Aprender a tocar guitarra. ¿Estaré viejo ya?

Jimi Hendrix asado

   ¡Oh, la pubertad!, quién no recuerda esa lenta transición entre la inocencia infantil, y la estupidez total. Cuando el poder de las hormonas sexuales toman el control de nuestro cuerpo, y cambian nuestra actitud hacia las mujeres, dando paso a un estado de enamoramiento constante.

   Aún recuerdo mis primeros y vergonzosos brotes de cursilería preadolescente. Tontos y deseperados intentos para enamorar a esa chiquilla "especial" que tanto me gustaba en la escuela, y sabes, no había nada más cursi y vomitivo que dedicarle una simplona, dramática y melosa canción de amor.

   Algunos amigos míos se mostraban más osados, y deseaban ir más allá, cambiando la ridícula acción de "dedicar" una canción, por el canto directo frente a las pequeñas "diosas encarnadas". ¡A ver! ¿algún valiente?... cric, cric, croc, sonaban los grillos. 

   ¿Alguna vez viste esas antiguas películas mexicanas en donde el galán de sombrero, guitarra y bigote, le daba una serenata a su amada? ¿no?, bueno, yo sí. Y desde aquel momento en mi pueril mente, brotó la idea de ser guitarrista. Parecía ser una buena forma de ligar chicas, motivo suficiente para intentar aprender a tocar este popular instrumento cordófono.

   "¡Oye que bacán va a estar esto!", pensaba entusiasmado. Lamentablemente el gen musical de mi abuelo parecía ser recesivo en mí, porque no logré aprender nada.

   La vicisitudes de la vida hicieron que el adolescente deseo de convertirme en ese guitarrista de sombrero y bigote, fuese mermando poco a poco, sin embargo, nunca desapareció del todo. Tuve que esperar hasta mi etapa universitaria para tener una segunda oportunidad con la guitarra, pero esta vez por motivos completamente distintos.

¡Larga vida al rock hermano!


   Jimi Hendrix, Eric Clapton, Back Sabbath, Robert Johnson, Chuck Berry, Nick Drake, The Beatles, y los Red Hot Chili Peppers fueron mis ejemplos a seguir durante mi etapa universitaria. Sabes, fui y aún soy fanático del gran Jimi Hendrix. Desde que descubrí su música aquellos años, quedé totalmente encantado y enviciado. Cada vez que escuchaba esos sucios pero enérgicos sonidos de su guitarra eléctrica quedaba estupefacto, "¡uf, pero que tipo tan genial es el Hendrix ese!"

   ¡Quería tocar así!, era mi meta soñada, pero a mis 23 años me sentía "muy viejo" para aprender. Más aún cuando ocasionalmente veía por ahí a unos niños virtuosos de la guitarra (frecuentemente asiáticos) en la Internet, "¡condenados niños! ¡que buenos músicos son!, ¡los envidio caramba!, ¡y envidia de la mala eh!"

   Te cuento toda esta historia porque sé que esto les pasa a muchos. Desean tocar guitarra pero piensan que ya son muy "mayores", ¡uf! y ni hablar de los que tienen 30 años o más.

   ¿Imaginas la cantidad de buenos músicos que el mundo ha perdido por esta creencia?, ¡tal vez tú también seas un gran músico en potencia! Y es que para ser un buen músico no es necesario salir de las entrañas de nuestras madres tocando un instrumento musical, o salir cantando afinado en lugar de llorar en la sala de parto ¡no!

   Mi hermano mayor una vez me dio una lección, me dijo: "La dedicación y el trabajo duro son los que te convierten en bueno para algo, y no tu virtuosismo o dones innatos. Pues de qué sirve nacer con un don musical si no lo cultivas". Tremenda verdad que hizo que dejara de limitarme por mi edad. Dando comienzo a mi aprendizaje de la guitarra a los 24 años.

Te odio, pero te quiero amor mío

   El proceso de aprendizaje de la guitarra no es un camino lleno de flores y ositos de felpa. El lento aprendizaje de la guitarra acústica es al inicio extremadamente duro. Es un proceso doloroso y desmotivante, que deja atrás a muchos débiles de carácter.

   El problema principal: La inflamación de la punta de los dedos que presionan las cuerdas en el diapasón. No hay principiante que no pase por este "bautizo de dolor y sangre" en sus primeras semanas.
   
   Pero si la constancia es una fiel amiga, todo el dolor será recompensado con unos hermosos e insensibles callos de guitarrista extremo (callos que después requieren cuidados). Esta etapa puede ser un poco más difícil si se empieza con una guitarra de cuerdas de metal.

   La segunda dificultad que se debe vencer es la torpeza en los dedos. A la guitarra no le interesan los prestidigitadores, ni los expertos en mecanografía en máquinas de escribir de antaño. Tocar guitarra es lo más antinatural para tu mano. Hay técnicas para que la actividad sea más adaptable y ergonómica, pero seguirá siendo una de las actividades más extrañas para la evolución humana, sólo basta observar cómo se hacen las cejillas.

Constancia, tiempo y, ¡sorpresa!

   Una de las cosas que deseamos ver con urgencia, en especial los que empezamos a aprender a tocar la guitarra pasados los 25 años, es ver algún avance significativo, y con frecuencia nos desanimamos por ese motivo, porque para ejecutar una progresión de acordes fluida, sin pensar, ni mirar, hace falta TIEMPO, ¡mucho tiempo! Un año mínimo.

   Pero la impaciencia nos gana, nos hace sentir frustrados, tanto que podemos abandonar la guitarra en un rincón para que acumule polvo y telas de araña. Pero lo peor es cuando surge en nuestra cabeza la creencia de que no servimos como guitarristas, eso sí es mortal.

   Hay muchas formas de combatir el desánimo. Puedes empezar pagando a un profesor particular para que esté detrás tuyo midiendo tus progresos. Antes que aprender de ellos, yo les veo más una utilidad motivadora. Procura conseguir un profesor malvado, sin alma y que te grite si te das por vencido.

   Yo empecé comprando videos en CD, cuando la Internet aún no era tan popular. Luego llevé clases particulares por un mes con un guitarrista de blues, pero vi que por el precio que estaba pagando, mejor era aprender por mi cuenta comprando CDs y revistas, (como Guitarrista o Guitarra Total), y escuchando nueva música de guitarra, desde Heavy Death Satanic Metal, hasta música clásica en guitarra solista. Eso me mantuvo con la llama encendida.

   Lo más sorprendente de este viaje musical, es que si somos lo suficientemente constantes, llegará el día en el que sin darnos cuenta, ya estemos tocando decentemente y sin esfuerzo. 

   Ver atrás y darse cuenta de lo mucho que hemos avanzado, nos llenará de orgullo, y ese amigos míos, es el mejor motor motivador para que el aprendizaje de la guitarra continúe día tras día, año tras año, porque siempre hay algo nuevo que aprender, y aquel que diga que ya es un experto es un tremendo soberbio.

Hermanos guitarreros, ¡levanten sus guitarras y a tocar! ¡y a viajar!

Un abrazo.

¿Necesitas un buen curso de guitarra? Te recomiendo este HAZ CLIC AQUÍ


Compartir:

4 comentarios:

  1. Buena..!! A agarrar la guitarra y viajar..!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Esa es la idea inicial de todo esto, viajar con la guitarra pero haciendo música, ya que hasta el momento sólo he paseado a la condenada :D Vamos pues, y si me tiran tomates, pues hacemos salsa para los tallarines :D

      Eliminar

Suscríbete aquí