Y finalmente llegó la navidad, época del año en la que el consumismo desenfrenado alcanza su máximo esplendor: "¡Compre!, ¡compre!, ¡¡¡compre para que sea feliz!!!", parece ser el lema navideño que se apodera de todos las mentes y rincones. Oh la navidad. Extraña festividad eres. Es curioso cómo cada año preparamos la invernal e indigesta cena de Nochebuena en pleno verano austral, enmarcada en un ambiente de villancicos, árboles exóticos de extravagantes adornos multicolores, nieve artificial, y titilantes luces led. Esta festividad hace un buen tiempo que dejó de inspirarme sentimiento alguno, bueno, quizá sí, pero no aflora en mí un sentimiento de amor y paz, sino uno de mucho asombro, pues la festejamos sin saber su verdadero origen y significado. Mis cambiantes navidades De niño, cuando todo era más simple, la navidad era sinónimo de juguetes traídos por el bonachón, obeso y barbado Papa Noel . Yo era un ferviente creyente de...
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