Ecos del pasado: La Ciudad de Paramonga

   
Todo tiempo pasado fue mejor, reza un discutido refrán popular. Refrán que a veces he tratado de rebatir, amparándome en los grandes avances de la ciencia y la tecnología.

Son las personas mayores de 60 años las que, en su mayoría, defienden convencidos el glorioso pasado.

Pero, a medida que transcurren los años y me hago viejo, mi opinión comienza a asemejarse a la de mis padres o abuelos.

Sé que en algunos aspectos mi percepción puede estar influida por mi creciente nostalgia, pero en algunas otras, no importa si eres viejo o joven, la decadencia actual salta a la vista.

Un ejemplo de ello es la ciudad de Paramonga. La ciudad en la que me crié, y que yo recordaba como un lugar apacible, pequeño, ordenado, y seguro.

¿Y qué ha pasado con este lugar?, pues, veamos.

Paramonga hoy, ayer y anteayer 

Según mi experiencia, la época dorada de Paramonga se dio en la década de los noventa del siglo pasado. Tiempo que abarca toda mi vida escolar.

Sin embargo, para muchos habitantes veteranos de Paramonga, la mejor época de la ciudad fue justo después de la reforma agraria de 1969 de Juan Velasco Alvarado. Cuando éste expropió las tierras y las fábricas de la W.R Grace & Co., una compañía estadounidense que controlaba estos lares.

Por cierto, la creación de Paramonga le debe mucho a esta empresa gringa, pues antes de su llegada, estas tierras sólo eran una despoblada y poco productiva hacienda, propiedad de la familia Canaval.

Con su compra, la W.R. Grace & Co., transformó la anticuada hacienda en un importante y moderno punto de elaboración de azúcar, papel y químicos, a nivel nacional. Tan exitoso fue este cambio que años después, al distrito de Paramonga se le llamó también el Primer Distrito Agroindustrial del Perú.

Y aunque esta compañía construyó Paramonga, literalmente, el estado de la mayoría de sus habitantes rozaba la esclavitud. Ya sabes, la "ley" del embudo. Situación que se repetía en muchas zonas agrícolas del país.

Paramonga
Una calle en la Paramonga de hoy

Vestigios "gringos"

Muchos añoran la etapa en la que las fábricas de papel y azúcar de Paramonga pasaron a manos del estado peruano, y a la de una cooperativa, respectivamente. 

"Perdimos tecnología, pero ahora los peruanos teníamos el control, aún así, fueron tiempos de abundancia", me cuenta mi padre. Un chalaco que lleva viviendo en Paramonga más de 40 años.


Sabes, a pesar que los gringos eran muy segregadores con los campesinos, tengo que reconocer que hicieron sus cosas con mucho empeño y calidad.


Una muestra de ello son las 3 fábricas que dejaron atrás, una que produce azúcar, otra papel y la más "reciente", productos químicos. 


Sorprende que estas aún operen con sus viejas maquinarias de mediados del siglo veinte, más aún cuando estas ya están en manos privadas, otra vez.


Pero los rastros de la W.R. Grace & Co., no sólo son las fábricas, también están en muchas construcciones urbanas visibles hoy en la ciudad, como en la zona en la que viví y que llaman: Los Chalets.


Nuestro pequeño mundo


Tuve el privilegio, gracias a mi padre, de haber pasado mi niñez en un ambiente bastante raro para estos tiempos.

Un ambiente en el que los espacios llenos de árboles y de césped bien cuidado, se convertían en el campo de juego de todos los niños de la zona.


En donde también existía un club que contaba con una piscina semiolímpica, cancha de mini fútbol, frontón, bolos, comedor, y diversos ambientes para el esparcimiento familiar exclusivo para todo los vecinos de la zona.


El vecindario era un conjunto de pintorescas casas de medianas y grandes dimensiones, como la casa de mis padres, que aún conserva esos amplios jardines, uno exterior y uno interior, además de un espacioso garaje, varias habitaciones, incluida una para los huéspedes, y otros tantos detalles que bastante peculiares.


Entre los vecinos no teníamos ningún muro de separación, salvo una cerco de geranios o alguna otra plantita. A diferencia de las casas con complejo de castillos fortificados, amurallados y electrificados, de hoy.


Supongo que ese confiado estilo de vida lo tomamos de los gringos, ya que Los Chalets, una zona residencial en la que aún quedan estas cosas, fue construida por la W.R. Grace & Co..



Los Chalets Paramonga
Una casa en Los Chalets, Paramonga

Los Chalets Paramonga
Los niños de hoy  ya no juegan en los jardines

Los Chalets Paramonga
Los Chalets 2.0. La moda de hoy son las líneas rectas y el aislamiento

Juerga paramonguina


Los Chalets, es apenas una pequeñísima parte de la ciudad. Y aunque era todo mi mundo en la niñez, llegada la pubertad, se convirtió en un lugar demasiado tranquilo. Enamorar a la compañera de colegio era más divertido que trepar árboles.

Y sí, con la llegada de las hormonas, no sólo puedo presumir de mis recordados y exóticos pasos de baile de apareamiento adolescente, sino también de lo seguro que era salir de juerga por la noche en la ciudad.

Hacia fines de la década de los noventa, en Paramonga se volvió muy popular, casi un ritual religioso, los bailes de los sábados.

Fue con el auge de las radios locales, que la actividad parrandera se convirtió en un conjunto de bailes simultáneos en diversas partes de la ciudad, algunos eran gratis, otros costaban diez soles, y otros en el que se pagaba 50 céntimos de sol para poder ingresar.

Y aunque a veces pasada las tres de la mañana había una que otra pelea de borrachos con botella, mis amigos y yo nunca nos sentimos en peligro. Hoy debe ser difícil ser adolescente, pues en estos días cada cierto tiempo me entero de una balacera con muerto incluido.

Salir en la noche en estos tiempos, es sólo para valientes.

Plaza de Paramonga
La plaza principal de Paramonga, remodelada hace unos años. Un bodrio

La famosa sazón de los chifas

Para terminar este breve recorrido por el pasado paramonguino, te daré otra prueba que confirma que en ciertos casos, el pasado fue mejor. Y que mejor prueba que la comida.

Y los noventa también fueron sinónimo de comer rico, y seré 100% objetivo en este tema. Mi objeto de "estudio" serán los chifas de Paramonga. Dos en especial, el desaparecido chifa Antojito Oriental, y el chifa Fu Wha,

Hago memoria, y salta en mi mente las imágenes de las abundantes cenas con sopa wantán y tallarín saltado oriental, en las que penaba para poder terminar y no ganarme el enojo de mi padre. Mientras en la cocina, el cocinero, un chino al que apodaban "Kión", gritaba en un ininteligible español.

Cómo olvidar esas cenas en el elegante Fu Wha de aquellos tiempo, en las que mi familia cogía sus mejores ropajes para ir a comer unos platos tan extraños y ricos, como: gallina al vapor con champiñones y orejitas, ¡una delicia!

Y esta sazón única, fue puesta a prueba con cada familiar y amigo que vivía en Lima, todos quedaban maravillados por el variado y agradable sabor que ni siquiera en la calle Capón lograban conseguir, así que no sólo era nuestro corazoncito paramonguino.

Hoy, mientras pensaba en escribir esto, me encontraba almorzando en el Fu Wha. Ya no es el de antes, perdió su elegancia, su encanto... su magia, pero por fortuna, aún conserva algo de su especial sazón, ese del que aún presumo entre mis amigos de Lima.

Ahora sólo tengo que cerrar mis ojos e imaginar que es 1999, y sentir que... todo lo pasado, fue mejor... ¡ah caray!


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