¿Viajar a Ecuador? No gracias

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   Todo comenzó a mediados de noviembre del 2010, cuando mi novia y yo arribamos a la ciudad de Tumbes, tras haber recorrido varias ciudades del norte del Perú desde Lima

   Después de casi mes viajando, no habían planes concretos al llegar allí. Para mí era la conclusión del viaje, me sentía satisfecho y no tenía intenciones de seguir más al norte.

   Además, Ecuador no era un país que me llamara la atención, incluso le tenía cierta antipatía, porque mi cabeza estaba llena de prejuicios e inexplicables resentimientos, envenenado quizá por el recuerdo de los conflictos bélicos en los que estuvimos involucrados peruanos y ecuatorianos en la década de los 90 del siglo pasado.

   Caroline, mi novia, no tenía esa "tara" mental, ella es originaria de Francia, y no lograba entender mi rechazo visceral hacia Ecuador, pero finalmente me convenció para traspasar aquel "umbral", y conocer mejor al supuesto "enemigo". Yo acepté de mala gana, bueno... en parte porque sabía que ella era capaz de irse sin mí. ¡Ah no! ¡vamos juntos!, le dije.

   Fue una sorpresa enterarme que no necesitaba pasaporte para ingresar a Ecuador, sólo el D.N.I. y la Tarjeta Andina de Migraciones (un papelito que entregan en la oficina de migraciones). ¡Caramba! ya no tenía escusa, el viaje se haría si o si.

Ecuador, visitando al "enemigo"

   Elegimos visitar la ciudad de Guayaquil como primer destino. Aquello parecía emocionar a Caroline, yo en contraste tenía una expresión neutral (cara de póquer), porque no tenía ninguna expectativa, "¡Lo hago por ti, mi amor!".

 "Ecuador, Perú, ¡es la misma vaina!", pensaba. Pero interiormente sospechaba que no sería así, porque inclusive Tumbes me resultó bastante exótica. Su extravagante plaza, el acento único de su gente, el paisaje, su comida "¿oigan, ustedes son peruanos?"

   Durante el viaje en bus, y ya en tierras ecuatorianas, quedé sorprendido por las grandes extensiones de cultivo de plátano a lo largo del camino. Recuerdo haberle dicho a mi compañera con tono maliciosamente burlón: "¡Ah!, es por eso que les decimos monos ja ja ja", mi obtusa mente en su máxima expresión.
   
   Llegada la noche, y luego de unas horas de viaje, ingresamos a una moderna terminal terrestre. Fue impresionante ver esa estructura, no teníamos nada parecido en Lima, ¿habremos llegado? 

    Guayas! ¡Guayas!", gritó el chofer, y toda la gente comenzó a salir, lo que me causó sorpresa, porque nuestro destino era Guayaquil, no Guayas. Felizmente uno de los pasajeros se dio cuenta de mi terrible ignorancia y me dijo: "¡¡¡Guayas = Guayaquil joven!!!"

Frontera Perú Ecuador
Frontera Perú - Ecuador, desde Tumbes (Foto: CLD)

   Nos alojamos cerca al centro de la ciudad, en un sencillo pero buen hospedaje de 12 dólares, en el momento me pareció barato porque soy malo con los números, pero eran ¡30 soles!, en el Perú estábamos pagando máximo 15 soles.

   Lo siguiente que hicimos en Guayaquil esa noche, fue buscar comida porque andábamos hambrientos. La noche guayaquileña al principio no me llamó la atención, sin embargo sentía algo extraño en ella, algo que no lograba procesar.

   Luego de la cena de 5 dólares, Caroline, que es mucho mas perceptiva que yo, me dijo: ¿Escuchas?, Allí recién me percaté de lo que ocurría. Guayaquil, a pesar de ser una gran ciudad, no tenía el caos y el ruido extremo que acompaña a la mayoría de las ciudades peruanas. No escuchaba ni bocinazos, ni cobradores colgados de los buses gritando, o tiendas comerciales llamando la atención con música a todo volumen. 

   Fue como quitarme una venda de los ojos, o mejor dicho, de las orejas. Fue un alivio sentir la relativa paz de Guayaquil mientras hacíamos una pequeña caminata nocturna por sus calles. Fue allí que la ciudad comenzó a "enamorarme".

   El amor llegó con la llegada del sol, cuando Guayaquil se mostró encantadora, moderna y tranquila. Un lugar llano y amplio con caudalosos ríos atravesándola. Un lugar amable para el que gusta descubrir cada rincón a pie.


Guayaquil Ecuador
La ciudad de Guayaquil desde el Cerro Santa Ana (Foto: CLD)

Guayaquil Ecuador
El Malecón 2000 (Foto: CLD)

   Han pasado 4 años desde aquella visita por eso no tengo muchos detalles exactos en la cabeza. Lo que sí recuerdo con claridad, es el ambiente de seguridad que sentí en la ciudad. En los días que estuve recorriendo Guayaquil, no sentí temor de que me roben o asalten. Definitivamente algo que aprecié mucho, a diferencia de Lima. 

   Otro detalle importante de Guayaquil, es la notoria educación vial de sus conductores. Cada cruce peatonal con semáforo por el que pasé, siempre tenía a los autos y buses detenidos apenas aparecía la luz ámbar. Muy diferente a lo que sucede en el Perú, donde la luz ámbar enloquece a los choferes, convirtiéndolos en pilotos de fórmula uno, inclusive si esta luz cambia a rojo.  

   Uno de los lugares más interesantes que vimos en Guayaquil fue El Malecón 2000, un deleite para la vista con muchas áreas verdes, museos, monumentos. Un lugar para simplemente contemplar y meditar. 
   Y aunque no soy un gran amante de las exposiciones, debo mencionar al centro cultural El Libertador Simón Bolivar, un lugar con abundantes muestras de arqueología, vida marina y arte moderno. Siguiendo por el malecón llegamos al Cerro Santa Ana, un mirador natural de donde pudimos apreciar Guayaquil en su totalidad.

   Mientras subíamos al cerro, vimos muchas casas antiguas muy bien conservadas, muchas de ellas convertidas en refugio de artistas que amablemente nos dieron detalles de sus trabajos y sus vidas. Por un momento me hizo recordar a La Bajada a Baños de Barranco en Lima, pero mucho más pintoresca.

   Otro lugar que me gustó mucho fue el Parque Histórico de Guayaquil, a sólo 15 minutos en bus desde el Malecón 2000. Este parque que es en parte un mini zoológico, alberga elegantes casonas antiguas que fueron desmanteladas y traídas a este lugar para su conservación, recomendado visitar.

Guayaquil Ecuador
Bonitas casas rumbo al Cerro Santa Ana (Foto: CLD)

Guayaquil Ecuador
Casonas en el Parque Histórico de Guayaquil (foto: CLD)

   La parte peculiar de Guayaquil fue el Parque Seminario mejor conocido como el Parque de las Iguanas, y como el nombre lo indica, es un parque que está repleto de dinosáuricas iguanas que se pasean despreocupadamente por casi todo el parque en pleno centro de la ciudad. Lo más extraño es que han hecho amistad con las siempre presentes palomas citadinas, aunque antes que amistad, yo vi cierta rivalidad por la comida.

   Otra cosa que nunca había visto eran las pequeñas figurillas de barro precolombinas que se exhiben en los museos de Ecuador. Mayormente eran representaciones de voluptuosas mujeres con extraños peinados. Estas figurillas las vimos en casi todos los museos a lo largo de la costa ecuatoriana, y siempre bromeaba cuando veía una, le decía a Caro que esa figurillas me parecían extremadamente sensuales ¡uf!

   Otro detalle singular fue ver a muchos vendedores de mango en algunas partes de la ciudad ¿y qué de extraño hay en eso? bueno, lo extraño fue ver a la gente echarle sal al mango antes de comerlo. "Es más rico así", me recomendaban los risueños guayaquileños. 


Guayaquil Ecuador
El Parque de las Iguanas (Foto: CLD)

Figurilla de barro en un museo de Guayaquil (Foto: CLD)

   Fueron sólo 2 días en Guayaquil, tiempo suficiente para conocer un poquito de lo que ofrece esta simpática ciudad, pero al fin al cabo es una gran ciudad, y yo no soy un gran amante de este tipo de lugares, aún si son amigables, así que nuestro "romance" terminó, pero Ecuador aún tenía muchísimo más que mostrarme, y la ruta por toda la costa ecuatoriana, la sierra y parte de la selva, me haría cambiar completamente de opinión con respecto a este país, pequeño en extensión pero inmenso en lugares que te dejan maravillado.

¡Grande Ecuador!

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