Pajarero por un día. Poniendo a prueba mi paciencia


   Casi había perdido mi forma humana, o eso era lo que yo creía, al colocar sobre mi cabeza una vieja casaca de color marrón, a la que le había adherido algunas ramitas y hojas secas de un manzano, a modo de camuflaje.

   Con la tibia y soleada tarde en Paramonga, me sentía optimista, tanto, que el dolor y adormecimiento en las piernas, por andar en cuclillas durante varios minutos, no doblegó mi recién encontrado espíritu pajarero.

   Pero el tiempo corría, y los "objetivos" alados no daban señales de aparecer por ningún lado, ¿sería acaso una hora inadecuada para realizar esta "cacería" aviar urbana?, me pregunté.


   Media hora después, y sin tener éxito alguno, la idea de mandar todo al diablo comenzó a ganar terreno en mi mente. Inmóvil, vociferé entre dientes, mientras los voraces mosquitos ávidos de sangre que abundan en mi jardín, se daban un festín conmigo, y para empeorar la situación, mi plan era constantemente saboteado por mis dos inquietos cánidos domesticados, que daban vueltas sin cesar ladrando a cualquier cosa en movimiento.

   ¡Hey!, ¡¿acaso tienen pulgas metidas en el rabo?!, ¡quietos! ¡cállense!, ¡shhhhhh! ¡sentados ya!, les grité con firmeza al estilo "César Millán". No dio resultado. Parece que para mis perros, yo no soy el macho alfa.


    Quizá mi jardín no era el entorno adecuado para lo que trataba de hacer, o de alguna forma sobrenatural, las astutas aves sabían que estaba ahí, esperándolas, y no se dejaban engañar por mi burdo e improvisado disfraz de montículo de tierra con ramitas secas de manzano.

   Pero apelé a mi inteligencia, o algo parecido, y se me ocurrió abrir la llave del agua, porque sabía que los insectos salen por montones cuando riego el césped del jardín, y las aves son en su mayoría insectívoras, por lo tanto:

agua + insectos = abundantes pajarillos (¡vaya qué inteligente soy!)


   Casi instantáneamente, hormigas de todos los tamaños, escarabajitos, chanchitos de la humedad, insectos raros, arañas, grillos, cosas que parecían ciempiés, milpiés, un millón de pies, emergieron como un acto de magia, tuve que contener mi miedo para no salir corriendo de ahí.

   Y dio resultado. Apenas un par de minutos de espera, y las primeras aves comenzaron a llegar, posándose en lo alto del árbol de mandarina que estaba justo frente a mí.

   Pero las avecillas me miraban con desconfianza. Era comprensible, si yo hubiese sido una de ellas, me preguntaría: ¿qué es esa especie de cíclope marrón con hojas y ramas secas?, aguarda, ¿acaso dice Canon en su único ojo?


   Fue un reto moverme a la velocidad de las placas tectónicas para no levantar sospechas, muchas de ellas alzaron en vuelo antes de siquiera enfocarlas con mi modesto teleobjetivo, pero aún así tuve un relativo, éxito.

   Al final quedé tan sorprendido por la numerosa variedad de aves sólo en mi jardín, unas diez especies distintas esa tarde, que estoy pensando salir al campo para hacer lo mismo allí, mejor preparado, claro está.

   Por cierto, y te preguntarás: oye y ¿qué cosa es ser pajarero?, bueno, ese es un término que escuché de Guillermo Reaño, que significa ser un observador de aves.

   Una actividad que también se conoce como birdwatching, pero como no me gusta el inglés, prefiero la palabra del señor Reaño, "Pajarerismo", ¿te animas a registrar a las aves de tu zona?

¡Vamos, pajarea!

Pajarerismo - Birdwatching (Foto: Internet)



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