Si aburrirte no quieres, danzar debes

Músicos en Upacá

   Sobre la superficie es un día cualquiera, un día más para vivir en automático, ¡tan predecible!, como un constante déjà vu que se repite y se repite, con las mismas polvorientas calles, mototaxis, y viejos buses llenos de la misma gente de conocido semblante sombrío...

   Las personas van y vienen presurosas, pero, ¿adónde irán? ¿adónde vamos?

   Vivir mucho tiempo dentro de la propia mente no es bueno. Crear mundos imaginarios como refugio, en donde la emoción a flor de piel, y la creencia de que la vida es color de rosa, y ositos de gominola, es motivador... pero esta mundana realidad, ¡siempre me descoloca!

   ¿Es acaso la vida sólo una breve e insípida rutina? ¿adónde fue a parar nuestro asombro por la misteriosa existencia?

   Quizá por eso me gustan tanto los viajes largos de bajo presupuesto, ellos revitalizan mi alicaído espíritu, y me permiten alejarme un poco de la "civilización" y sus cuadriculadas normas, conectándome a algo más grande, casi divino, más allá de cualquier estática religión. 

   Me hace bien sentir que estoy de paso, sentir que no tengo arraigo a un único pedazo de tierra, pues el planeta entero es nuestro hogar, ¿no?

   Pero qué puedo hacer cuando no puedo viajar por un largo periodo de tiempo, ¿enloquecer? ¿deprimirme? ¿componer canciones? o ¿aceptar la realidad y alinearme con lo se considera "normal"?

   Es en esos momentos cuando recuerdo las palabras del señor Guillermo Reaño, casi como una voz reverberando en mi cabeza, al estilo Obi-Wan Kenobi diciéndome: "No es necesario irse lejos para sentirse un forastero explorador, Luke... perdón, ¡Marco!, basta mirar con nuevos ojos tu alrededor, hasta un paseo por tu barrio se puede convertir en un emocionante viaje".

Shacshas de Upacá
Shacshas. Una buena forma de romper la rutina, ¡danzando!

    Fue así que cual obediente jedi, decidí probar este nuevo enfoque, era claro que debía de salir al exterior, e ir aunque sea a la esquina, porque encerrado entre cuatro paredes frente a la computadora escribiendo artículos para otros, no iba a descubrir nada motivador, pues la vida se desarrolla ¡allá afuera!

   Upacá era el lugar perfecto para poner a prueba las palabras del señor Reaño, ya que no es un lugar turístico, ni poseedor de una belleza paisajística impresionante. Además ya había recorrido sus contadas casas rodeadas de ondulantes cañaverales muchas veces.

   Debo de mencionar que mi vínculo con Upacá lleva forjándose hace sólo un par de años, por obra y gracia de Christian, el novio de mi hermana. Él creció allí, y tal vez sin este nuevo vínculo familiar, Upacá hubiese pasado desapercibido para mí, porque no soy muy devoto de los pueblos y paisajes de esta costa peruana de áridas estribaciones andinas.

   Conocía ya el ambiente sosegado y monótono de Upacá, que poco ha cambiado a través de los años, según me cuenta mi papá, que frecuentaba esta zona a mediados de la década de los setenta del siglo pasado, cuando trabajaba en la extinta Sociedad Paramoga.

   La única explicación que yo encuentro para esta especie de alteración del espacio-tiempo, es el casi nulo crecimiento demográfico. La mayoría de los upaquinos migran a otras ciudades donde encuentran mejores oportunidades para desarrollarse.

   Además, ¿cómo expandir el pueblo si todas las tierras son propiedad de una poderosa empresa azucarera?, literalmente los distritos de Paramonga y Pativilca les pertenecen, es como si hubiésemos vuelto a los años previos a la Reforma Agraria.

Poniéndole música al entorno

   Pero el upaquino en, o lejos de Upacá, no es ajeno a este sentimiento de hartazgo rutinario que hoy me domina, esto el algo propio de la vida sedentaria, se viva en el campo o en la ciudad, sea en Perú o en Francia. Esta es nuestra constante búsqueda para dale un sentido a la... ¿cómo llamarle? ¿vida? ¿la matrix? ¿existencia, breve sueño, alucinación?

Conectando con lo místico ¡moviéndose al son! 

   En Upacá, el "método" de ver con nuevos ojos lo cotidiano no me generó ningún efecto positivo, pero una actividad bastante común en cualquier festividad, sí que dio nuevos aires al ambiente, me refiero a: ¡la danza!

   Había llegado justo en plena festividad en honor a un santo cristiano, actividad que poco o nada me interesaba ver, viéndolo desde el lado cristiano. Sin embargo, lo interesante de estas festividades religiosas es notar su notorio sincretismo, pues a pesar de la forzosa conversión de los antiguos peruanos al catolicismo por parte de los conquistadores españoles, las creencias panteístas y politeístas andinas aún persisten, camufladas entre las cruces y los dioses judíos.

   Sólo hace falta estar presente unos minutos ante la frenética y rítmica danza de los Shacshas, para sentir una energía completamente distinta, una energía ancestral y rebelde diría yo, y aunque los danzantes ofrecen sus movimientos al santo, los orígenes y sonidos del tambor y la flauta pagana de los shacshas, se remontan a épocas preincas.

   Es fácil ver las incompatibles diferencias en estas festividades, por un lado se tiene el evento cristiano, caracterizado por su parsimonia y aires de "santidad", y al otro lado los desenfrenados latigazos, gritos, saltos y consumo de cerveza por parte de los shacshas.


Upacá (Pativilca) y los shacshas en acción
   
   Debo confesar que disfruté en demasía la atmósfera de los shacshas, tanto, que no sería mala idea unirme a su cuadrilla alguna vez si se presentase la oportunidad, pues conscientes o no, estos danzantes tienen el poder de hipnotizarnos, llevándonos hacia otras dimensiones.

   Además, ellos me hicieron querer ir a una huaca, o ir a la cima de un venerado Apu, para fortalecer este fuerte vínculo entre los seres humanos y la siempre equilibrada naturaleza,  y es que observando en lo profundo, es imposible ver rutina.


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No es un adiós, sino un viraje hacia un sol mayor


   Cuando el supuesto orden de tu vida de pronto se desvanece, tienes dos opciones, tomarlo por el lado amable como Chespirito, o sumergirte en la más espantosa desesperación. 

   Quizá sea necesario haber vivido algunas décadas para tener una conciencia clara sobre una característica de la vida que a mí personalmente no me gusta: su transitoriedad. 

   El país, la residencia, la familia, los amigos, la pareja, el trabajo... uno mismo, todo en algún momento desaparecerá. Hoy estamos, mañana quién sabe. 
   
   Lo sano sería aceptar la realidad y adaptarse a los nuevos retos que traen estos cambios, pero no todos somos capaces de hacerlo. Algunos ¡hola! quedan rezagados y perdidos en esta inacabable marcha.

   ¡Pero vamos! tenemos que tomarlo desde el lado amable. Lo positivo de estos cambios es que son oportunidades para aprender a la mala y con palo, para resurgir de entre las cenizas.

   Por ejemplo, hoy me toca despedirme de Lima, ciudad a la que llegué el 2003 con el propósito de hacer de ella, el centro de mi mundo, en donde instalaría mi "nido" permanente, pero ¡uf! ¡mucha agua ha corrido bajo el puente desde entonces!

   Hoy mis buenas y malas decisiones me han dejado en una encrucijada difícil pero interesante. 

   Este blog y los viajes, han sido una gran ayuda para mí, y me han llevado por caminos que jamás pensé recorrer, y en ellos he encontrado a personas que han aclarado muchas dudas que venía cargando hace un tiempo.


Con el Maestro y viajero empedernido, Guillermo "Wili" Reaño, aclarando dudas del blog

   Una de esas dudas es el dinero, tan necesario para sobrevivir en esta sociedad, pero que muchas veces nos aleja de nuestras naturales vocaciones.

   Quién cuando joven no ha tenido sueños y metas locas para la vida, que con la llegada de la "madurez" se han convertido en simples pasatiempos o han quedado en el olvido, para ser cambiados por trabajos en los que se odia el lunes y se salta en un pie los viernes.

   Sé que hay gente habilidosa que es capaz de unir ambas cosas, y pagar los gastos mundanos con sus "rentables" sueños, y tener la libertad de hacer con su tiempo lo que se le antoje.

   No es mi caso aún, pero el camino musical que he decidido tomar, y que apenas he empezado a recorrer, me llena de optimismo para poder unir mis sueños, mi libertad en el espacio-tiempo, y los gastos "terrenales".

   Pero no voy a olvidar lo que he construido aquí, este blog seguirá siendo un diario de viajes, en el que tengo libertad de escribir desde una aventura en la selva, hasta reflexiones tan complejas como: ¿por qué el Facebook no tiene una sola aplicación que permita también chatear en el celular?

   Pronto te estaré contando las novedades que ando preparando, y espero puedas acompañarme en esta otra faceta estimado lector. Muchas gracias de antemano.

   Y si hay algo que pueda decirte como consejo es: Si hay una actividad que realices con facilidad y que te cause felicidad, pues busca la manera de hacerla tu actividad principal que te permita vivir de ello.

Un abrazo.

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La belleza está ¿en los filtros del Instagram?


   Revisar el Instagram antes de ir a dormir se ha convertido para mí en un ritual sagrado. Tan arraigada es esta costumbre, que siento que el insomnio me atacará por la noche si no deslizo mi pulgar sobre la pantalla del celular para poder ver las incontables e impresionantes fotos que esta popular aplicación muestra a diario.

   Playas paradisíacas de vivos colores, montañas nevadas rozando el cielo, selvas vírgenes de coloridos habitantes emplumados, ciudades de asombrosa arquitectura del Perú o del mundo... ¡oh vaya, que este planeta es realmente hermoso! Sin embargo al día siguiente me estrello contra la realidad, al notar con tristeza que mi modesto hábitat urbano no encaja muy bien en los perfectos estándares de la red social del todopoderoso Marquito.

   Seré claro ¡mi ciudad es poco agraciada! ¡tiene muchos lugares horribles! Le he dado muchas veces el beneficio de la duda tratando de echar una mirada más detallada calle por calle para encontrarle un lado amable; pero no he tenido éxito, ¡es imposible ver algo visualmente interesante! 

   ¿Qué puedo hacer entonces? ¿será que la belleza está en los ojos del que mira, y yo sólo tengo un alma sombría? ¿o el lugar está realmente feo?

Donde pongo el ojo, pongo la legaña
  
   Yo no soy fotógrafo profesional, no sé de composición fotográfica, y tampoco aprendí a usar bien mi cámara réflex en modo manual; pero el Instagram me ha hecho creer que soy bueno haciendo fotos, pues hasta la imagen más insulsa a veces tiene el potencial de convertirse en una obra de arte con tal sólo usar uno de los muchos filtros de la aplicación, basta un celular, un encuadre decente que oculte lo evidente y ¡ya está! podremos maquillar virtualmente la realidad de algunos desgraciados lugares.

   Lástima que no se pueda hacer lo mismo en la vida real... ¡oye, espera! ¡sí existe! ahora que recuerdo, yo conozco una "aplicación" que posee unos filtros análogos tan buenos e infalibles que dejarían mordiendo el polvo al Instagram, y lo mejor de todo es que no requiere ser instalado en el celular, y tampoco necesita conexión a Internet.

   ¿Quieres saber cuál es? ¡vamos que te lo digo ya! La aplicación es... (redobles de tambor): ¡Nuestro "corazón"! No, no me he vuelto cursi otra vez, aquello es cierto. La belleza está en los ojos del que mira; pero no exactamente en los ojos... o en el corazón.



Estar enamorado es... despertar con cara de cojudo

   Puedo dar fe que esta "aplicación" es efectiva al 100%, he probado sus filtros personalmente y es increíble lo que le puede llegar a hacer al mundo real. Yo usé el filtro Modo Cupido (mejor conocido como, estar enamorado) y los resultados fueron sorprendentes. 

   El filtro cambió mi negativa percepción de la ciudad que habitaba, tanto que hasta el asfalto, la polución, y el caótico transporte público en hora punta, ya no parecían tan malos. Literalmente los edificios grises se llenaban de color con cada paso que daba, transformando la ciudad que odiaba en un hermoso lugar para vivir.

   Esta aplicación también posee filtros más suaves, como el Modo Familia y el Modo Amigos, que pueden activarse si compartes con la familia o los amigos. Familia y amigos que uno ame por cierto, ya que la aplicación puede actuar en nuestra contra y hacer de nuestro pacífico entorno, un tétrico y hostil campo de batalla si nos rodea gente con la que tenemos algún roce.

   ¡Oh! y cómo olvidar el Modo Novedad, donde prima el asombro, muy visto en viajeros en tierras extrañas. Por ejemplo, cuando un extranjero ve por primera vez la desértica costa peruana y está extasiado tomando fotos y fotos por la ventana del bus, mientras yo me aburro sin ver nada interesante allí, el filtro Modo Rutina en acción.

   ¿Y de dónde proviene esta aplicación y sus asombrosos filtros que nos cambian el día a día? ¡pues de las profundidades de la mente humana! lo sé, no estoy descubriendo la pólvora. Lamentablemente como toda "aplicación" esta tiene algunos defectos, y en este caso es su impredecible activación. No podemos usarla a voluntad.

Siente la fuerza, Luke

   Hace muchos años atrás cuando las hormonas alborotaban mi adolescente cuerpo, recuerdo haber encontrado un pequeño libro en el estante de mi padre que llamó mi atención. Era un libro de meditación zen, en el que se explicaba el papel de la mente en la percepción de la realidad. El resumen del libro estaba en una pequeña historia llamada la "Doma del Toro", o también conocida como "Los Diez Toros del Zen", un relato que venía acompañado de 10 llamativos dibujos en los que se mostraban las diferentes etapas de la búsqueda.

   El autor del relato era un tal Kakuan, un maestro chino del siglo XII. Copiaré los textos tal como los leí en el libro.




 1. La búsqueda del toro
Por las praderas de este mundo, atravieso sin descanso los altos pastos en busca del toro.
Siguiendo el curso de ríos sin nombre, perdido en los senderos de montañas distantes,
Falto de fuerzas y exhausto, no puedo encontrar al toro.
Tan solo escucho a las langostas chirriar en el bosque durante la noche.

2. El descubrimiento de las huellas
En la orilla del río, bajo los árboles, ¡descubro las huellas!
Incluso sobre la hierba húmeda veo sus pisadas.
En lo más profundo de las más remotas montañas las he descubierto.
Estas señales no pueden ser ocultadas más que la propia nariz, cuando uno mira al cielo.

3. Percibiendo al toro
Escucho el canto del ruiseñor.
El sol es cálido, el viento es suave, los sauces reverdecen junto a la orilla,
Aquí, ¡ningún toro puede ocultarse!
¿Qué artista puede dibujar esa enorme cabeza, esos majestuosos cuernos?

4. Atrapando al toro
Consigo agarrar al toro tras una terrible lucha.
Su enorme poder y voluntad son inagotables.
Sube hasta el altiplano por encima de la neblina,
o permanece en un barranco impenetrable.

5. La doma del toro
El látigo y la cuerda son necesarios.
De otro modo podría perderse en algún camino polvoriento.
Si se le sabe adiestrar se convierte en un animal muy dócil.
Entonces, obedece a su amo sin trabas.

6. Montando el toro camino a casa
Subido en el toro, tranquilamente regreso a casa.
El sonido de mi flauta resuena en la tarde.
Midiendo con mi mano la armonía pulsátil, dirijo el inagotable ritmo.
Cualquiera que escuche esta melodía se unirá a mí.

7. El toro trascendido
En lomos del toro, llego a casa.
Estoy sereno. El toro también puede descansar.
El crepúsculo ha caído. En un reposo absoluto,
me desprendo del látigo y la cuerda, en el interior de mi morada de paja.

8. El toro y el yo son trascendidos
Látigo, cuerda, persona y toro, todos se fusionan en la Nada.
Este cielo es tan vasto que ningún mensaje puede mancharlo.
¿Cómo puede un copo de nieve existir en el rugiente fuego?
Aquí están las huellas de los patriarcas.

9. Alcanzando la fuente
Demasiados pasos han sido necesarios para volver a la raíz y la fuente.
¡Mejor haber estado ciego y sordo desde el principio!
Habitando la verdadera morada de cada uno, sin prestar atención al mundo exterior.
El río fluye tranquilamente y las flores son rojas.

10. En el mundo
Descalzo y con el pecho desnudo, me mezclo con la gente del mundo.
Mis ropas están rotas y llenas de polvo, y me siento en un estado de perpetua bienaventuranza.
No utilizo ninguna magia para prolongar mi vida;
Ahora, frente a mí, los árboles muertos cobran vida.

   "¡Qué onda con el torito!". Estaba intrigado. En aquellos tiempos yo no era muy aficionado a la lectura ¡tomé el libro sólo por los dibujitos! pero mi curiosidad me obligó a leer el libro completo. Sólo así pude entender que la historia era simbólica, el supuesto toro era en realidad nuestra propia mente, esa condenada aplicación llena de cambiantes filtros; hermosos y horripilantes, que muchas veces hacen difícil percibir en "mundo real".

   Nuestra mente, inquieta y de apariencia indomable, es la causante de "trastornos" como el mío, en la que el estado de enamoramiento llena la cabeza de corazones, avecillas cantoras y ositos gominola, no me quejo, es agradable ver el mundo con esos ojos; pero cuando todo acaba, llega otra vez el filtro Modo Compungido, más gris que antes.

   ¿Habrá alguna forma de controlar el constante picoteo de la mente, y contemplar el mundo sin verlo a través de su filtro? El budismo zen parece tener la respuesta: la meditación, aunque sus métodos me parecieron una tortura.



   Hay diversas formas de meditar, según parece, y aquel libro las describía. Una de la más complicadas y que me pareció digna de un monje Shaolín, de la película "Retroceder nunca, rendirse jamás 6", fue la de simplemente, sentarse, cerrar los ojos, y con tranquilidad y sin aferrarse a nada, estar a merced de la mente y su tiroteo de pensamientos.

   Según decían, luego de practicar este tipo de meditación, la mente, como el toro, se tranquilizará, tanto que se puede llegar a un estado de no-mente y de perdida de la individualidad; te conviertes en el espectador, el escenario y el actor, en el todo; con capacidad de ver ¡más allá de lo evidente! Algo así como ver divinidad hasta en una calle gris de la ciudad.

   "¡Es complicado, ni loco haría eso!", pienso ahora. De adolescente era más curioso y atrevido, ello me llevó a seguir un camino un tanto místico de limitada duración. Ese intento de "iluminación" quedó atrás, además habían otras formas más fáciles de "controlar" la cháchara mental, como la meditación enfocada en la respiración, en un mantra, en una acción o hasta en una relación sexual (sexo tántrico). 

   Al final, como me dijo alguna vez mi hermano mayor: "Así te vayas de viaje por el mundo, el cambio que quieres no llegará desde el exterior con bonitos paisajes y ciudades hermosas, el cambio que quieres vendrá de tu interior".

   Así que nada, saldré a mirar por la calle con otros ojos, aún si el filtro Odio Mi Ciudad, esté activo.

   Espera... ¿sexo tántrico?

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Inti Raymi. Mucho más que un evento turístico

Inti Raymi en Cusco

   Y llegó mi temporada favorita del año ¡el invierno! Sé que no a todos les entusiasma su llegada, especialmente a los que habitan la costa peruana, ya que es temporada de algunas enfermedades respiratorias, o hasta de algunos leves ataques de depresión por el gris y húmedo ambiente.

   Pero nos guste o no, el invierno ya está aquí, y aunque hoy es cada vez más difícil tener un invierno "decente" por el calentamiento global, más aún viviendo en una zona cercana a la línea ecuatorial, puedo asegurarte que el invierno llegó, y no importa que haga calor en junio.

   Si no tenemos bajas temperaturas, entonces, ¿cómo saber que el invierno ya está en tierras incas? ¡Fácil! sólo basta mirar el sol ¡¡¡pero espera!!! no directamente, no quiero que te quedes ciego. 

   Algo que la mayoría de nosotros hemos perdido, es nuestra curiosidad hacia los evidentes cambios que ocurren en el cielo todo el tiempo. Vivimos tan inmersos en nuestro mundo tecnológico que hemos olvidado algunos conocimientos básicos que en la antigüedad eran vitales para la supervivencia.

   Por ejemplo, te reto ahora mismo a salir a mediodía, reloj en mano, en un día extrañamente soleado, y fijarte en la generosa sombra que proyectas a un lado en el suelo ¿la viste? 

   Si hemos sido muy observadores durante el verano que pasó, habremos notado que a esa misma hora, y mientras nos sancochábamos al sol en la playa, no proyectábamos sombra alguna sobre la arena, bueno... quizá si somos poseedores de un vientre abultado aparecería alguna traviesa sombra, pero esta se hubiese proyectado perpendicularmente al suelo, y no de lado.

   ¿Y qué tiene que ver esto con el Inti Raymi? Vayamos por partes. Para empezar el Inti Raymi significa "Fiesta del Sol" en quechua, y es una celebración prehispánica que aún se realiza cada solsticio de invierno austral.

   Como todos sabemos, para los antiguos habitantes de estas tierras, el sol era considerado un dios, no sólo por lo majestuoso y poderoso que es, sino también porque es fuente de vida y de muerte.

   Una buena cosecha de papa, por ejemplo, es sinónimo de vida. En contraste, una mala temporada traía escasez, hambre y muerte. En algún momento, en la mente del antiguo hombre andino, las preguntas: ¿cuál será el momento ideal para sembrar?, ¿cuánto tiempo tendré que esperar antes que lleguen las lluvias? aparecieron, y la respuesta estaba en el cielo, en las estrellas, y en especial en el luminoso sol.

Chanquillo, Ancash, Peru
Chanquillo, un calendario al alcance de un cerro - (Ancash, Perú)

   En los albores de la civilización humana, una persona o grupo de personas, fueron capaces de percibir un notorio comportamiento del sol al alba y al ocaso. El sol parecía cambiar de posición en el horizonte. Un día salía y se ocultaba en un lugar, y tiempo después lo hacía en un sitio diferente, y así cíclicamente.

   Una muestra de esa curiosidad es Chanquillo, un conjunto de 13 torres de piedra construidas sobre un árido cerro, y alineadas de norte a sur. Estas torres marcan a la perfección el recorrido del sol (los solsticios y equinoccios), lo que da origen a las estaciones del año.

   He ahí entonces uno de los primeros calendarios de la gente que habitó estas tierras miles de años antes que nosotros y nuestros calendarios de papel con gatitos o mujeres de escasa ropa. Un conocimiento muy útil y confiable que les indicaba con exactitud el inicio de los diferentes cambios en el clima, y el ciclo de la vida.

   Pero aquellos movimientos del sol no sólo son evidentes en el horizonte, el cambio de la ruta solar es también percibida en toda la esfera celeste, es ahí donde entra el tema de las sombras.

   Si en verano no encuentras sombra a mediodía, es porque el sol, en su largo recorrido por el cielo, ha llegado al punto más alto y cercano al "ecuador celeste" (una línea imaginaria en el cielo), prácticamente tenemos al sol justo sobre nuestras atormentadas cabezas. 

   En invierno, el recorrido del sol se traslada hacia el norte del "ecuador celeste", y a mediodía éste no llega a estar tan alto en el cielo, provocando esas sombras oblicuas. Creo que el gráfico de abajo explica mejor lo que ocurre.

Inti Raymi

   Viendo el gráfico también es notorio que el recorrido solar por la "bóveda celeste" es más corto en invierno que en verano, lo que se traduce en días (horas de luz) más cortos, y noches más largas.

   ¿Qué causa esto? Hoy le preguntas a un científico, y te responderá que estos cambios son debidos al movimiento de traslación de la Tierra alrededor del sol, y al grado de inclinación del eje de rotación del planeta, pero miles de años atrás estos acontecimientos eran tomados con una mente más mística y religiosa.

   ¿Te suena navidad? Sí, aquella festividad pagana dedicada al sol que los primeros cristianos tomaron prestada para hacer más asimilable el cristianismo en la pagana cultura occidental. Bueno, el ritual de la navidad nació con los paganos, y al igual que allá, aquí en el sur, el sol fue para los antiguos pobladores americanos una importante divinidad.

   Y el invierno (21 de diciembre en el norte - 21 de junio en el sur) tuvo una importancia especial, ya que es el día en el que el sol "renace", es como una señal de mejores tiempos por venir. Por cierto, escribí hace mucho tiempo atrás sobre este tema, puedes verlo AQUÍ.

   ¿Debería el Inti Raymi ("celebrado" cada 24 de junio) ser una festividad de igual importancia que la navidad cristiana, y no sólo un teatro para turistas como lo es hoy? Yo creo que sí, parte de nuestra identidad como peruanos debe enfocarse también en nuestras creencias panteístas prehispánicas, que a diferencia del cristianismo y su dominio humano sobre la flora y la fauna, da a la totalidad de la Tierra un espíritu de divinidad que debe ser adorado y respetado.

   Después de todo, los antiguos tenían razón, pues la ciencia moderna nos ha mostrado que toda la tierra y nosotros mismos, provenimos de las estrellas.

   ¿Te animas a hacer un pago al sol para el próximo Inti Raymi?

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