La pandemia me convirtió en horticultor


¿Alguna vez te has desconectado de tu mente, y has sido por algunos segundos un ser completamente sensorial? Estar en el momento presente le llaman. Casi como un estado de iluminación búdica. Y puede ocurrir cuando menos lo esperas, y sin necesidad de meditar en posición de loto.

Por ejemplo. Cierto día, mis sentidos tomaron espontáneamente el poder cuando me encontraba cocinando. Y el ordinario tomate que tenía entre las manos, de pronto se llenó de colores, detalles y texturas antes no percibidas.

Y no, no había fumado ninguna hierba alucinógena.

La mente siempre está juzgando y etiquetando las cosas. Y en este caso, fue más allá, porque luego del breve momento sensorial, mi mente comenzó a realizar un sinfín de preguntas.

¿De dónde procede este tomate, y todos estos vegetales que consumo?, y, ¿cómo es posible que el abastecimiento sea constante durante todo el año? Fueron algunas de las interrogantes.

Viajando he tenido la oportunidad de cruzarme con alguna pequeña chacra a punto de ser cosechada. Debe ser gratificante para los agricultores llegar a esta etapa, y vaya labor tan admirable, pues sembrar, cuidar, quitarle las plagas, y esperar a que crezcan las plantas es una actividad tan perseverante y lenta, que un ser tan impaciente como yo, no podría soportar.

Mi contacto directo más cercano con el reino vegetal fue a través de los árboles frutales que vi crecer en el jardín interior de mi casa. 4 árboles en total, de lúcuma, palta, manzana y mandarina. Todos ellos plantados y cuidados por un señor que se encargaba, no sólo de los árboles, sino también del espeso césped.

Fue duro ver dañada la "ecología" del jardín después de la llegada de mis 2 perros. Sólo los árboles sobrevivieron a sus patas con ácido, y a mi falta de interés. Bastó un par de años para que la cobertura verde y acolchonada del césped se transformara en un yermo estéril. Terreno ideal para el desarrollo de la maleza más espantosa jamás registrada.

Y con la llegada de la pandemia la situación se salió de control, porque el señor que mantenía a raya la maleza cada mes, ya no pudo venir. El resultado: el jardín se convirtió en una horrible jungla plagada por los más radioactivos insectos. Sólo mis perros tenían el coraje suficiente para ingresar ocasionalmente por ahí. 

Y bueno, al final yo también tuve que armarme de valor para ingresar en la espesura tóxica para realizar un corto video, ya que el ambiente se prestaba para la idea de mi "tenebroso" guion. (Ve el video abajo)


De vuelta a la vida. El jardín zombi

Nunca antes había usado un filoso machete. Y al empuñar esta peligrosa herramienta, me sentí por un momento, un espadachín de hoja ancha con +6 de ataque y +4 de armadura de Age of Empires II, enfrentándose a una horda de malas hierbas con complejo de árbol.

El machete lo había comprado apenas el día anterior, pues si no hacía nada, era probable que las "hierbas árbol" se apoderaran de la casa, o que surgiera de entre sus apestosas hojas un ser abominable.

¡Qué tan difícil podía ser eliminar toda la maleza! 

Si el señor que mantenía el jardín rondaba los 70 años, para mí y para mi poderoso brazo sería pan comido.

Después de unos cuantos tímidos machetazos me percaté de un detalle. Cortar la hierba al nivel del suelo no es bueno para la espalda. Aún así, poco a poco fui agarrándole el truco (el machete corta mejor dándole al tallo en ángulo y no de frente como un desquiciado), y en 4 días pude acabar con toda la maleza. El trabajo había concluido con éxito.

Sin embargo, otros problemas comenzaron a surgir. Al tener mejor visibilidad de cada rincón del jardín, di con un hallazgo casi arqueológico desapercibido por muchos años. Un enorme bloque de cemento enterrado al costado del árbol de manzana, árbol que hacía un tiempo ya no daba frutos. 

Ya tenía al culpable. La operación "Rescatando al Soldado Manzano" había comenzado.

De palita a pala huertera

Si sacar la maleza me tomó 4 días, desenterrar el bloque de cemento me tomó casi 2 semanas. Dos motivos alargaron la operación. La vieja pala de mano que usé al inicio, y mis poco confiables músculos del brazo que sólo arañaron la tierra.

La solución: ir otra vez a la ferretería y comprar una pala de verdad o usar la habilidad excavadora de mis perros. Al final usé ambas opciones como se puede ver en el video de abajo. Por cierto, creo que a mi perro le gustaron las raíces muertas del manzano.


Toda esa ajetreada actividad tenía un fin: salvar el manzano, y después, sembrar césped. Deseaba recuperar otra vez el suave manto vegetal. Quería convertir el jardín en un lugar ideal para descansar en los calurosos días de verano próximos a llegar. Más aún con las restricciones por la pandemia.

Para tal fin, necesitaba trasplantar muchas ramitas del césped del jardín exterior, pero me dio una flojera terrible. Además, sabía que mis perros iban a echar todo a perder nuevamente. Así que de pronto, miré la pala, respiré hondo, y removí como un loco toda la dura tierra de un sector del jardín. 

Se me había ocurrido una idea. Iba a intentar sembrar algo que pudiera comer, el césped podía esperar. Pues, quién sabe qué pueda ocurrir el 2021 (colapso financiero mundial, 3ra guerra, invasión alienígena). Hay que estar preparados.

huerto en casa
El árbol de lúcuma tan generoso como siempre

El nacimiento de una seudohuerta

El entusiasmo inicial fue dando paso a... sí, la flojera otra vez. Es que soy bastante impaciente, ya lo mencioné líneas arriba. Y bueno, pensar en no ver resultados en semanas o varios meses me desmotiva mucho.

Para esta prueba, sembré lo que siempre tengo a mano en la cocina, ajíes y pimentones. Desconocía los pasos a seguir para tener éxito en la germinación de las pequeñas semillas. Lo único que sabía era que debía dejarlas secar por un par de días. Así lo hice, y luego todas las semillas fueron a parar directo a la tierra removida y húmeda. Ninguna acción especial más.

Casi una semana después, y luego de un incesante riego, la constancia dio resultado. No sabes la emoción que sentí al ver las pequeñas plantitas asomarse entre la tierra, fue casi como tener un hijo... así se siente, supongo.

huerto en casa
El perro el peor enemigo de la huerta.

Si hace un tiempo atrás me picó el bicho de los viajes, esta vez me picó el bicho huertero, pues, luego de ver que era capaz de hacer crecer algo que no sea maleza, el interés por el cultivo urbano ha ido en aumento día a día.

Al día de hoy, esta es mi lista de cosas que he sembrado con éxito:
- Ají.
- Pimentón.
- Zapallo.
- Ajo.
- Papa.
- Caigua.
- Cebolla.
- Tomate.

Por el momento todo va muy bien, y todas las plantitas están creciendo sanas y sin ninguna plaga.

Y en estas escasas dos semanas he aprendido y me he beneficiado de varias cosas:

- He aprendido a abonar la tierra con compostaje hecho con los residuos vegetales de la cocina. 

- He aprendido a conocer las diferentes necesidades de cada planta. Por ejemplo, con respecto al riego, no es cuestión de echar agua a lo loco, algunas plantas requieren menos agua que otras, como el ajo.

- Estoy haciendo experimentos para obtener semillas sin tener que comprarlas. Un ejemplo, si plantas la parte superior de la zanahoria, ésta rebrotará para darte sólo semillas. Pero, también hay otras que dan nuevas cosechas mediante rebrote, como la papa.

- He identificado a varios insectos beneficiosos en mi huerto, como la crisopa verde y la mariquita, ambos voraces aliados antiplaga. Y pensar que antes yo los mataba.

- Estoy aprendiendo a ser paciente, a no andar tan acelerado. Eso disminuye cualquier rastro de ansiedad.

- Estoy probando tácticas antiperro para evitar que mis queridos amigos perrunos, en especial el perro macho, deje de entrar al terreno cultivado. Ya ha entrado varias veces, por fortuna no destruyó nada, pero regó todas las plantas con sus orines apestosos. Si sigue saltándose mis barreras me lo ceno en Nochebuena.

huerto en casa
Mi huerta, hace unos días. A la derecha: los restos secos de la maleza.

Una noticia en desarrollo

Así es estimado lector, mi intención con esta entrada es para registrar este momento, aún no sé si tendré éxito, pero también quiero animarte a hacer lo mismo, y si no tienes jardín, en YouTube hay infinidad de expertos en el tema que tienen una huerta en un departamento. No hay excusa para no practicar la horticultura.   

Te dejo algunos canales que he estado mirando y que me han servido mucho: 

- La Huertina de Toni.
- Cosas del Jardín.
- Wini Walbaum & Co.

También te dejo mi Instagram por si deseas seguir el progreso de mis plantitas. 😉


Ahora si, hasta aquí la entrada de hoy. Te dejo algunas imágenes de mis engreídas.

Nos vemos.

huerto en casa
Caigua

huerto en casa
Zapallo

huerto en casa
Ají amarillo

huerto en casa
Papa



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Extraña sonrisa bajo la mascarilla


Salir a la calle se ha convertido en estos tiempos en una actividad de alto riesgo. Y mis despreocupadas caminatas de antaño hoy son raudas salidas semanales en las que evito todo contacto humano. Más aún en mi pequeña ciudad en la que abundan las aglomeraciones a pesar de sus 21 mil personas que la habitan.

Han pasado ya casi 5 meses desde el inicio de la pandemia, y a pesar de la zozobra que aún se respira, la sonrisa se ha filtrado a través de la mascarilla y se ha posado directamente sobre mi alicaído rostro. No sé porqué ocurre, pero va unida a una sensación de asombro, y un ligero y súbito ataque de risa contenida.

Vamos. Es que es difícil creer lo que estamos viviendo y viendo. Quién diría que este 2020, cargado de tantos proyectos e ilusiones, se fuese a convertir en un año casi perdido, y lleno de extraños seres pululando por las calles cubiertos con las más graciosas mascarillas, gafas, y protectores faciales. 

Desde el inicio de la pandemia fabriqué mis propias mascarillas con botellas de gaseosa, casi en son de broma. Estaba convencido que este bicho iba a durar como mucho, un mes. Sin embargo, cuando la situación se puso seria y tocó usarla, pasé de sentir vergüenza a andar de lo más normal. Hasta le he agarrado el gusto a esto. 

Ya no siento que sea un loco neurótico con un pedazo de botella en el rostro, ahora siento que soy Darth Vader.

En estos tiempos es raro ver una sonrisa, primero porque están ocultas, y segundo porque el número de contagios y muertes en mi provincia (Barranca) recién están en ascenso descontrolado. Hoy la gente anda con un poco de temor, pues nadie se salva de enfermar o peor aún, morir. Ni siquiera usando artilugios caseros de doble o triple filtro que apenas dejan respirar.

Por fortuna, la salud física aún me sigue acompañando, aunque con un aderezo un tanto amargo de incertidumbre por el: "¿qué pasará?". Preocupación que llevo cargando desde marzo, y como conté en la anterior entrada, hace que sea más difícil combatir el trastorno de ansiedad generalizada (TAG) que llevo padeciendo desde mediados del 2019.

Ya todos sabemos que la cuarentena, que finalizó oficialmente ayer, y el distanciamiento social, fueron cumplidos a medias. Muchos por necesidad tuvieron que salir a las calles para ganarse el sustento diario, pero otros tantos se pasaron las normas por donde no les da el sol sólo por necedad.

Sin cuarentena, y con la reapertura de muchos negocios y el transporte urbano e interprovincial, sumado a los hospitales colapsados y a la desorganización del país, pues, el futuro no se ve muy alentador desde mi punto de vista. Me hace falta algo de optimismo. Lo sé.

Sé que poseemos un sistema económico complejo, y que sin éste tendríamos más problemas que con el coronavirus, pero es obvio que para esta reapertura se está considerando un lamentable costo humano, es decir, se espera que con la reapertura, se presenten algunos miles, o tal vez, decenas de miles de decesos más.

No seamos parte de esas frías estadísticas, estimado lector. Esta es la peor etapa de la pandemia, porque muchos bajaremos la guardia. Este desastre aún no termina y no sabemos hacia dónde nos llevará. Mientras tanto, toca ir al trabajo o hacer las compras con extremo cuidado. Siempre con nuestras mascarillas, protectores, gafas y todo lo que haga falta, sin olvidar el lavado de manos y el distanciamiento social.

Nos vemos en unos meses, espero que con mejores noticias. 😊

Y que la salud te acompañe.

covid 19




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Coronavirus. Un punto de inflexión incierto


Cuando el director de la OMS declaró que el covid-19 era ya una pandemia, mi mente automáticamente se remontó a la pandemia de gripe AH1N1 del 2009. La famosa gripe porcina, o como decimos aquí en Perú, la gripe del chancho.

Recuerdo muy bien esos fríos días de mayo, cuando aún vivía junto a mis 2 hermanos en un departamento de 60 metros cuadrados en la ciudad de Lima, y pensábamos que la pandemia, surgida en México, no llegaría a mayores en el Perú. 

Semanas después, los primeros fallecidos ocupaban los titulares de los noticieros en Lima. Y luego de unos días, mis hermanos y yo enfermamos misteriosamente. Aún hoy no sabemos qué bicho nos atacó, pero pasamos por una gripe como nunca antes. Por fortuna, sólo nos bastó unas cuantas pastillas de paracetamol, mucho líquido, descanso y ¡pum!, resucitamos a los siete días.

Con la gripe porcina, el término "pandemia" (que antes la asociaba a la peste negra o a la gripe española de 1918*) dejó de asustarme, pues la pasamos un poco mocosos, fiebrosos y estornudosos, pero relativamente tranquilos. No se decretaron medidas tan extremas como una cuarentena a nivel nacional, o un toque de queda. Ni nos asaltaron pensamientos terroríficos, como imaginar un apocalipsis zombi por un virus creado en un laboratorio estadounidense.  

Hoy, en contraste, qué te puedo decir, ¡estoy asustado! Algunos líderes mundiales decían que el coronavirus era como una simple gripe y que no era mortal, el pato de Disney con copete por ejemplo (Trump). Pero luego todos vimos la situación en Italia, y perdimos el aliento. No quiero ni imaginar una situación de ese calibre desarrollarse en el Perú. No estamos preparados para algo semejante.

La cuarentena es hoy la única medida para ralentizar el crecimiento sin control de los infectados, y ¡caramba! aún no salgo del asombro viendo como casi todos los habitantes de los países de este mundo, desarrollados o no, pasan y pasarán por las mismas penurias. Es increíble y lamentable también, ver a Boris Johnson (el primer ministro británico) luchando por su vida hoy, cuando semanas atrás hablaba de las posibles muertes por covid-19 con total frialdad.

Pero, sabes qué es lo más fastidioso de todo esto: la incertidumbre. Porque ni el más iluminado científico sabe con exactitud qué pasará con nosotros, ni hasta cuándo aguantaremos este suplicio, o si sobreviviremos. Y para alguien que está saliendo de un trastorno de ansiedad generalizada, esto es una patada en la entrepierna.



Los superhéroes de las historietas son mierda

Y mientras yo trato de mantener el control de mis desbordadas emociones en la seguridad de mi casa para cuidar a mis padres. Los médicos del Perú están enfrentando este virus cara a cara. Justo ahora, mientras escribo esto, ellos se encuentran luchando para salvar vidas con los escasos recursos disponibles.

Es un problema que el personal médico en el Perú viene cargando desde antes de la pandemia. Un sistema de salud olvidado, que siempre está en crisis, gobierno tras gobierno. El presidente Vizcarra podrá estar haciendo las cosas aparentemente bien en esta emergencia, pero que no nos engañen, este virus nos hará muchísimo daño. 

Sólo basta ver los videos que circulan en las redes sociales, donde se muestran a los médicos y enfermeras, no sólo como héroes, sino también como víctimas, porque se les manda a luchar una guerra sin armas, ni protección. Las consecuencias serán obvias, muchos de ellos se infectarán, otros morirán, y probablemente muchos de ellos contagien el virus a sus hijos, padres o abuelos.

Espero que, pasada la pandemia, se pueda aprender algo de esta experiencia para velar por lo más importante en el país, la salud de todos los peruanos.

Pero, los médicos no son los únicos peruanos que están poniendo el pecho para controlar esta pandemia, también están los del servicio de limpieza y recojo de basura (en extremo indispensable), los policías y las fuerzas armadas, que día a día tienen la labor de controlar el cumplimiento del aislamiento obligatorio, y en casos extremos, detener a los peruanos que parecen haber quedado atrás en la escala evolutiva.

Por cierto, sé que hay personas desesperadas que en estos días no tienen qué comer, porque viven del trabajo diario en las calles (un problema a resolver), pero los jóvenes, y no tan jóvenes bien alimentados que creen que la cuarentena es igual a vacaciones, ¡son unos reverendos imbéciles!

Y sabes, viendo el trabajo de los médicos, enfermeras, científicos, policías, fuerzas armadas, y de los de limpieza, es fácil darse cuenta de cuáles son las actividades humanas que realmente aportan al mantenimiento de nuestra civilización. Sin embargo, hay una actividad que es la base principal de todo, y sin ella, nada podría ser posible. Me refiero a la agricultura, y a los olvidados héroes de héroes, los campesinos. 

El inicio de toda conexión, y no es internet

No he descubierto la pólvora, todos lo sabemos. Qué transportarían los camioneros, qué venderían los comerciantes en los mercados de alimentos, qué comerían los médicos, científicos o policías, que sería de tu familia o de la mía sin el trabajo de los hombres y mujeres del campo, que muchas veces parecen ser la última rueda del coche.

Antes de esta emergencia mundial, quizá muchos de nosotros, seres de ciudad, olvidamos de dónde o quién está detrás de esas variadas papas, fuertes cebollas, jugosos tomates, coloridas zanahorias, enormes zapallos y variadas frutas. Hoy es tiempo de cambiar el enfoque y valorar lo que es realmente importante, pues si los campesinos caen por el coronavirus, todos nos vamos al demonio.

Esta es también una buena oportunidad para recordar nuestros orígenes y ver hacia dónde vamos. Nacimos nómadas, yendo de aquí para allá cazando animales, recolectando, y saciando nuestra innata curiosidad por explorar el mundo. Luego a un ancestro se le ocurrió la brillante idea de domesticar algunas plantas, asentarse, vivir en grandes grupos, y ¡pum!, aquí estamos, tú y yo, con el celular en la mano.

La agricultura, propició el sedentarismo, y el inicio de la civilización, y con la civilización hemos descubierto y creado todas las cosas que hoy nos ayudan a llevar una vida cómoda, y con muchas otras actividades a escoger y desarrollar. Como la ciencia, por ejemplo, o el arte que conmueve nuestros corazones.

Y aunque algunos crean que esta situación actual es culpa de la ciencia, por la teoría del virus creado en un laboratorio, es bueno recordar que sólo la ciencia será la que nos salve. Los ruegos al respectivo dios vengativo y castigador de turno en cada región del mundo, sólo sirven para reconfortar el espíritu de los creyentes. 

Nuestra esperanza debe estar en los buenos científicos, en los que contribuyen al bienestar humano, y que están ahora trabajando contra reloj para encontrar una cura o una vacuna. Eso tomará algún tiempo.

Por lo pronto sólo tenemos recomendaciones, que verás a continuación (explicadas a mi modo), para evitar la propagación de este puto corpúsculo, insignificante pero bien pendejo::

Medidas para disminuir el contagio y propagación del SARS-CoV-2:
  
1.- Lávate las manos con agua y jabón, mínimo por 20 segundos cada vez que regreses del exterior o toques objetos no desinfectados (no coloco después de ir al baño, porque eso es obvio). Sé un Poncio Pilato en extremo, enjabona cada rincón de tu mano, la palma, el dorso, entre todos los dedos y las uñas (si las tienes largas, córtalas).

2.- Desinfecta con lejía (conocida también como cloro o lavandina) todo objeto que llegue del exterior (todas la compras del mercado, por ejemplo), y también superficies que uses con frecuencia, mesas, manijas de las puertas, pisos. Diluye 4 cucharadas de lejía en un libro de agua, usa un rociador y un paño. Para celulares y el teclado de la computadora, usa alcohol al 70% como mínimo. 

3.- Procura salir lo menos posible, y si se tiene que salir, y vives con más personas, traten de elegir a un sólo miembro como el encargado de hacer todos las compras o pagos.

4.- Si eres tú el elegido para salir o vives solo, mantén tu distancia con la gente (no vas a andar con tu regla para medir 1.5 metros, mejor imagina que los otros son leprosos, como en Ben-hur de Charlton Heston). Sal a la calle con mascarilla y lentes. Recuerda que el virus también se puede transmitir vía aérea a través de los ojos en lugares muy concurridos y cerrados. Con respecto a las mascarilla, pueden ser de tela, pero yo te recomiendo hacer una con el pico de una botella de gaseosa de 3 litros. Ojo, la mascarilla sólo es para reducir la probabilidad de contagio, no te sientas Superman.


Mi mascarilla con filtro de algodón y tela doble

5.- Cuando regreses a tu guarida, considérate una peste, deja tus zapatos afuera, o si no puedes, cambia tu calzado en el umbral de tu puerta principal, luego tomas tu zapatos de compras con tus también contaminadas manos y déjalos en un lugar aislado y poco concurrido.

6.- Haz un sensual strip-tease en un rincón apartado, es decir, quítate mascarilla, lentes y la ropa lentamente, sin hacer tanto polvo antes de recorrer lugares vitales de la casa. Luego quema esa ropa... naaah, mejor métela en una bolsa o colócala en un punto seguro, y déjala reposar unos días para luego lavarla.

7.- Ve directo a la ducha (antes lávate las manos), y haz el aseo de tu cabello primero, que el agua del cabello sucio no te caiga en la cara, una vez limpia tu melena prosigue el baño normal, enjabonando con especial atención las áreas de la piel expuestas al exterior.

8.- No te toques la cara, nariz, boca u ojos con las manos sucias, sé que es difícil no hacerlo, pero ten especial cuidado cuando estés en la calle con las manos contaminadas.

9.- Si vas a estornudar o toser, estés con mascarilla o no, hazlo sobre tu codo. Y si escuchas a alguien que estornuda como burro, huye de ahí lo más rápido posible.

10.- Haz caso a las normas del gobierno, si se decreta toque de queda, no salgas. Si recomiendan distanciamiento social después de finalizada la cuarentena, haz caso. Esta pandemia, por desgracia, no acabá en unos meses. Los expertos dicen que durará entre 1 a 2 años. 

Por eso, todos debemos interiorizar que esto va para rato, y es muy probable que nuestra forma de vida anterior sea cosa del pasado por un largo tiempo.


Por favor cuídate estimado lector y cuida especialmente a tus padres y abuelos. Ánimos. Tarde o temprano esto pasará y será parte de la historia.
   
Un abrazo a la distancia.



*La mal llamada "gripe española" se originó en Kansas - Estados Unidos.


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Los Red Hot Chili Peppers, el tiempo y otros dramas


El 8 de febrero del 2020, ocurrió un suceso inesperado. Un hito de importancia mundial que dejó a muchos saltando de alegría. ¿Y qué sucedió ese día para afirmar tal cosa? Pues, algo muy grande. Atento. Fue la primera tocada en vivo del guitarrista John Frusciante junto a los Red Hot Chili Peppers, luego de 10 años de separación.

Sí, soy fanático de esta banda, y aún más de Frusciante, y desde 1999, año en el que los descubrí, he comprado, escuchado, y visto todo el material que los Chilis han sacado a la luz. Desde sus primeros trabajos, hasta el último álbum con John, Stadium Arcadium.

Por desgracia, Frusciante abandonó la banda el 2009, y sin él, mi interés por los Chili Peppers desapareció. Vamos, Josh Klinghoffer (el reemplazo de John) es un gran músico, pero su trabajo nunca llegó a gustarme. Hay unas canciones interesantes de esa etapa como Did I Let You Know o Factory of Faith, pero nada más. 

Mi decepción por los Chilis llegó a tal punto, que no sentí ninguna emoción cuando la banda ofreció por primera vez un concierto en Lima el 2011. Lo siento por los demás integrantes, pero, no iba a gastar mi dinero en eso. Era como si se presentase The Jimi Hendrix Experience sin Jimi Hendrix.

La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida, ay dios
   
Si conoces un poco la historia de la banda, en especial la etapa con Frusciante, sabrás que anteriormente él ya había abandonado la banda en 1992. En aquella ocasión tuvo que transcurrir 6 años, tiempo en el que John logró superar su adicción a las drogas, para retornar y grabar con los Chilis los exitosos álbumes: Californication (1999), By The Way (2002) y Stadium Arcadium (2006).

Fue una época bastante prolífica, pero, de pronto... ¡pum!, el impredecible John anuncia que se va de la banda por segunda vez. Aún recuerdo el asombro y la tristeza que sentí al intuir que esa sería la despedida definitiva.

Sin embargo, a fines del 2019, y luego de perderles el rastro por muchos años, me encontré con una extraña publicación de los Chili Peppers mientras revisaba el Instagram, red social de la que ando enviciado como John con la heroína en su etapa más dura.


El retorno de John (Cuenta oficial de los RHCP)
   
El paso del tiempo

No lo podía creer, ¿quizá les jaquearon la cuenta? Pues no. Las dudas fueron despejadas al ver la misma publicación en las cuentas de Flea y Chad horas después. ¡Oh dios! era real, sólo bastaba verlos tocar juntos para saber que esto no era un sueño.

Aunque seguía sin entender esta nueva actitud de John. Se va, regresa, se va, regresa. ¿Qué onda contigo compadre?

Y el 8 de febrero del 2020 finalmente se dio el milagro. En un concierto privado en homenaje a un tal Andrew Burkle, del que sólo hay registros en algunos breves videos en Instagram. Fue grato ver a mi banda favorita junta otra vez (aunque faltó Chad, el baterista). Sin embargo, entre la alegría y la nostalgia, me percaté de algo obvio.

Kiedis y Flea, vocalista y bajista respectivamente, se veían muy ágiles sobre el escenario como siempre, pero, ¡por los cuernos del diablo!, ambos están cerca de cumplir 60 años, y John está a un paso de los 50. Y desde que descubrí esta banda hasta el día de hoy, han pasado 20 años. ¡Veinte años! 😨


Al inicio del video se puede ver a Dave Navarro (ex guitarrista de los RHCP)

La vida es tan corta

Ver envejecer a mi banda favorita me hace tomar consciencia del paso del tiempo, tema que siempre me mueve el piso, y me hace dar cuenta de lo corta que es la vida. Pero, no quiero tratar este tema en soledad.

Es aquí donde te toca participar a ti, estimado lector. No sé cuál sea tu edad justo ahora, o si te gustan los Red Hot Chili Peppers, pero dudo que seas un despreocupado adolescente, pues, por las estadísticas de este blog, sé que el grueso de mis lectores están entre los 27 y 37 años.

Dime, sé que es algo extraño, pero, ¿alguna vez has pensado en cuál es el sentido de nuestras vidas?, o ¿cuál quieres que sea tu legado una vez hayas partido de este mundo cruel?

Viéndolo desde un lado puramente biológico, la respuesta es práctica, alarmante y poco alentadora. Porque la vida parece tener sólo un objetivo: sobrevivir el tiempo suficiente para pasar nuestra información (ADN) a la siguiente generación. Nada más.

Eso significa que nuestro legado o forma de trascender el espacio/tiempo, está en aquellos entes que hoy llaman, bendiciones (hijos). 

¡Toco madera!

Por fortuna, somos seres humanos, y si hay algo que nos caracteriza es la creatividad. La que nos ha permitido ser rebeldes, y no seguir a rajatabla este destino biológico. Tenemos la oportunidad de escribir una infinidad de historias para darle sentido a todo esto mientras estamos de paso.

Historias que enriquecen a la humanidad con ciencia, arte, compasión, amor, espiritualidad, renacimientos, aprendizajes, historias de valentía, coraje, dedicación, alegría, humor, gatitos en YouTube, y los Red Hot Chili Peppers.

Sí, no puedo evitar mencionarlos otra vez, ya te dije que soy fanático, y además, este 28 de febrero es mi cumpleaños, fecha en la que mi mente se llena aún más de chácharas un poco sobrecogedoras que hoy decidí compartir contigo.

Bueno estimado lector, será nuestro momento de escribir unas buenas historias que valgan la pena ser recordadas. ¡Adelante! hay mucho por hacer en este pálido punto azul que se desplaza por un universo en el que reina la muerte. Ah y por cierto... ¡aguante John Frusciante! 😆

Y que el coronavirus no llegue a mayores.

Gracias por llegar hasta aquí.

Te leo en los comentarios.

Escribiendo sandeces... debe ser el pisco



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