Baños, el Ecuador explosivo


Fue como llegar a Mordor y estar parado frente a la torre de Sauron. Tengo la estatura de un hobbit, pero no llegué a la ciudad de Baños para destruir un anillo de poder. 

Mi objetivo en Baños era menos épico. Necesitaba encontrar un hospedaje con urgencia porque iba a realizarse un censo en todo Ecuador la mañana siguiente, y era obligatorio para toda persona permanecer bajo techo.

Me enteré del censo apenas el día anterior en Latacunga, cuando mi hospedero me informó de la situación y me ofreció la posibilidad de quedarme, pero con la condición de encerrarme bajo llave en el segundo piso de su modesto y desolado hospedaje casi todo el día. No acepté.

En Latacunga, los hospedajes de bajo presupuesto fueron inflexibles con los viajeros extranjeros por el censo. Lo sé porque a algunos viajeros que contacté ese día les fue peor que a mí, prácticamente los botaron y los dejaron a su suerte. No quedaba otra opción que huir de allí. 

Al finalizar la tarde, la terminal de buses bullía de viajeros extranjeros tratando de ir a otros lugares más "turísticos", pues, en teoría, a más turistas, mejor trato.

Unos iban a Quito, que ya había visitado días atrás. Otros iban a Baños, a sólo dos horas en bus de Latacunga, y parecía ser un lugar popular. Se hacía tarde, así que no lo pensé mucho: 

"¡Un boleto a Baños por favor!"

Al llegar a destino, lo primero que vi al bajar del bus fue una fulgurante luz anaranjada que arrojaba roca ardiente sobre la negra silueta de los cerros. El aterrador fenómeno ocurría tan cerca de las casas que me asusté. Por cierto, la foto de abajo no capta la real dimensión de lo que vi esa noche, ¡gollum, gollum!

La ciudad de Baños y el Tungurahua en plena erupción

Traté de procesar la situación. Había un volcán activo muy cerca de la ciudad, arrojando lava constantemente, y también se oían explosiones volcánicas que hacían retumbar las ventanas y mis nervios. A ver, espera, ¡¿qué pasa aquí?!, ¡¿y la gente está tranquila?! No comprendo.

"Es el volcán Tungurahua, no te preocupes no pasa nada", me dijeron. 

¡Caramba! Cada vez estoy más convencido que los lugares que visito sin tener ningún plan o expectativa son los que siempre me sorprenden.

Ya en calma, y sabiendo que no iba a morir cual romano en Pompeya, puse el despertador de mi celular a las 5:30 a.m. para saludar al Tungurahua al amanecer desde el puente San Francisco, que estaba a sólo unos 400 metros de mi hospedaje. Hospedaje que, por cierto, me ofreció todas las comodidades para pasar casi todo el día encerrado.

Pero, tenía que ser cuidadoso, pues a las 7 a.m. iniciaba el censo, y si me encontraban en la calle podrían llevarme detenido al calabozo. Situación que casi se hace realidad por andar de amistoso con algunos parlanchines y despreocupados lugareños que encontré en el puente. 

Felizmente, sólo recibí una dura advertencia de unos malhumorados militares que recorrían la ciudad en una camioneta.

El volcán Tungurahua al amanecer desde el puente San Francisco

A la mañana siguiente sólo una cosa rondaba mi cabeza: quería estar lo más cerca posible al rugiente volcán. 

Mi plan era caminar hasta el Tungurahua confiando sólo en mi instinto explorador o preguntando a los locales si me perdía, pues no tenía un mapa físico, ni Google Maps.

El ascenso fue divertido, pero muy agotador. Quizá no tomé la mejor de las rutas, porque luego de una hora caminando llegué a un punto en el que era imposible seguir avanzando por la densidad del bosque que invadía el estrecho sendero. 

Me sentí totalmente perdido, pero después de muchos raspones, cortes y pinchazos di con una trocha que me permitió avanzar más rápido, pero mi felicidad no duró mucho tiempo, porque unos kilómetros más adelante encontré una barrera que impedía el paso. Quizá era una zona restringida.

No pude avanzar más, aún así, pude tener frente a mí al imponente Tungurahua. Immenso y rabioso, casi podía "tocarlo" con las manos. Fue un sobrecogedor momento. Presenciar un espectáculo así no tiene precio.

Tuve mucha suerte de estar en Baños en plena erupción del volcán, porque, quien sabe, quizá esta ciudad sin esa demostración de poder fuese un poco aburrida. Sé que hay otros lugares de interés, y muchas actividades de aventura, pero ver y sentir al Tungurahua es definitivamente algo muy especial. Jamás lo olvidaré.

Rumbo al volcán Tungurahua yendo por la ruta "correcta"

Y bueno, finalmente 4 últimas cosas que me pasaron en Baños:

1.- Sobre el censo. Finalmente me censaron unas colegialas dentro del hospedaje, no pensé que lo harían. Fue extraño porque eran preguntas dirigidas a los ecuatorianos.

2.- Luego de la caminata al volcán, fui a reposar los músculos en las revitalizadoras aguas termales que abundan en Baños, Las Termas de La Virgen son una excelente opción. La pasé demasiado bien.

3.- En un sector de la ruta hacia el volcán, hay un antiguo puesto de monitoreo que se ha convertido en un lugar turístico por una pintoresca casita en el árbol. Di con este lugar de casualidad mientras buscaba la ruta correcta, y volví a la noche en un recorrido guiado yendo en una chiva multicolor. Recomendado visitar.

3.- Si eres de los que no teme a la muerte, desde el puente San Francisco se realiza el puenting. Lo hice y salí traumado, sin embargo... ¡qué bien se siente la adrenalina!

He aquí algunas fotos extra.

Nos vemos. 😉

Foto para la posteridad. El Tungurahua y yo - Ecuador

La Casa del Árbol

Tratando de columpiarme, pero de espalda, porque tenía miedo.

La ciudad de Baños al bajar.





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