro. Empezando por los jugadores, hombres de apariencia sencilla que a diferencia de hoy, no mostraban tatuajes por todo el cuerpo, ni estrafalarios peinados de moda (a excepción del Pibe Valderrama), ni señales de "metrosexualismo", ¡ejem, ejem!, ahí te hablan Cristiano Ronaldo. 

   Tampoco existía Internet, ni celulares, ni bigotes en mi rostro, porque por esas épocas yo era un párvulo despreocupado que trataba de ver el mundial en una condenada televisión de perilla, que con suerte mostraba algunas imágenes en la pantalla, obra y gracia de la enorme antena de bambú ubicada en lo alto del techo de mi casa, que recogía las señales electromagnéticas llegadas desde la lejana Lima, 204 kilómetros al sur.

   A pesar de las carencias tecnológicas, el mundial de fútbol de 1994, fue uno de los que viví con mayor intensidad, tal vez porque lo pasé en familia junto a mis hermanos, que en esos años todavía habitaban la casa de mis padres. En especial mi hermano mayor, que por aquel entonces, aún viviendo en Lima, regresaba constantemente al nido en largas visitas que a veces duraban meses.

Mundial de fútbol
Ese festejo marcó una época

Yo, arquero (portero, guardameta, golero, etc.)

   Si tuviera que elegir una banda sonora para ese mundial, la canción elegida sería "Matador", de los Fabulosos Callidacs, una canción que resonaba en mi mente cada vez que mi hermano mayor y yo emulábamos sobre el verde césped del jardín de nuestra casa, los goles de Romario en el mundial. Siendo mi hermano "el Romario", y yo el vencido arquero, obvio.

   Pero, ¿porqué era yo el arquero, y no el talentoso goleador? Sencillo. Primero, soy el hermano menor sin opción a elegir, y segundo, soy demasiado inútil para jugar el fútbol, en resumen, ¡soy una bestia!

   Y es que mi experiencia con el fútbol no ha sido nada halagüeña. Nunca llegué a destacar en el "deporte rey", ni en mi etapa escolar, ni en la universitaria, menos ahora. Soy tan malo con los pies y el balón, que puedo tener la portería a sólo 2 metros y mandar la pelota tan alta y desviada, que la puedo poner en órbita alrededor de la Tierra, ¡como el penal de Roberto Baggio! o ¡el reciente proyecto espacial de la NASA a cargo de Cueva contra Dinamarca! 

   Mis únicas virtudes en el deporte fueron mis rápidos reflejos y mi facilidad para saltar sin tanto impulso, "Es que eres flaco y el aire te lleva" —bromeaban mis amigos. Tal vez pude ser un buen atleta olímpico de salto de altura, ¡quién sabe!, pero en la escuela pública donde me formé, las clases de "educación física" sólo se limitaban al fútbol, así que me mandaron a cuidar la portería en cada juego.

Del fútrock al odio a los mundiales 

   El fútbol era el deporte estrella dentro de nuestra modesta escuela, lo jugábamos incluso dentro del pequeño patio de cemento a la hora del recreo. Nada nos detenía. Si no encontrábamos balones de fútbol, lo que sucedía a menudo, tomábamos el preciado balón de voleibol de las mujeres, previa negociación.

   Sin embargo, cuando nuestras compañeras no daban su brazo a torcer, acudíamos muchas veces a las piedras, ¡sí!, ¡piedras de 10 cm de longitud que encontrábamos por ahí!, peso y medida oficial.

   ¿Te imaginas desviar con las manos una piedra que va a 50 kilómetros por hora con dirección a tu rostro? ¡Una locura!

   Fue buena idea dejar de ser arquero en esa época, una acertada decisión que mi integridad física saludó. Además, después de tanto fracaso deportivo, lo mejor era olvidarme de jugar fútbol y admirar a través de la pantalla de la televisión a los que sí sabían jugarlo, los futbolistas profesionales.

   Jamás imaginé que esa decisión afectaría tanto mi salud, como un golpe de una piedra en la cabeza.

Copa mundial de fútbol 2018
Sí se puede

El Chemo, el Chorri, ¿Júlio César de Andrade Moura? ¿ah?

   La etapa de las eliminatorias sudamericanas para los sucesivos mundiales fueron para mí y quizás para muchos, un constante daño al corazón por las tristes decepciones, y un zapateo biliar por la rabia contenida por el nefasto y pobre desempeño de la selección peruana de esos años.

   Y así pasaron los mundiales de Francia 1998, Corea Japón 2002, Alemania 2006, Sudáfrica 2010, y Brasil 2014, sin la participación del Perú. Para ese entonces yo estaba casi convencido que nosotros los peruanos no servíamos para el fútbol, quizá para otros deportes como el ajedrez somos buenos, como muestra, ahí tenemos al campeón mundial juvenil José Martínez Alcántara. Lástima que los logros de nuestros ajedrecistas pasen totalmente desapercibidos.

   Meses antes de la enredada clasificación de la selección peruana al mundial de fútbol de Rusia 2018, mis escasas esperanzas en el equipo se fueron convirtieron en odio, un odio dirigido ya no hacia la selección, sino a la capacidad que tienen estos eventos deportivos para hacernos olvidar las cosas terribles que pasan en el Perú y en el mundo, cosas terribles como guerras, genocidios (léase Israel contra Palestina), matanzas (Yemen), delincuencia y corrupción.

   En estos días por ejemplo, no quiero ni imaginar qué negocios y acuerdos sucios estarán haciendo nuestros políticos para desangrar aún más al país, mientras tú y yo alentamos a todo pulmón a la selección peruana.

   Es raro, pero yo no puedo mantenerme al margen de la participación del Perú en el mundial luego de tan larga espera (36 años exactos). Es una mezcla de emociones, hay problemas en el país y el mundo está loco, lo sé, pero un poco de alegría desenfrenada  y banal, hace bien al espíritu, y sé que estos contados días se convertirán en gratos recuerdos... siempre y cuando nuestra selección gane este jueves a los franchutes. 😆
¡ARRIBA PERÚ!
  
PD: No te pierdas el vídeo de abajo, es el pronóstico del partido entre Perú vs Francia:

Blacktradamus. Rusia 2018 from Marco Antonio Garcia Jiraldo on Vimeo.
     
Actualización: 

- Perú perdió, y no clasificó en la fase de grupos, el ciclo vuelve a empezar... devuelta a la realidad 😪 ¿Catar 2022?, ¿será?
- Argentina eliminado en octavos por Francia, ¿qué pasó Messi!
- ¿Brasil eliminado por Bélgica en cuartos? Ummm, ya fue este mundial, me quedo con Estados Unidos 1994.
- El anfitrión Rusia cayó ante Croacia por penales en cuartos. Putin, manda a todos a Siberia.
- Una final rara: Francia vs Croacia. Si me preguntas que opino, pues, no me gusta.
- Último momento: Los franchutes ganaron ¡bah!

¿Qué te pareció este mundial? Escríbelo en los comentarios.


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Comer para viajar o ¿viajar para ayunar?

Contra gula, templanza, y contra templaza, pollo

   Viajar por varias horas metido en un bus suele ser bastante agotador, y muchas veces un suplicio si la compañía a bordo es desagradable. Sin embargo, no hay mejor momento que llegar a destino y bajar presuroso a tierra firme para estirar las piernas. Aunque no todas las llegadas son iguales, en algunas ocasiones estas son acompañadas de una extraña taquicardia y un ligero dolor de cabeza.

   Situación por la que he pasado muchas veces, pero no es motivo de alarma, sólo basta mirar alrededor y observar el encendido cielo azul en comunión con los imponentes nevados en el horizonte, para recordar que una aventura a más de tres mil metros de altura ha empezado.

   Estar a merced de la Cordillera Blanca provoca sensaciones que son difíciles de describir. Es como una mezcla entre emociones propias del viaje, la falta de oxígeno y el estimulante airecillo frío de las montañas andinas, ése que ingresa por la nariz "congelando" y secando todo a su paso con cada acelerada inspiración.

   Tomar la pesada mochila, buscar un modesto hospedaje en las cercanías, y averiguar lugares de interés en la ciudad o pueblo, es mi acostumbrada rutina viajera, ya que no es frecuente tener un plan definido con anticipación.

   Aún con mi improvisación, los percances en los viajes suelen ser escasos, pues he aprendido con el tiempo a lidiar con relativo éxito cualquier desafío que se presente en el camino, sea en la costa, la sierra o la selva, sin embargo, hay un aspecto de vital importancia que aún hoy me genera algunos problemas.

¡Y olvidamos el sabor del pan!

   Sabes estimado lector, estoy casi convencido de ser el más quisquilloso ser humano sobre la faz de la Tierra, y ¿por qué?, pues por mi mala costumbre de comer literalmente como pajarito, por dudar de la higiene de cada restaurante y mercado al que voy, y en especial de los de bajo costo, que son mis principales proveedores de alimentos durante los viajes.

   Con respecto al sabor de la comida, mi principal referencia es la de mi casa, la hecha por mi mismísima madre. Mi paladar está tan acostumbrado a su sazón, que hasta el mejor plato de un restaurante "cinco tenedores" puede parecer comida de perro al lado de un sencillo y delicioso Seco de Carne con Frejoles, preparado en la vetusta olla de mi amorosa progenitora.

   Quizá la comida deliciosa o fea sólo sea una subjetiva percepción, algo agradable para mí puede ser vomitivo para ti y viceversa, exceptuando, claro está, aquel restaurante cerca a mi casa en San Miguel, en el que cocinan tan mal que no me sorprendería ver gallinazos (buitre americano) sobrevolando su local alguna vez.

  Pero no importa el tipo de restaurante, me basta un pequeño detalle, como una mesa sucia, una manchita sobre el vaso, o un saborcillo extraño en la comida, según mis estándares, para que mi voraz apetito de mochilero náufrago y salvaje, de paso al asco propio de una mujer en los primeros meses de embarazo.


alimentacion durante un viaje

Una habilidad imprescindible

   Por fortuna para esos contratiempos existe un plan de contingencia: hospedarme en un hostel (hospedaje para mochileros) con cocina, y al estilo MacGyver elaborar con una simple papa, una olorosa cebolla, un picoso ají limo y dos huevos de gallina negra, una tortilla digna de ser devorada con culposo placer. Aunque no siempre fue así.

   Todo cambió en mi etapa universitaria, hace muchos años atrás, cuando en mi afán de aprobar aunque sea un curso del ciclo, decidí aprender a cocinar, una habilidad que tuve que aprender por necesidad, porque ya no vivía en casa junto a mis padres, y también porque cocinar era mucho más barato que comer la terrible comida de la universidad.

   Al inicio, mis primeros experimentos culinarios no salieron tan bien, pero igual me los comía, ya que éstos tenían un sabor especial para mí, era el sabor de la satisfacción por haber logrado tal hazaña. ¿Quemar el agua yo?, ¡puf!, ¡eso quedó en el pasado!

   Mucha agua ha corrido bajo el puente desde entonces, tanto, que hoy puedo afirmar con la seguridad de Gastón Acurio, que mis habilidades culinarias son tan aceptables, que puedo ofrecer a mis ocasionales comensales viajeros, una experiencia gastronómica feliz. Aunque hay un pequeño detalle a considerar, hospedarme en hostels con una cocina a libre disposición no siempre es posible.

Imposible no comer rico en Perú

   Conseguir comida barata mientras viajas por el Perú es muy fácil, y a pesar de mi naturaleza quisquillosa, he encontrado buenos lugares donde he almorzado placenteramente, y a un precio que te caes de espalda del asombro, y no es de extrañar, ya que el Perú es hoy, no sólo un país reconocido por Machu Picchu y los Incas, sino también por su variada gastronomía, muy reputada a nivel mundial.

   Y esta variedad de platos existen gracias a la abundancia y prodigiosa diversidad vegetal en el país, sumado a la creatividad innata del poblador peruano. Por ejemplo, ¿sabías que en el Perú existen alrededor de 5 mil variedades de papa (patata) nativa?, ¡uf! increíble ¿no?, y muchos de nosotros apenas si conocemos 3 variedades, y otros hasta compran papa importada de Europa.

   ¿Importada?, ¡qué carajo!, ¿no me crees?, ve el siguiente video y ve lo que este carismático francés tiene que decir. Yo también estoy sorprendido.


Chef Timour, un francés aperuanado

¿Pollo a la brasa o chifa?, ¡tú eliges!

   Como es costumbre aquí en el Perú, el desayuno y el almuerzo son las principales comidas del día, y en mis viajes no tengo muchos problemas para encontrar un buen lugar para atragantarme de comida. 

   Una elección obvia por la tarde es el seco de carne con frejoles que mencioné líneas arriba, éste es un plato muy común en casi todos los restaurantes populares, que por un módico precio lo ofrecen acompañado de una entrada (ensalada, papa a la huancaína, ocopa, papa rellena, causa rellena, etc) o una suculenta sopa.

   Pero al caer el sol, alimentarse se hace un poco más complicado, o eso es lo que percibí durante un viaje que realicé junto a mi adorable compañera, que tenía una peculiar rutina alimenticia.

   Mi compañera es un ser nocturno, le bastaba un ligero desayuno durante las horas de luz y una contundente cena por la noche para subsistir. Yo en mis viajes no acostumbro cenar, apenas si tomo un café, pan con palta y ¡a dormir!, y en mi etapa sedentaria es igual. Sólo en raras ocasiones ceno afuera, normalmente en fechas especiales. 

   Fue duro seguir el ritmo de mi compañera, sin embargo, lo peor fue no encontrar variedad de comida a esas horas, ya que por la noche la mayoría de los restaurantes abiertos son pollerías y chifas (comida china). Por si no eres peruano(a), las pollerías son restaurantes donde básicamente ofrecen pollo a la brasa, un emblemático y exquisito plato peruano.

   Se dice que nosotros los peruanos consumimos más pollo a la brasa que cualquier otra cosa, incluso más que el ceviche, otro plato de bandera, ¡yo les creo!, ¡vamos!, sólo hace falta caminar por las calles y ver la cantidad casi infinita de pollerías que existen en el Perú, no importa dónde estés, costa, sierra o selva, siempre habrá un jugoso pollito con papas fritas esperando por ti, y por mí.

El salvador pan serrano

   El pollo a la brasa no es muy amigo del presupuesto limitado de un mochilero hippie. Un cuarto de pollo con ensalada y papas puede costar en una pollería aceptable unos 10 soles en promedio, en contraste, un menú con entrada o sopa, más el plato de fondo en un restaurante diurno puede llegar a costar sólo 5 soles, y viene con refresco.

   También debemos de tener en cuenta el hartazgo que puede generar el comer pollo a la brasa cada noche durante un viaje de varios meses.

   Es ahí cuando el salvador pan entra en escena, esa masa horneada de harina y levadura capaz de saciar temporalmente el hambre de cualquier famélico mochilero, pero no cualquier pan posee esa deliciosa bondad, atiborrarse del insípido pan de Lima por ejemplo, sólo me causaría un viaje directo al baño.

   Es en las calles de los pequeños pueblos enclavados en los andes, en donde se manifiesta una misteriosa magia, que yo he llamado, el encantamiento de los panes de las montañas nevadas.

   Para hallar este encantamiento es necesario adentrarse en las profundidades de los mercados del los pueblos, allá donde los colores y olores se combinan extrañamente, y no te sobresaltes si ves de repente una cabeza de cerdo cercenada, tú sólo sigue las pistas, venta de queso fresco y manjar blanco, si las ves, estás cerca.

   Reconocerás el encantamiento porque éste tiene forma de cesta de caña, lugar donde reposan los mágicos panes de la sierra, ¡son tan ricos caray!

   Yo no sé qué hacen aquellas ensombreradas señoras para elaborar este pan tan adictivo, pero es la mejor forma que yo tengo para calmar el hambre entrada la noche, mientras disfruto del crepúsculo sobre las montañas nevadas de la Cordillera Blanca, desde donde el viento seco y helado sopla "congelando" mi interior con cada agitada inspiración.

   Inspiración que a veces se convierte en un emocional suspiro. ❤



PD: Esta entrada fue creada por culpa del blog Caracol Viajero y sus recetas de cocina del mundo, dale una ojeada a esos sensuales manjares, ¡ay papay!



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Guía práctica y 7 consejos útiles para viajar a Nibiru

Podcast al final de la entrada

  Y de pronto lo escuché: "¡un blog de viajes usado como bitácora personal ya no funciona, está muerto!", ¿qué?, ¿cómo?, ¿muerto? ¡No lo podía creer! Si el mismísimo gurú del periodismo y el bloguerismo de viajes en España, el señor Paco Nadal, afirmaba eso en una transmisión en vivo vía YouTube, pues mis esperanzas en este mundillo blogueril eran historia ya.

   ¡Aunque vamos!, jamás esperé convertirme en un reconocido "bloguero profesional"... dijo la zorra, ¡de acuerdo! ¡está bien!, quizá por un momento sí deseé con vehemencia ser popular a través de mis relatos de viaje, sin embargo, desde los inicios de este blog fui consciente del escaso público que habita mi, usando términos mercadotécnicos, "nicho de mercado".

   Según Paco, los blogs de viajes han ido evolucionando, como todo en esta vida, y hoy los mejores y más leídos blogs han pasado de simple diarios de viaje, a útiles y muchas veces extensas guías de viaje, con infinidad de datos prácticos para el viajero milenial y celularoso de nuestros días. 

   Ya no hay espacio para los contadores de historias y reflexiones viajeras. Estamos en tiempos de la inmediatez, de la imagen, de la autofoto, del Facebook, y del Instagram, redes sociales que se han convertido en los nuevos "blogs bitácoras", según Paco.

   Además, quién va a estar leyendo más de 500 palabras de un desconocido sin tener ningún tipo de aporte utilitario, ¡y en un celular!, mejor comprar un buen libro, o ver un vídeo de viajes, como los de mi compatriota Henry Urrunaga en YouTube.

   "Lo que funciona en los blogs de viajes hoy en día son las guías prácticas", continuó Paco. Por ejemplo: escribir una guía práctica para viajar a Machu Picchu, o a París, o a Paramonga, (mi aburrido pueblo adoptivo), sería una buena opción. Otra revelación algo conocida son las odiosas listas, esas en plan: Guía práctica y 7 consejos útiles para viajar a Nibiru sin ser Annunaki. Precisa para el SEO de esta entrada, creo. ¿Nibiru?


7 consejos para llegar a Nibiru
Las listas, lo que parece funcionar en los blogs hoy

   Bueno, esas son malas noticias para este poco práctico blog, que hace poco intentó usar esta estrategia sin mucho éxito (vela aquí), pero no preocupes, que aún en este ambiente de constante cambio hay algo de lo que estoy seguro, el desaliento no me infectará.
   
   Si he abierto este blog es para que tú estimado lector, te diviertas un poco, tú y toda mi especial tribu de locos suscriptores por correo, una lista que crece de forma modesta mes a mes, y  por cierto, quiero aprovechar esta oportunidad para darte a ti, mi más sincero agradecimiento por aguantar cada cosa escrita aquí. ¡Muchísimas Gracias de corazón! 💕

   Sabes, es en estos momentos que me pregunto: ¿es aún Guitarra Viajera un blog de viajes?, he ahí la cuestión, sé que es necesario, como dicen los expertos en SEO, marketing y demás cosas, ceñirse a sólo un tipo de lector y tema. Bueno pues, Guitarra Viajera seguirá siendo, Guitarra Viajera, es decir, un arroz con mango que trata de ser divertido... ¡asu! que hoy me siento "rebelde", ¡imagina!

Hasta la próxima entrada.

Un abrazo. 😆

PD: Nos vemos por Twitter, @guitarraviajera 
PD2: Escucha este podcast de prueba. No hay consejos para viajar a Nibiru pero hablo de cosas blogueriles.





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La aplicación que todo guitarrista viajero debe tener


   "La práctica hace al maestro", es una conocida frase que resume muy bien la capacidad de un perseverante ser humano para desarrollar tareas complejas con tanta facilidad y fluidez, que deja a los iniciados con la boca abierta del asombro.

   Una de esas tareas o actividades es, por ejemplo, tocar la guitarra, un espectáculo capaz de despertar entre los no guitarristas, una pequeña admiración cuando ven al ejecutante dominar ese simple pedazo de madera con cuerdas.

   Pero no es fácil llegar a ese nivel. Tocar la guitarra o cualquier otro instrumento musical, además de una habilidad física, requiere un trabajo con sonidos, sonidos que deben de emitirse correctamente para que la ejecución del instrumento frente al ocasional público no asemeje a la de un gato tratando de ser músico.

   Es por ello que el oído es demasiado importante para un músico, es el principal órgano musical que tenemos, pero éste debe antes pasar por un largo proceso de aprendizaje que le permita distinguir hasta la más mínima variación tonal.

Afinando la guitarra en cualquier lugar

   La guitarra es el rey de los instrumentos en la música popular, quién no ha deseado alguna vez aprender a tocar guitarra, o llevarla consigo en un viaje para obtener algún dinerillo extra. No es tarea imposible, basta tener una guitarra acústica decente, mucha paciencia, y una buena dosis de motivación.

   En esta entrada no me voy a enfocar en el aprendizaje básico de la guitarra, sino en algo mucho más útil y práctico para estos alocados tiempos que vivimos: "Qué usar para afinar la guitarra mientras le das tiempo a tu oído a perfeccionarse".

   Algo muy común que le ocurre a todo guitarrista de nivel intermedio es la incapacidad para afinar correctamente la guitarra usando sólo el oído. Puede haber pasado 1 año de práctica constante, y tener manos con la suficiente destreza para pasar de un acorde a otro con relativa fluidez, pero con la afinación, ¡sufrimiento total!

   Cuando yo aprendí a tocar guitarra, la única herramienta disponible para afinarla correctamente aquellos años, fue el afinador electrónico, un aparato un poco voluminoso disponible en cualquier tienda musical y que funciona con baterías AA, una característica no muy práctica para los viajes. El artilugio funcionaba bien, no me quejo, siempre estaré agradecido por su gran ayuda en mi entrenamiento auditivo.

   Pero hoy todo es más sencillo, obra y gracia de la tecnología digital del celular inteligente, aparato bendito que se ha convertido en parte esencial en casi todos los aspectos de nuestra moderna vida diaria.

Aplicaciones para afinar guitarra

Aplicaciones para todo

   Cuando el celular apareció, allá por el año de 1980, no tenía otra función más que la de hacer llamadas. Nada cambió hasta el año 2000, año en el que la evolución del celular se dio a pasos agigantados.

   Casi sin darnos cuenta el celular se ha convertido en una herramienta multiusos, prácticamente lo hace todo (toma fotos, filma, reproduce vídeos), y la infinidad de aplicaciones que se pueden instalar van desde herramientas para viajes (mapas, buscadores de hoteles, vuelos), hasta aplicaciones banales para tener citas románticas.

   En el caso de la guitarra, tenemos a disposición una gran variedad de aplicaciones que emulan muy bien a los afinadores profesionales. Esto es especialmente útil no sólo para un guitarrista en proceso de aprendizaje, sino también para todo guitarrista que necesita afinar su instrumento en cualquier momento y lugar.

   Para mí ha sido un gran alivio tener un afinador en el celular, porque yo suelo olvidarme de las cosas al viajar con la guitarra, he llegado a perder púas, capotrastes, una vez hasta dejé olvidado mi viejo afinador electrónico en casa de un amigo. Sin embargo, ¿cuándo he olvidado el celular?, ¡jamás!, a ese lo tengo adherido como garrapata a perro los 365 días del año.

   Conseguir estas aplicaciones para el celular es tan sencillo como hacer clic sobre este enlace, web en la que encontrarás buenas alternativas para conseguir el afinador de guitarra que más se acomode a tus necesidades, y si ya tienes un nivel intermedio, debes de saber que existen infinitas formas de afinar una guitarra, desde la afinación estándar, las afinaciones abiertas, las drop, la DADGAD, o las que te imagines.

   En mi caso, yo uso en el celular un afinador cromático, que me permite afinar la guitarra en Re abierta, mi afinación preferida, pero sabes, lo más divertido de todo es que puedo usarla en mi casa, o en esos viajes en las que comparto momentos agradables junto a mis compañeros de viajes, lo que a veces me dicen: "Oye, ¿cómo haces eso? ¡suena genial!", y bueno, sólo era yo... afinando.

Ahora cuéntame estimado lector, ¿qué usas para tu guitarra? Déjame tu respuesta en los comentarios.

Un saludo. 😊✋




*Esta es una entrada patrocinada.

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