Cuando le dices a tu mamá que te vas de viaje


   "Mamá, ¡me alisté al ejército sirio!, ¡iré a la guerra en Oriente Medio!, deséame suerte... ¿mamá?, ¿mamá estás bien?" Sí, esas son las palabras que mi santa madre pareciera escuchar cada vez que le cuento mis planes de viaje de bajo presupuesto por el Perú.

   "¿Tirar dedo?, ¿acampar?, ¿y si te roban? ¿Couchsurfi... qué?, ¿tocar guitarra en la calle?, ¿irás con alguien más?, ¿sólo será por una semana?, ¿por qué no usas el bus?, ¡recapacita hijito!"

   La exagerada reacción de mi preocupada madre no novedad para mí, pues cada vez que parto ella cree que moriré por ahí,  y no importa si ya soy todo un macho incaico de pelo en pecho, para ella siempre seré su pequeño y engreído bebé, y más aún siendo el menor de sus hijos.

   He tratado de comprender el punto de vista de mi madre, pero creo que jamás podré entrar en sus amorosos zapatos, porque nunca sabré lo que es traer al mundo a una nueva vida desde las entrañas. 

   Creo que este fuerte vínculo casi telepático que mi madre tiene conmigo y mis hermanos, es un superpoder reservado sólo a las mujeres que han parido.

   Sabes, mi santa madre no se caracteriza por ser una gran viajera, al contrario, sé que a ella le desagradan medianamente los viajes. Prefiere una vida tranquila y sin sobresaltos geográficos o culturales. Lo único capaz de motivarle a salir de viaje es ir a un concierto, o un festival de música. 

   "¡Para qué arriesgarse a viajar por lugares desconocidos teniendo la inseguridad actual, hijo!", me advierte.

   Sé que es inquietante ver a alguien a quien amas dejar atrás su engañosa "burbuja de seguridad", los territorios desconocidos siempre generar miedo y preocupación, más aún en estos tiempos, cuando la prensa se ha encargado de volvernos desconfiados hasta de nuestra propia sombra, pues sólo muestran historias del peor lado del ser humano.

   Sin embargo, sin querer, mi mamá me enseñó a ser bastante confiado, ella y yo creemos demasiado en la buena fe de la gente. Tan fuerte es nuestra confianza que a veces ambos rozamos la ingenuidad. Tal vez sea una característica un tanto arriesgada para un viajero, pero a la vez muy necesaria, sino vería a cada persona en la ruta como potenciales delincuentes.

   Yo puedo dormir en carpa, comer en los "agachaditos", enfermarme, enfrentarme a ladrones, sobrevivir con poco dinero, andar famélico y soportar cada cosa extrema que puede ocurrir o no durante un viaje de bajo presupuesto.

   Lo difícil siempre será despedirme y dejar preocupada a mi madre con esa mirada que me ruega por quedarme por mi seguridad. ¡No preocupes Ma! 

   No importa el tipo de madre que uno tenga. La mía es algo sobreprotectora, pero si fuera una mujer viajera y aventurera me sentiría igual, porque aunque nuestra madre dé la impresión de ser comprensiva y abierta, en el fondo se le estrujará el corazón de la preocupación cuando tú o yo partamos mochila al hombro por el mundo.

   Últimamente he visto muchos avisos en la Internet de preocupadas madres que buscan a sus hijos viajeros perdidos quién sabe dónde. A unos cuantos, por desgracia, sí les llega a ocurrir algo malo, pero la mayoría son falsas alarmas, pues al desconsiderado "bebé" se le olvidó llamar a casa.

   Por favor, si vamos a salir de viaje largo por nuestro país o por Sudamérica, primero debemos de detallar nuestros planes aproximados, y tratar de tranquilizar a nuestra progenitora. Luego durante el viaje, no debemos perder la comunicación con el "nido".

   La frecuencia de llamadas o los mensaje por la Internet se deben acordar previamente. Una vez cada 2 semanas es un buen lapso de tiempo, ¡pero siempre debemos cumplir lo pactado!

   Si eres muy joven y crees que tu madre no te comprende o es demasiado cerrada con respecto a tus sueños nómadas, recuerda que mientras vivamos, no encontraremos a otra persona en el mundo, con tanto amor para nosotros, como nuestras madres..

   A veces no nos damos cuenta de su entrega y sacrificio desinteresado, que a veces ni lo merecemos. A ella no le importa si eres ingrato, o si eres rebelde, o si eres un hombre de 50 años. Una sonrisa siempre se dibujará en su cálido rostro cada vez que ella te vea de regreso, y muy seguro te preguntará: ¿cómo estás?, como tratando de protegerte aún, pues a través de sus ojos, siempre serás para ella ese niño travieso que alguna vez fuiste.

Dia de la madre
Con mi madre santa

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2 comentarios:

  1. Brother hola, te leo hace un tiempo pero aun no había comentado nada. Este post lo merece, talvez lo mas dificil de irnos de viaje es muchas veces ver la mirada de nuestras madres cuando nos dejan ir pero a la vez quieren retenernos a su lado. Lo viví cuando estuve fuera de casa un mes por Europa y si, llamaba más a mi madre que cuando estaba en Lima. Un saludo y buenas vibras en los viajes!

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    1. Hola Elvis.

      Gracias por tomarte el tiempo de leer y comentar la entrada.

      Y sí, siempre es difícil despedirse de la mamá en los viajes o en cualquier situación en la que salgamos de lo que se considera "nuestro mundo seguro", si mi madre pudiera, me contrataría guardaespaldas jajajaja.

      Un saludo a tu madre y buenas vibras también. :)

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