Montañita y Puerto López, desenfreno y paz

La historia viene de AQUÍ 

   Mi primer contacto con Ecuador fue un rotundo éxito. Gente amable, deliciosa comida, cálido clima y toda una nueva cultura por conocer, y como suele suceder en los viajes, las anécdotas no se hicieron esperar, como la tensa situación por la que pasé por culpa de un ecuatoriano que hizo trizas mi orgullo de macho incaico. Todo ocurrió dentro del bus que nos llevó a la popular y desenfrenada Montañita.

   Como mencioné en la anterior entrada, todos mis prejuicios contra los ecuatorianos iban cayendo de a pocos al ir conociendo el país. Mi loca idea del supuesto odio hacia los peruanos parecía ser mentira. Los guayaquileños nos habían tratado tan bien que fue difícil abandonar la ciudad.

   Pero a veces aparece esa persona que malogra todo, como aquel ecuatoriano mala onda en el bus que mencioné al inicio. ¿Cuál fue el problema?, pues el hombre se sentó junto a su pareja en nuestros asientos, ¡y eran asientos numerados!

   Yo suelo ser muy calmo, confío mucho en la buena voluntad de las personas, por eso traté de dialogar cordialmente con él, pero el susodicho me respondió con una mirada asesina espetando en tono amenazante: "¡No, estos son mis asientos!" 

   Y bueno, para qué iba a contradecirle, ¡el semblante del fornido tipo era de temer!, así que no hubo otra opción que agachar la cabeza e irme a sentar a otro lugar. Lo peor fue aguantar la vergüenza, porque había quedado como un debilucho frente a mi novia que me decía: "¡Marco! ¿por qué no le enseñaste los boletos con los números de nuestros asientos?"

Montañita, el hermano gemelo de Máncora

   La breve desazón quedó en el olvido rápidamente, además nos esperaban días de relajo en la exótica playa de Montañita, que por cierto, tiene gran similitud con el pueblo de Máncora en el norte del Perú. Y es que son muy similares, la geografía del lugar, la amplia playa, las casas rústicas, los abundantes hospedajes, bares, discotecas y ese tipo de cosas, además de turistas que recorren sus calles, mayormente gente que gusta de irse de juerga, es decir harto alcohol, drogas, sexo y rock and roll.

   Ni Caroline, ni yo, somos de frecuentar lugares así de movidos. Así que nuestra estancia fue breve, llegamos por la tarde y decidimos partir al siguiente día a mediodía. 

   Nuestra única experiencia de valor que tuvimos fue en el modesto hospedaje donde nos alojamos. El dueño era un señor de unos 50 años de edad, que no disimulaba su curiosidad por nosotros. 

   Fue conmovedor cuando a mitad de la charla el señor nos contó con nostalgia y algo de tristeza, una breve reseña de la historia de Montañíta.

   Nos dijo que décadas atrás, Montañita sólo era un sencillo pueblo de pescadores, donde la vida trascurría pacíficamente. Pero todo cambió cuando solitarios y aventureros surfistas extranjeros llegaron al pueblo, ¡fue su perdición!, ellos vieron las buenas olas y el bonito ambiente de Montañita y ¡pum!, ¡los chismes viajan rápido!, pues con el paso de los años llegaron en masa tantos turistas extranjeros que hoy no queda nada del pueblo que alguna vez fue.

Montañita Ecuador
Montañita, eran como las 3 pm pero parecía 6pm (Foto: CLD)

   Aquel año el clima estaba algo extraño, los mismos pobladores nos lo dijeron y se notaba. Cuando imaginaba Ecuador siempre venía a mi mente la imagen de un lugar tropical con muchísimo sol, pero en casi todo el viaje por la costa ecuatoriana, el cielo estuvo cubierto por densas nubes, a veces tanto que el cielo asemejaba al de la gris Lima, con la única diferencia que en Ecuador hacer calor, felizmente.

   Aquella nublada tarde la aprovechamos para ir a la playa, lo más lejos posible de la gente, pero para ese entonces yo no sabía nadar, y la combinación de olas de regular tamaño más el sutil friecito que se iba sintiendo, hicieron que desistiera a entrar al mar, dejando las "clases" de natación para otro día y lugar.

   Ya por la noche y para despedirnos de Montañita, nos unimos al "espíritu" del pueblo, y habiendo tantos sitios donde ofrecían bebidas alcohólicas, pues tomamos algunas. Esa noche bebí un enorme vaso de Pisco Sour con pisco chileno, preparado por un risueño ecuatoriano, que se divertía al ver mi reticencia, y cierto enojo, al beber aquel producto hecho en Chile. Ya limaremos asperezas con ustedes hermanos del sur.


Montañita, Ecuador
Montañita, Ecuador

El encantador Puerto López

   Fue en Puerto López (a 35 km al norte de Montañita) donde Ecuador empezó a mostrarse como un lugar bastante exótico. Algo completamente distinto a lo que estaba acostumbrado a ver en mi país. Poseía abundante vegetación muy cerca a la playa, el agua del mar era cálida y de color turquesa, habían piqueros pata azules, iguanas que rondaban por ahí, animalitos marinos caminando por la arena, y a diferencia de Montañita, el ambiente en Puerto López es más sosegado, tenía más el carácter de un pueblo pesquero que de un sitio bohemio.

   Los hospedajes en la zona son bastante buenos y baratos. Nosotros encontramos uno de 10 dólares con baño propio y lavandería, no recuerdo el nombre sino lo recomendaría sin dudar.

   Puerto López tiene una encantadora playa, sus aguas son más tranquilas, aunque no tanto como para atreverme a entrar más allá del último cangrejito en la orilla.

Puerto Lopez Ecuador
Puerto López desde un mirador (Foto: CLD)

Iguana, Puerto Lopez, Ecuador
Una iguana que encontramos en el camino (Foto: CLD)

Puerto Lopez Ecuador
Sólo al atardecer se despejaba un poco (Foto: CLD)

   Cerca al pueblo hay muchos lugares para visitar, el más cercano y de fácil acceso, es Los Frailes, una zona natural que pertenece al Parque Nacional Machalilla, lugar en donde sobrevive uno de los pocos bosques secos ecuatoriales que antes se extendían hasta el norte del Perú.

   Caminando lentamente por toda la ruta demoramos unas 2 horas por un sendero que atraviesa el bosque y que tiene salidas a muchos miradores naturales y acantilados. El sendero termina en una solitaria playa de una extraña arena negra de origen volcánico. Fue lo más raro que vi ese día, que estuvo nublado, pero con una temperatura elevada, ¡Oh, si hubiese sabido nadar me metía al mar! ¡y calato!

Puerto López Ecuador
Entrada a Los Frailes (Foto: CLD)

No es un efecto, habían algunos árboles verdes entre tanta sequedad (Foto: CLD)

Puerto López Ecuador
Partes del sendero daban a acantilados (Foto: CLD)

Bajando a la playa (Foto: CLD)

Arena negra en la playa Los Frailes (Foto: CLD)

Hacía calor y yo con esos ropajes, felizmente me cambié luego (Foto: CLD)

   Al terminar toda la ruta, y como nos sentíamos con energía, decidimos continuar adelante con dirección sur tomando la carretera, no teníamos idea hacia donde nos llevaría el camino. Fue así que llegamos a un pueblo llamado Salango, que también tiene una bonita y amplia playa, pero estaba completamente desierta. Tuvimos un poco de precaución por la presencia de 2 hombres sospechosos en uno de los extremos de la playa, pero sólo estaban pescando por las rocas.

   Al bajar, lo que más nos llamó nuestra atención fue la gran cantidad de aguamalas varadas en la orilla, yo tuve que colocarme las sandalias otra vez, pues era desagradable pisarlas, eran como extraterrestres gelatinosos.

   Mientras miraba sorprendido esas cosas, un desconsolado lloriqueo perruno llegó a nuestros oídos. A lo lejos, pudimos ver a un perrito al parecer perdido o abandonado a su suerte dentro de una caja. Lo recogimos, y por un momento casi se convierte en nuestro compañero de viaje. Lo llamé Salango (¡que original!) y al llegar al pueblo, preguntamos si tenía dueño, pero nadie dio razón. Felizmente al final, una niña junto a su madre lo adoptaron voluntariamente. Realmente espero que le esté yendo bien a Salango en Salango.

Llegando a Salango (Foto: CLD)

¿Aliens? No, aguamala por doquier (Foto: CLD)

El destino nos llevó a "Salango" espero le haya servido y hoy esté grande y poderoso (Foto: CLD)

   Otra actividad que se pueden realizar en Puerto López son las paseos a la Isla de La Plata, "El Galápagos de los Pobres" según los encargados del tour.

   Como ya mencioné, en aquel momento yo no sabía nadar y le temía mucho al mar. Cuando empezaron a describir el recorrido a la Isla de La Plata, de casi 2 horas de duración sólo de ida, que incluía buceo y snorkeling, mi novia, una mujer extremadamente acuática, se entusiasmó enormemente, ¡hasta le brillaban los ojos! y casi llegó al "orgasmo" cuando le dijeron que bucearía junto a tortugas marinas. Si la hubieron visto... ¡su rostro era placer puro! En contraste, el mío mostraba pavor, cuando aceptamos tomar el tour.

   El recorrido se realizó al día siguiente, muy temprano por la mañana. Yo estuve tiritando largo tiempo mientras esperábamos la hora indicada, no hacía frío, era el miedo, que aunque fuerte, no llegó a ganarle a mi curiosidad.

   Nos embarcaron en una lancha de regular tamaño, parecía segura, y lo fue, porque después de 2 horas de andar rebotando y yendo de aquí para allá, llegamos vivos y coleando a tierra. Felizmente nadie se mareó, no me gusta ver gente verde botando el alma por la boca.

Isla de La Plata Ecuador
La Isla de La Plata, al fondo la lancha que nos trajo

Isla de La Plata Ecuador
Feliz de estar en tierra firme, aunque sea una isla

Isla de La Plata Ecuador
Avecilla posando sensualmente para mí

   Todas las personas que iban con nosotros bajaron a tierra para recorrer la isla, mi novia fue la única que se quedó en la lancha para irse a otro lugar a bucear y ver tortugas marinas, créeme que la envidio por eso.

   El tour por la isla duró más de 2 horas, en ella vi la misma vegetación seca que hay en Los Frailes, lo curioso allí es la gran cantidad y variedad de piqueros, en especial de piqueros patas azules, que están tan acostumbrados a ver gente que uno puede pasar a milímetros de ellos y ni se inmutan. También fue gracioso escuchar los ruidos que emiten estas aves, asemejan a los silbidos de mis amigos en épocas escolares.

Isla de La Plata Ecuador
Piqueros charlando

Piqueros Patas Azules

Acantilados en la Isla de La Plata

   Luego de horas de caminata, me entraron unas ganas de ahogarme en el mar por el intenso calor y el cansancio. Abordamos la lancha otra vez para practicar el snorkeling. Nos alejamos un poco de la isla para ello.

   Las cristalinas y cálidas aguas del mar ecuatoriano, llenas de peces de colores, son una tentación. La mayor parte de la gente en la lancha decidió chapotear en sus aguas. Verlos nadar, sonreír y ser tan felices me animó a unirme al jolgorio. Nadar parecía tan fácil, pero me asusté al no ver el fondo, y mi instinto de supervivencia hizo que mis manos se "soldaran" fuertemente a la escalera del bote cual percebe. Nunca estuve tan aterrado.

   Logré ver algunos peces en esas cristalinas aguas, pero mi atrevimiento no duró mucho, pues una aguamala azul pasó uno de sus sensuales tentáculos por una de mis piernas y ya saben lo que pasa ¡ay que ardor caramba!

   Que relajado terminé ese día caray, no hay mejor cosa que estar en contacto con el mar. Puerto Lopez es un pueblo que recomiendo mil veces antes que Montañita. Puerto López es mucho más auténtico, y tiene muchos lugares naturales que ver y gente muy amable por conocer.

   Por cierto, Caroline comió un ceviche ecuatoriano que venía con ¡¡¡arroz y tomate!!! toda una experiencia, creo que le gustó... y a mí también.

Continúa ---> AQUÍ  (Bahía de Caráquez - Mompiche)

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