Cuenca, Ecuador: Un lugar para volver a sonreír

Cuenca Ecuador
Video al final de la entrada

   Y de pronto, el enorme avión se elevó velozmente del suelo, y segundos después ya se encontraba entre las espesas nubes del cielo limeño. Oscuridad era todo lo que se veía mientras atravesábamos la gruesa capa gris que luego dio paso al fulgurante sol. Así se despidió Lima de mí. Verla allá abajo con todos sus problemas y bajo ese gran y extenso techo blancuzco la hacía parecer insignificante.

   Era mi tercera vez volando cual ave a bordo de esta ingeniosa máquina, y debo confesar que hasta el día de hoy, ésta no termina por inspirarme la confianza necesaria para ir tranquilo. "Nada malo te pasará Marco" era mi mantra durante el vertiginoso ascenso. 

   ¿Pero hacia dónde me dirigía? La respuesta era casi tan onírica como mi visión del mundo a través de la ventanilla del avión, ¡iba rumbo a Ecuador! ¡después de cinco años! Mi corazón daba saltos de alegría porque retornaba al país en donde mi vida dio un giro inesperado, mi gusto por los viajes y este blog son una prueba de ello. Un país en donde aprendí mucho, y viví muy intensamente.

"¡No! ¡Usted no entra!"
    
   Luego de casi dos horas de vuelo, divisamos el caudaloso río Guayas, lugar en donde se asienta la moderna ciudad de Guayaquil. Fue curioso notar desde el aire las claras las diferencias entre el Perú y el Ecuador.

   Entre nuestros países no existen líneas fronterizas tangibles, aunque pareciera que si. Fue la caprichosa naturaleza la que se encargó de hacernos tan distintos. Ella regaló el color tierra de los desiertos a los peruanos, y el verde vida a los ecuatorianos.

   Era Cuenca, una ciudad enclavada entre las montañas a aproximadamente 2550 metros de altitud, el motivo principal del viaje. Ya conocía la ciudad, sabía de sus encantos, la había visitado el 2010, en un viaje de aventura junto a mi excompañera. Los recuerdos aún estaban a flor de piel a pesar del tiempo transcurrido, y no importaba que esta vez fuera un viaje de prensa ¡yo estaba igual de emocionado! y agradecido con la Fundación Municipal Turismo Cuenca, y placeOK por la oportunidad de volver y mostrar lo atractivo de esta ciudad.

   Nuestro contacto de Cuenca era la sonriente Mae de la Fundación, que ya nos esperaba en el aeropuerto lista para llevarnos por tierra hacia su ciudad.

   Sin embargo mi alegría inicial se transformó en pavor al llegar a migraciones. Eran los ecos del pasado los que casi me metieron en problemas:

-¿Primera vez en Ecuador señor?
-No, es la segunda, visité Ecuador a fines del 2010 -le respondí sonriente.
-Señor usted no tiene registro de salida del país desde noviembre del 2010.
-¡¡¡Qué!!! pero si yo salí por La Balsa y me sellaron el papelito ese (entiéndase como TAM, necesario para los que entran sin pasaporte).
-¿Y dónde está ese papelito? 
-¡Después de 5 años cómo lo voy a conservar, se supone que ustedes registran todo en su base de datos! -le reclamé
-Lo siento señor, no registro ¡usted no entra!

   Mi sangre se heló, la comprensible actitud cerrada del hombre de migraciones no iba a cambiar. Lamenté mi mala suerte, ya no podría participar del viaje de prensa, y por unos segundos ya pensaba en un plan B para después de la deportación. "Ummm bueno, quizá sea una oportunidad para volver tirando dedo a Lima, sería una buena experiencia", trataba de consolarme.

   Pero hice un último intento: "Entonces, ¿ahora que hago señor?", le dije al hombre mientras intentaba mirarlo a los ojos como el Gato con Botas de Shrek. El hombre se quedó meditabundo, me miró fija pero compasivamente y salió del control diciéndome antes: "veré qué puedo hacer".


Cuenca Ecuador
Hasta los cielos ecuatorianos se ven distintos

Por los serpenteantes caminos ecuatorianos
        
   No sé qué hizo el hombre en los casi 20 minutos que duró la espera, ya que finalmente logré ingresar a Ecuador, con la recomendación de guardar el papelito (La Tarjeta Andina de Migraciones) para no tener problemas futuros. Yo no quise preguntarle qué pasó, o porqué me dejaba pasar ahora. "Calladito me veo más bonito", me repetía interiormente.

   Lo primero que sentí al salir del temperado aeropuerto de Guayaquil fue el intenso calor, no fue molesto, venía de la invernal Lima donde los días nublados y fríos a veces pueden ser algo melancólicos. En Guayaquil en contraste, el sol estaba radiante, y ese calorcito tropical me llenó de energía cual reptil bajo el sol ¡un delicioso horno donde es uno el que se cocina!

   Entre los planes del viaje estaba visitar antes, el Parque Nacional El Cajas, ubicado en la provincia de Azuay a 30 kilómetros al  oeste de la ciudad de Cuenca. La mayor parte de la superficie de este parque son tierras altas o páramos, a casi 4 mil metros de altura.

   Luego de casi 4 horas de viaje y ya de noche, nos enfrentaríamos nuevamente al frío, pero de montaña esta vez ¡adoro el frío de montaña! sabía que algunos de mis compañeros de viaje no compartían mi opinión, a algunos incluso la altura les jugó una mala pasada. Felizmente nos refugiamos de los elementos en la rústica y a la vez elegante Hostería Dos Chorreras, un lugar en medio de las nubosas montañas.

Dos Chorreras, el lugar donde conocí el Canelazo

   Amigo lector, una recomendación si viajas a las tierras altas del Ecuador. Si te sientes mal por la altura o el frío serrano, lo mejor es beber un canelazo. Esta es una bebida típica de la zona, a base de canela que se toma bien caliente, pero que no te sorprenda si al beberla se te dibuje una sonrisa, ya que esta bebida contiene también el poderoso aguardiente de caña, que es resucitador. Fue una sorpresa saber que me gustaba, porque normalmente la canela me causa repulsión, pero el canelazo es muy diferente, alguna otra hierba secreta debe tener.

   Fue así que nos recibieron en la hostería, ¡canelazo para todos! una fría noche a más de 3 mil metros de altura. El primer día en Ecuador llegaba así a su fin sin antes disfrutar de una exquisita cena de bienvenida que constaba de locro de papa y trucha bañada en salsa de camarones ¡una noche feliz!
  
Cuenca Ecuador
Subiendo a las alturas ecuatorianas, muy al fondo el río Guayas

Breve visita al Parque Nacional El Cajas
    
   Amanecía en la cálida hostería, y uno de los privilegios de estar en medio de la naturaleza y sin vecinos a varios kilómetros a la redonda, es la tranquilidad y el silencio constante, que para alguien venido de una ciudad tan estresante y ruidosa, puede llegar a ser "ensordecedor". Conmueve tanto la paz, que ésta te roba desde lo profundo del pecho unos cuantos suspiros. 

   Las camas en esta hostería son muy cómodas, pero quizá era la ansiedad por salir a conocer que fue imposible dormir mucho. Además nos esperaba un ajustado itinerario que incluía un matutino paseo por el neblinoso Parque Nacional El Cajas, lugar en el que nos dijeron, proviene el agua que abastece en gran medida a la ciudad de Cuenca. Una de las aguas más puras y deliciosas del mundo afirmó nuestro amigo Felipe, nuestro guía cuencano.

   Y efectivamente, este parque es tierra de lagunas, lagunas por doquier, lagunas que son testigos de un pasado dominado por glaciales que existieron y erosionaron estos páramos miles de años atrás. Es aquí donde también nace el río Tomebamba, unos de los tantos ríos que cruzan la ciudad de Cuenca. Visitamos aquella mañana la prístina laguna Llaviuco luego de una caminata que me quedó muy corta, porque el lugar invita a caminar y a descubrir, pero teníamos que seguir el plan establecido.


Laguna Llaviuco - Cuenca
La laguna Llaviuco
            
Rumbo a la ciudad de Cuenca
  
   El paso por el Parque Nacional El Cajas no me dejó muy satisfecho. La geografía, la vegetación, la fauna, la laguna, todo es muy conmovedor, es el lugar perfecto para estar mínimo 5 horas caminando por el sendero y "perderse" para conectar más íntimamente con las montañas y sentirse vivo. Queda pendiente una próxima visita por mis propios medios.

   El tiempo en Llaviuco se pasó volando, y al rato, ya andábamos otra vez rodando sobre la carretera, bajando velozmente hacia el amplio valle que aloja a la pintoresca ciudad de Cuenca.

   Un aspecto que me encantó de Cuenca y que me llamó también la atención el 2010, fue la agradable bienvenida al visitante, y no refiero a la amabilidad de su gente, sino a la ciudad. Muy vistosa visualmente, no importa por dónde ingreses, esta ciudad posee cierta homogeneidad en sus casas y edificios. 

   Un dato que nos dio nuestro guía mientras ingresábamos a la ciudad, fue que en Cuenca, las diferencias sociales no son muy marcadas. En esta ciudad mayoritariamente de clase media, no existen zonas populares, barreadas, favelas o como se suelen llamar a estos sectores marginados. "Aquí el rico es vecino del de clase media" nos relataba con orgullo. Yo agregaría: "... y son vecinos, ¡vecinos en el literal significado de la palabra! nada de muros o cercos, sino una casa al lado de la otra, pero ambas siempre conservando el estilo cuencano".

Catedral de la Inmaculada Concepción - Cuenca Ecuador
La imponente Catedral de la Inmaculada Concepción

Una ciudad para caminar tranquilo
    
   ¿Y cómo es ese estilo cuencano? Bueno, yo lo describiría así: Casas con techos a dos aguas con tejados de color rojo (también los hay verdes), y un exquisito buen gusto para llenarla de detalles, como las ventanas, pórticos, columnas y los jardines alrededor. Algunos de mis compañeros de viaje decían que estas tenían cierto estilo "agringado", si existe tal palabra, es decir con una fuerte influencia estadounidense.

   Muchas de las casas parecían mansiones, y muchas realmente lo eran, nos dijo el guía. Otras eran igual de agradables pero con el detalle de poseer una tienda de abarrotes en el garaje. Curiosidad que delataba el nivel socioeconómico del dueño. 

   Pero dejando atrás las periferias de la ciudad, lo que a mí me interesaba más era volver a ver su Centro Histórico, lleno de singulares iglesias y edificios de influencia francesa, de los cuales destaca la Catedral de la Inmaculada Concepción con sus tres imponentes y coloridas cúpulas celestes, que son ya un icono de la ciudad de Cuenca.

   Cuenca es una ciudad que provoca caminarla tranquilamente, y al igual que en el Parque Nacional El Cajas, se necesita mucho tiempo y paciencia para investigar cada calle al detalle, envuelta en tradiciones e historia. Por cierto, esta ciudad es una de las más seguras de Ecuador, y eso se llega a percibir. No hay tensiones aquí, la atmósfera sosegada llega a confundir. Cuenca no es un pueblo, es una ciudad extensa, pero se siente cual pueblito de montaña.

   Fue una lástima que no tuviéramos tiempo de sumergirnos en la ciudad e interactuar más profundamente en la vida diaria de sus habitantes. Al ser un viaje de prensa nos movíamos aislados y con un plan estrictamente establecido, pero aún así fue muy grato volver estar en esta ciudad. Yo particularmente me quedé con las ganas de recorrer la rivera del río Tomebamba, llena de árboles, vegetación y paseos peatonales donde la gente deambula despreocupadamente. Será para la próxima.

Taller del gran maestro alfarero José Encalada
Las curtidas manos del señor Encalada haciendo magia

Al ritmo del señor Encalada
  
   Una muestra del carácter pacífico y calmo de Cuenca, es el rústico taller del gran maestro alfarero José Encalada. Un hombre de avanzada edad que con su labor casi hipnótica apacigua los inquietos ánimos de cualquier citadino. Él trabaja dándole a la arcilla diversas formas, unas utilitarias, como vajillas o jarrones, y otras en las que su imaginación vuela para dar placer a los ojos.

   Usando sólo sus manos y un torno que mueve ágil con los pies, el afable señor Encalada logra casi mágicamente transformar un amasijo de arcilla en pequeños platos que posteriormente acomoda con delicadeza sobre su mesa. 
   Al verlo tomé consciencia de que estas vasijas no sólo eran pedazos de tierra, sino su paciencia y su amorosa dedicación incrustadas en el barro, las que luego del torneado iban a parar al sol para secarse. 

   El lento ritmo del señor Encalada, por muy lento que sea, necesita ser marcado de alguna forma audible, como si de una banda de música se tratara, y en Cuenca, sólo hay un lugar donde el fuerte golpeteo sobre hierros candentes siguen esa cadencia relajada, la calle de Las Herrerías. Lugar en el que se encuentra el taller El Vergel del señor Carlos Calle. Un rincón de Cuenca en el que aún se conserva el tradicional arte del forjado en hierro, una actividad que al igual que la alfarería, se va perdiendo por culpa de la modernidad y sus eficientes tecnologías que hacen el proceso más rápido y fácil.


Taller Vergel de Carlos Calle - Cuenca
Una muestra del dedicado trabajo

Un placer que envicia
  
   No muy lejos del firme martilleo y en la misma calle de Las Herrerías, encontramos a la señora Zoila, que preparaba en unas humeantes ollas, unos deliciosos tamales, humitas y quimbolitos. El olor era tentador, y aunque los tamales y humitas ecuatorianas no son tan diferentes de las peruanas, debo de destacar el cariño casi maternal, ¡perdón! casi de abuela de la amorosa Zoila, que nos dejó satisfechos a más no poder con tanta muestra de generosidad. Sin exagerar, habrán sido unas 12 porciones de tamales, humitas y de los esponjosos quimbolitos entre 5 personas.

   Con el estómago lleno y mientras nuestros sistemas procesaban la energía con forma de tamal, era momento de buscar algo de acción extrema en Cuenca, actividades que se pueden disfrutar a sólo unos minutos de la ciudad. 

   Escalada en roca, canopy y cabalgata bajo la luz de las estrellas fueron el aderezo que dieron a este viaje una cuota de adrenalina... bueno y también algunas heridas y divertidas anécdotas. Pero esa historia va en otra entrada que próximamente estaré publicando.

Cuenca Ecuador - Tamales
Si las fotos tuvieran olor te comerías la pantalla

¿Vale la pena visitar Cuenca?
  
   Por supuesto que sí, y trataré de ser objetivo, ya que esta ciudad pasó a ser uno de los destinos que más cariño le guardo desde el 2011. Bueno, estas son las razones:

- Primero: Gente amable, estoy convencido que la gente de montaña es mucho más amigable y cálida que la costeña,, por lo menos es así en Ecuador y Perú.

- Segundo: Cuenca es una hermosa ciudad, edificios republicanos, incontables iglesias, idílicos paisajes, si eres aficionado(a) a la arquitectura o la fotografía, este es tu lugar.

- Tercero: Seguridad. En Cuenca no tienes que estar a la defensiva, puedes sacar tu celular y caminar despreocupadamente por sus calles, incluso de noche, aunque tampoco exageres.

- Cuarto: Clima. Es templado, ni tan frío ni tan caluroso, el clima perfecto, y sus 2500 metros de altitud ni se sienten.

- Quinto: Los sombreros de paja toquilla, o llamados también "Panama Hats" (ese nombre no me gusta), un buen recuerdo y de excelente gusto si te quieres comprar uno, hay desde 30 dólares hasta de 2 mil a más en la sombrerería Homero Ortega & Hijos.

- Sexto: La comida, un quimbolito con su motepillo por la mañana para empezar el día es lo mejor que puedes probar en esta ciudad.

- Séptimo: Las actividades extremas que mencioné líneas arriba, pero de eso escribiré en la siguiente entrada.

Viaje a Cuenca en video

Algunos Datos

Cómo llegar:

Si eres peruano y quieres ingresar a Ecuador, no es necesario poseer pasaporte, no importa si ingresas vía terrestre o aérea. Sólo requieres tu D.N.I. y la Tarjeta Andina de Migraciones (el papelito ese ja ja ja) que entregan gratuitamente en el avión o bus. Si eres de otro país de Sudamérica el proceso es el mismo, aunque por seguridad, averigua los requisitos.

No existen vuelos internacionales directos a Cuenca, pero si eres de Perú y vives en Lima, puedes tomar un vuelo hasta Guayaquil y de allí tomar en la terminal terrestre los buses que van a Cuenca. El viaje dura aproximadamente 4 horas y cuesta unos US$5.
  
Lugares para hospedarse:

En El Cajas:

- La Hostería Dos Chorreras (Hospedaje campestre en medio de la montañas)

En la ciudad de Cuenca:

- El Hotel Boutique Carvallo (Una casona restaurada bastante interesante)

Lugares para comer:

En Cuenca:

- Restaurante El Mercado (Unos de los mejores en Cuenca)
- Restaurante El Maíz (Comida tradicional)

Otros datos:

Recuerda que en Ecuador usan el dólar estadounidense. De preferencia lleva billetes de baja denominación, sino nadie te los cambiará.

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Un agradecimiento especial a la gente de la Fundación Municipal Turismo para Cuenca, a la señora Tania, Mae y al paciente Felipe. Muchísimas gracias también a Lourdes y Nicole de PlaceOk, y un saludo afectuoso a mis compañeros de viaje que hicieron de este viaje una experiencia llena de risas y buena onda ¡Gracias Ceci, Isabel, Gladys, Wili, Miguel, Walter,  Deniss, Nancy, Stephie y al gran Alexander Wong!

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¡Hasta la próxima!

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5 comentarios:

  1. Guitaaaaaaaaarrrrraaaaaaa

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  2. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  3. Hola, ¿Recuerdas si el Parque Nacional Cajas está bien indicado para ir sin un guía?
    Por lo que describes estuvisteis en el Parque pocas horas pero, ¿se puede caminar a las lagunas siguiendo alguna marca en el sendero sin necesidad de ir en un tour? Gracias:)

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    Respuestas
    1. Hola.😊
      Te entiendo, yo también prefiero visitar lugares así sin necesidad de guiado, pero ahora no tengo información propia, ya que fui a Cuenca y al Cajas por una invitación.
      Estoy seguro que la Fundación Municipal Turismo para Cuenca te podrá dar esos datos, el enlace a su FB está al final de la entrada.
      Buen viaje 😉

      PD: A mi ojo guitarrero, el parque Nacional El Cajas parece muy bien señalizado.

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