¡Feliz Año 2018!, según el calendario gregoriano

Feliz Año Nuevo
Casco de protección contra los juegos artificiales marca Todinno
   Ya tengo entre mis manos el famoso y colorido almanaque del año 2018, sí, aquel calendario impreso que acostumbra a regalar el bodeguero de la esquina del barrio (abacero), después de realizar una rutinaria compra, que en mi caso fue, un kilo de arroz, medio kilo de lenteja, y un paquete de galleta de animalitos.

   Este almanaque irá a parar directo a la cocina, como tantos otros. Es gracioso observar el extraño pedazo de papel lleno de numeritos, que de algún modo, me llena de mucha esperanza, esperanza por las nuevas oportunidades que representa, pero quizá son sólo bonitas ilusiones sin fundamento.

   Si deseo cambiar el rumbo de mi vida, será necesario un cambio substancial en mí, no un cambio de almanaque, tampoco dependerá de un día en especial, el cambio empieza hoy mismo, si yo decido actuar ahora, claro está... pero ¡ya!, ¡qué esperas pues huevón, cambia!

   Si he de quejarme un poco, esta es la entrada propicia. Ummm veamos, el 2017 no ha sido el año que yo había imaginado. No viajé mucho (casi nada), no grabé mi EP con mis raras canciones, y no tuve muchos trabajos de redacción. Lo único sobresaliente fue el constante aumento de suscriptores del blog, una muy buena señal, que me motiva a seguir registrando historias de todo tipo, en este pequeño espacio carente de un sabor especial.

   Aún así, y siendo un fiel seguidor de este calendario gregoriano (el que usamos actualmente), no me queda otra que desearte a ti, mi estimado(a) lector(a), un
   
¡Feliz Año 2018!

   Que todos tus planes se concreten, y tengas muchos viajes, y principalmente da mucho, mucho, ¡musho Amorsh!

   Nos vemos del otro lado, muajajaja. 😆



PD: Bonne Année Carito! 💓

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Pajarero por un día. Poniendo a prueba mi paciencia


   Casi había perdido mi forma humana, o eso era lo que yo creía, al colocar sobre mi cabeza una vieja casaca de color marrón, a la que le había adherido algunas ramitas y hojas secas de un manzano, a modo de camuflaje.

   Con la tibia y soleada tarde en Paramonga, me sentía optimista, tanto, que el dolor y adormecimiento en las piernas, por andar en cuclillas durante varios minutos, no doblegó mi recién encontrado espíritu pajarero.

   Pero el tiempo corría, y los "objetivos" alados no daban señales de aparecer por ningún lado, ¿sería acaso una hora inadecuada para realizar esta "cacería" aviar urbana?, me pregunté.


   Media hora después, y sin tener éxito alguno, la idea de mandar todo al diablo comenzó a ganar terreno en mi mente. Inmóvil, vociferé entre dientes, mientras los voraces mosquitos ávidos de sangre que abundan en mi jardín, se daban un festín conmigo, y para empeorar la situación, mi plan era constantemente saboteado por mis dos inquietos cánidos domesticados, que daban vueltas sin cesar ladrando a cualquier cosa en movimiento.

   ¡Hey!, ¡¿acaso tienen pulgas metidas en el rabo?!, ¡quietos! ¡cállense!, ¡shhhhhh! ¡sentados ya!, les grité con firmeza al estilo "César Millán". No dio resultado. Parece que para mis perros, yo no soy el macho alfa.


    Quizá mi jardín no era el entorno adecuado para lo que trataba de hacer, o de alguna forma sobrenatural, las astutas aves sabían que estaba ahí, esperándolas, y no se dejaban engañar por mi burdo e improvisado disfraz de montículo de tierra con ramitas secas de manzano.

   Pero apelé a mi inteligencia, o algo parecido, y se me ocurrió abrir la llave del agua, porque sabía que los insectos salen por montones cuando riego el césped del jardín, y las aves son en su mayoría insectívoras, por lo tanto:

agua + insectos = abundantes pajarillos (¡vaya qué inteligente soy!)


   Casi instantáneamente, hormigas de todos los tamaños, escarabajitos, chanchitos de la humedad, insectos raros, arañas, grillos, cosas que parecían ciempiés, milpiés, un millón de pies, emergieron como un acto de magia, tuve que contener mi miedo para no salir corriendo de ahí.

   Y dio resultado. Apenas un par de minutos de espera, y las primeras aves comenzaron a llegar, posándose en lo alto del árbol de mandarina que estaba justo frente a mí.

   Pero las avecillas me miraban con desconfianza. Era comprensible, si yo hubiese sido una de ellas, me preguntaría: ¿qué es esa especie de cíclope marrón con hojas y ramas secas?, aguarda, ¿acaso dice Canon en su único ojo?


   Fue un reto moverme a la velocidad de las placas tectónicas para no levantar sospechas, muchas de ellas alzaron en vuelo antes de siquiera enfocarlas con mi modesto teleobjetivo, pero aún así tuve un relativo, éxito.

   Al final quedé tan sorprendido por la numerosa variedad de aves sólo en mi jardín, unas diez especies distintas esa tarde, que estoy pensando salir al campo para hacer lo mismo allí, mejor preparado, claro está.

   Por cierto, y te preguntarás: oye y ¿qué cosa es ser pajarero?, bueno, ese es un término que escuché de Guillermo Reaño, que significa ser un observador de aves.

   Una actividad que también se conoce como birdwatching, pero como no me gusta el inglés, prefiero la palabra del señor Reaño, "Pajarerismo", ¿te animas a registrar a las aves de tu zona?

¡Vamos, pajarea!

Pajarerismo - Birdwatching (Foto: Internet)



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Si aburrirte no quieres, danzar debes

Músicos en Upacá

   Sobre la superficie es un día cualquiera, un día más para vivir en automático, ¡tan predecible!, como un constante déjà vu que se repite y se repite, sobre las mismas polvorientas calles, mototaxis, y viejos buses llenos de la misma gente de conocido semblante sombrío...

   Las personas van y vienen presurosas, pero, ¿adónde irán?, ¿adónde vamos?

   Vivir mucho tiempo dentro de la propia mente no es bueno. Crear mundos imaginarios como refugio, en donde la emoción a flor de piel, y la creencia de que la vida es color de rosa, y ositos de gominola, es motivador... pero esta mundana realidad, ¡siempre me descoloca!

   ¿Es acaso la vida sólo una breve e insípida rutina?, ¿adónde fue a parar nuestro asombro por la misteriosa existencia?

   Quizá por eso me gustan tanto los viajes largos de bajo presupuesto, ellos revitalizan mi alicaído espíritu, y me permiten alejarme un poco de la "civilización" y sus cuadriculadas normas, conectándome a algo más grande, casi divino, más allá de cualquier estática religión. 

   Viajar me hace sentir que estoy de paso, sentir que no tengo arraigo a un único pedazo de tierra, pues el planeta entero es nuestro hogar, ¿no?

   Pero qué puedo hacer cuando no puedo viajar por un largo periodo de tiempo, ¿enloquecer?, ¿deprimirme?, ¿componer canciones?, o ¿aceptar la realidad y alinearme con lo que se considera "normal"?

   Es en esos momentos cuando recuerdo las palabras del señor Guillermo Reaño, casi como una voz reverberando en mi cabeza, al estilo Obi-Wan Kenobi, diciéndome: "No es necesario irse lejos para sentirse un forastero explorador, Luke... perdón, ¡Marco!, basta mirar con nuevos ojos tu alrededor, hasta un paseo por tu barrio se puede convertir en un emocionante viaje".

Shacshas de Upacá
Shacshas. Una buena forma de romper la rutina, ¡danzando!

    Fue así que cual obediente jedi, decidí probar este nuevo enfoque, era claro que debía de salir al exterior, e ir aunque sea a la esquina, porque encerrado entre cuatro paredes frente a la computadora escribiendo artículos para otros, no iba a descubrir nada motivador, pues la vida se desarrolla ¡allá afuera!

   Upacá era el lugar perfecto para poner a prueba las palabras del señor Reaño, ya que no es un lugar turístico, ni poseedor de una belleza paisajística impresionante. Además ya había recorrido sus contadas casas rodeadas de ondulantes cañaverales muchas veces.

   Debo de mencionar que mi vínculo con Upacá lleva forjándose hace sólo un par de años, por obra y gracia de Christian, el novio de mi hermana. Él creció allí, y tal vez sin este nuevo vínculo familiar, Upacá hubiese pasado desapercibido para mí, porque no soy muy devoto de los pueblos y paisajes de esta costa peruana de áridas estribaciones andinas.

   Conocía ya el ambiente sosegado y monótono de Upacá, que poco ha cambiado a través de los años, según me cuenta mi papá, que frecuentaba esta zona a mediados de la década de los setenta del siglo pasado, cuando trabajaba en la extinta Sociedad Paramoga.

   La única explicación que yo encuentro para esta especie de alteración del espacio-tiempo, es el casi nulo crecimiento demográfico. La mayoría de los upaquinos migran a otras ciudades donde encuentran mejores oportunidades para desarrollarse.

   Además, ¿cómo expandir el pueblo si todas las tierras son propiedad de una poderosa empresa azucarera?, literalmente los distritos de Paramonga y Pativilca les pertenecen, es como si hubiésemos vuelto a los años previos a la Reforma Agraria.

Poniéndole música al entorno

   Pero el upaquino en, o lejos de Upacá, no es ajeno a este sentimiento de hartazgo rutinario que hoy me domina, esto el algo propio de la vida sedentaria, se viva en el campo o en la ciudad, sea en Perú o en Francia. Esta es nuestra constante búsqueda para dale un sentido a la... ¿cómo llamarle? ¿vida? ¿la matrix? ¿existencia, breve sueño, alucinación?

Conectando con lo místico ¡moviéndose al son! 

   En Upacá, el "método" de ver con nuevos ojos lo cotidiano no me generó ningún efecto positivo, pero una actividad bastante común en cualquier festividad, sí que dio nuevos aires al ambiente, me refiero a: ¡la danza!

   Había llegado justo en plena festividad en honor a un santo cristiano, actividad que poco o nada me interesaba ver, viéndolo desde el lado cristiano. Sin embargo, lo interesante de estas festividades religiosas es notar su notorio sincretismo, pues a pesar de la forzosa conversión de los antiguos peruanos al catolicismo por parte de los conquistadores españoles, las creencias panteístas y politeístas andinas aún persisten, camufladas entre las cruces y los dioses judíos.

   Sólo hace falta estar presente unos minutos ante la frenética y rítmica danza de los Shacshas, para sentir una energía completamente distinta, una energía ancestral y rebelde diría yo, y aunque los danzantes ofrecen sus movimientos al santo, los orígenes y sonidos del tambor y la flauta pagana de los shacshas, se remontan a épocas preincas.

   Es fácil ver las incompatibles diferencias en estas festividades, por un lado se tiene el evento cristiano, caracterizado por su parsimonia y aires de "santidad", y al otro lado los desenfrenados latigazos, gritos, saltos y consumo de cerveza por parte de los shacshas.


Upacá (Pativilca) y los shacshas en acción
   
   Debo confesar que disfruté en demasía la atmósfera de los shacshas, tanto, que no sería mala idea unirme a su cuadrilla alguna vez si se presentase la oportunidad, pues conscientes o no, estos danzantes tienen el poder de hipnotizarnos, llevándonos hacia otras dimensiones.

   Además, ellos me hicieron querer ir a una huaca, o ir a la cima de un venerado Apu, para fortalecer este fuerte vínculo entre los seres humanos y la siempre equilibrada naturaleza,  y es que observando en lo profundo, es imposible ver rutina.


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No es un adiós, sino un viraje hacia un sol mayor


   Cuando el supuesto orden de tu vida de pronto se desvanece, tienes dos opciones, tomarlo por el lado amable como Chespirito, o sumergirte en la más espantosa desesperación. 

   Quizá sea necesario haber vivido algunas décadas para tener una conciencia clara sobre una característica de la vida que a mí personalmente no me gusta: su transitoriedad. 

   El país, la residencia, la familia, los amigos, la pareja, el trabajo... uno mismo, todo en algún momento desaparecerá. Hoy estamos, mañana quién sabe. 
   
   Lo sano sería aceptar la realidad y adaptarse a los nuevos retos que traen estos cambios, pero no todos somos capaces de hacerlo. Algunos ¡hola! quedan rezagados y perdidos en esta inacabable marcha.

   ¡Pero vamos! tenemos que tomarlo desde el lado amable. Lo positivo de estos cambios es que son oportunidades para aprender a la mala y con palo, para resurgir de entre las cenizas.

   Por ejemplo, hoy me toca despedirme de Lima, ciudad a la que llegué el 2003 con el propósito de hacer de ella, el centro de mi mundo, en donde instalaría mi "nido" permanente, pero ¡uf! ¡mucha agua ha corrido bajo el puente desde entonces!

   Hoy mis buenas y malas decisiones me han dejado en una encrucijada difícil pero interesante. 

   Este blog y los viajes, han sido una gran ayuda para mí, y me han llevado por caminos que jamás pensé recorrer, y en ellos he encontrado a personas que han aclarado muchas dudas que venía cargando hace un tiempo.


Con el Maestro y viajero empedernido, Guillermo "Wili" Reaño, aclarando dudas del blog

   Una de esas dudas es el dinero, tan necesario para sobrevivir en esta sociedad, pero que muchas veces nos aleja de nuestras naturales vocaciones.

   Quién cuando joven no ha tenido sueños y metas locas para la vida, que con la llegada de la "madurez" se han convertido en simples pasatiempos o han quedado en el olvido, para ser cambiados por trabajos en los que se odia el lunes y se salta en un pie los viernes.

   Sé que hay gente habilidosa que es capaz de unir ambas cosas, y pagar los gastos mundanos con sus "rentables" sueños, y tener la libertad de hacer con su tiempo lo que se le antoje.

   No es mi caso aún, pero el camino musical que he decidido tomar, y que apenas he empezado a recorrer, me llena de optimismo para poder unir mis sueños, mi libertad en el espacio-tiempo, y los gastos "terrenales".

   Pero no voy a olvidar lo que he construido aquí, este blog seguirá siendo un diario de viajes, en el que tengo libertad de escribir desde una aventura en la selva, hasta reflexiones tan complejas como: ¿por qué el Facebook no tiene una sola aplicación que permita también chatear en el celular?

   Pronto te estaré contando las novedades que ando preparando, y espero puedas acompañarme en esta otra faceta estimado lector. Muchas gracias de antemano.

   Y si hay algo que pueda decirte como consejo es: Si hay una actividad que realices con facilidad y que te cause felicidad, pues busca la manera de hacerla tu actividad principal que te permita vivir de ello.

Un abrazo.

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