Tarapoto, ¿ya fuiste a la Anaconda?

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   Antes del 2010 yo no tenía la más mínima idea de lo que era estar en la selva. Sabía de su existencia por los libros de geografía del Perú en mi época escolar. En esos libros la selva era descrita como una región calurosa, húmeda y llena de exótica flora, fauna y poblaciones nativas, pero nada más. 

   Con esa información, llegué a pensar que la selva peruana era un lugar salvaje, como en las películas de Tarzán con Johnny Weissmüller, pero sin leones, ni elefantes, ni Chita la mona, ni una sensual Jane.

   Mi padre también me dio algunas pistas, él conocía algunas ciudades de la selva y mencionó una característica de esta región que para mí no fue nada agradable: "En la selva hay abundantes mosquitos chupa sangre, arañas, culebras y todo tipo de insectos que se meten dentro de las camas"

   —¡Ah no! ¡jamás iré a un sitio así! —pensé, y no porque le tuviera fobia a los insectos, pero prefería no verlos cerca de mí.

   Otra pista sobre la selva me la dio la televisión basura. Según ésta, la gente selvática era bastante risueña y fiestera, intuía que aquello era quizá un estereotipo, pero cómo saberlo viviendo en la gris Lima.

Tarapoto, ciudad de las motos

   Cargado con todas esas cosas en la cabeza llegué a junto a Caroline, a la ciudad más poblada del departamento de San Martín, Tarapoto, ubicada en plena selva montañosa. Nuestra improvisada visitar se dio después de recorrer por tierra la frontera con el Ecuador pasando por la remota y poco atractiva ciudad de Bagua.
   
   Llegamos a Tarapoto aproximadamente a las 7 de la noche, la ciudad parecía ser muy tranquila, no había trafico vehícular por sus calles y apenas si había gente. Su plaza principal no tenía casi actividad, y las pocas motos y mototaxis apenas se dejaban ver. Las calles en general mostraban un ambiente algo aletargado, ¿y dónde están las fiestas y el jolgorio que había imaginado?


Mototaxi en Tarapoto
Las mototaxis nos daban una buena protección contra el sol
   
   El primer mito selvático que se desvaneció esa noche en Tarapoto fue la de los insectos, no existen hordas de mosquitos e insectos vampiro tratando de beber sangre. Ni siquiera teníamos mosquiteros en los cuartos del hospedaje, no había necesidad, ningún insecto hematófago se hizo presente, sólo mariposas y otras extrañas e inofensivas especies aladas.

   Lo que si noté fue el benigno clima a esas horas, podía estar casi calato (desnudo) y no sentir nada de frío, ¡eh hooola! ¡estás en la SELVA tontuelo!, ¡lo sé! pero tampoco sentí calor, era el clima perfecto, como para salir a pasear sin rumbo fijo hasta el amanecer, pero debíamos de reponer fuerzas e ir a dormir.

   ¡Oh que rico son los amaneceres en la selva! Seis de la mañana y yo había despertado con la energía al máximo, y con unas ganas de salir a buscar aventuras en la selva. Todo genial a esas horas. Las calles aún vacías y con muchos locales en los que ofrecen diversas opciones para desayunar frugalmente o comer el riquísimo juane, por cierto, me volví adicto a él, lo confieso.

   11:40 de la mañana, plaza principal de Tarapoto. ¡Al diablo con lo que escribí anteriormente! Tarapoto es un infierno insoportable. El sol está maldito a esa hora y la tranquilidad de la mañana ahora es una avalancha de ruidosas motos y mototaxis. ¡Debo controlarme para no enloquecer!, pero antes debo averiguar si las motos son mas baratas aquí pues ¡todo tarapotino tiene una! ¡y muy buenas motos caray!

"Duchas" naturales

   Ya no recuerdo el nombre del joven y amable mototaxista que nos trajo de vuelta al hospedaje desde el mercado principal de la ciudad. Su nombre era algo como Washington, William, Wellington o algo así. Por cierto, fue curioso notar que en Tarapoto los nombres de las personas frecuentemente son apellidos o nombres ingleses, pero bueno, llamaré a nuestro fugaz amigo, Wellington, se acerca más a lo que recuerda mi frágil memoria. 

   Él fue quien no ayudó a conectar con la ciudad, dándonos muchos datos sobre las costumbres y lugares de interés de la ciudad. Su peculiar acento selvático le daba un toque amistoso, que causó simpatía en Caroline, y fue con ese acento que nos preguntó:

¿Y ya fueron a la Aaanacooonda? 
¿qué es eso? —le pregunté.
¡una discoteeeca! respondió sonriendo con la intención de invitarnos.

   Mostramos poco interés, ya que no teníamos ganas de salir a juerguear, el sol nos había "extraído el alma", pero ya me iba percatando del espíritu fiestero de los tarapotinos. Pues no sólo Wellington nos invitó a aquella discoteca aquel día, sino toda persona con la que nos cruzamos en la calle, "¿amigos ya conocen la Anaconda?", era la pregunta que no podía faltar. Quizá en aquel año era la discoteca de moda, no lo sé, espero siga funcionando para ir a bailar si regreso algún día.


Catarata de Guacamaillo Tarapoto
Wellington, si es ese tu nombre y ves esto GRACIAS compadre :)

Una extraña planta, "Resentida" la llaman :D

   "Wellington", se ofreció a hacernos un recorrido por los alrededores de Tarapoto en su mototaxi a sólo 60 soles. Su idea era llevarnos a tres de las más famosas cataratas de la zona (aunque estrictamente hablando son cascadas). Era una buena opción, porque necesitábamos enfriar nuestros atormentados cuerpos del calor del mediodía, porque en esta ciudad casi no hay piscinas públicas, y bueno, teniendo estas bonitas cataratas para qué piscinas ¿no? 

   Las elegidas para el improvisado "tour" fueron: La catarata de Ahuashiyacu, la de Huacamaillo y catarata La Unión.

La catarata atiborrada 

   La catarata de Ahuashiyacu es la más visitada por los lugareños y turistas Esta se encuentra dentro del Área de Conservación Regional Cordillera Escalera, y a diferencia del resto de Tarapoto, por aquí hay muchos árboles que forman espesos bosques. Tuvimos suerte de ver algunos árboles en plena colorida floración, colorido evento que les hace destacar entre el uniforme verde selva, ¡completamente encantador!

   Honestamente les confieso que lo que más me gusto de este destino fue ¡el camino!, porque al llegar a la catarata el encanto de la selva desapareció por la gran cantidad de turistas semidesnudos que pululaban en cada rincón... ¡sí! soy huraño... y tímido para mostrar mi hercúleo cuerpo ante todos esos desconocidos.


Tarapoto
Yendo para Ahuashiyacu

Tarapoto
Tarapoto a lo lejos

Camino a Ahuashiyacu
Entrando al área de conservación regional Cordillera Escalera

Tarapoto Peru
Foto para la posteridad

Catarata Ahuashiyacu
Ahuashiyacu llena de gente

   No estuvimos mucho tiempo, sólo nos mojamos un poco y regresamos. Yo estaba bastante avergonzado mostrando mi "pecho de gato" a los extraños, quizá me faltaba un trago para desinhibirme un poco, y fue lo que hize, pues vendían unos exóticos tragos cerca a la catarata.

   Bebimos un 7 Raíces, un trago típico de la selva. Dicen que es afrodisíaco. No sé si fue sugestión pero esa mezcla sí que funciona ¡ya sabes de lo que hablo! ¡super recomendado muchachos y muchachas!

Las aguas sensuales
   
   La tarde era joven aún, y quedaba tiempo para conocer otra catarata de nuestra lista, y Wellington nos llevó a la mini catarata, La Unión. Un lugar menos impresionante y menos vistoso, pero muy tranquilo, y aunque ya no hacía tanto calor, fue delicioso nadar un rato en las pequeñas pozas naturales mientras una pequeña catarata nos hacía "hidromasajes" en la espalda.

   La noche cayó rápido, y las fragancias de la selva se hicieron más notorias al finalizar aquel acuático día a la afueras de Tarapoto. Por poco y nos salen branquias, pero no es problema aquí, se puede andar todo el día mojado y "calato" y no pasa nada. Si hiciese eso en Lima seguramente ya estaría con una bronconeumonía fulminante.


Cascada la Unión Tarapoto
Dentro de una pequeña cueva en La Unión ¡oh que recuerdos!

Cascada la Unión Tarapoto
La Unión

Cruzando ríos en Huacamaillo

   Al siguiente día la situación se tornó un poco más salvaje. Nuestro objetivo, la catarata de Huacamaillo, un lugar que toma algo de esfuerzo llegar. 

   Primero fue necesario ir a un caserío donde Wellington dejó su mototaxi, y de allí todo el camino fue a pie, atravesando campos de cultivo, caminos fangosos, pastos altos, ríos torrentosos que casi nos arrastran, y finalmente una breve caminata dentro de la tupida selva semi virgen. 

   Huacamaillo es un lugar mucho más interesante que Ahuashiyacu, pues no es muy frecuentada. Además tiene un ambiente un poco místico por estar oculta y en medio de una penumbra cambiante. Los pocos rayos del sol que logran penetrar el denso bosque crean en esa zona unos misteriosos haces de luz que junto a las enormes mariposas azules que suelen volar por ceca a la catarata, dan el marco perfecto para un día de chapoteo mágico. 

   Y nuestra visita fue como un sueño, aunque claro, una vez en el agua la realidad golpea fuerte, porque el agua de esta catarata es polarmente gélida...  brrrrr ¡delicioso!

Rumbo a la catarata de Huacamaillo
Camino a Huacamaillo ¡espérame pe Wellington!

Catarata de Huacamaillo
Catarata de Huacamaillo

Catarata Huacamaillo
Deliciosa agua, pero muy fría

Catarata Huacamaillo
Nuestro almuerzo ¡broma! luego la regresamos al agua

Reflexiones finales

   Tarapoto fue mi primera experiencia con la selva peruana, y aunque no fuimos a la Anaconda, pude notar que esta ciudad es una de las más alegres del Perú, y su gente, ¡su gente por dios!, es amable, extravertida y sonriente en exceso... no sé... se respira algo diferente aquí. 

   Tan fuerte es la selvática atmósfera, alocada y desinhibidora, que nadie se salva de su influencia. ¿Por qué lo digo? Bueno, porque los días que estuvimos en Tarapoto, Caroline y yo enloquecimos un poco. No contaré qué locuras hicimos, me censurarían el blog. Lo gracioso fue que no fuimos conscientes de ello en el momento, sino al regresar y recordar los detalles del viaje meses después. Dijimos algo como: ¡¡¡¿qué carajo nos pasó?!!!

   Espero puedas experimentar esas sensaciones que sólo la selva peruana y en especial Tarapoto te puede ofrecer. Sí, nosotros fuimos a fines de diciembre, justo cuando Papa Noel y sus renos, hartos del frío polar, vinieron a pasar la navidad.

Papa Noel en plaza de Tarapoto
11 de diciembre ¿Papa Noel en la Plaza de Tarapoto? Sí.



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