Diarios de Viaje. ¿Te ha pasado?



   "¡Carito sube tú primero por favor!" le dije a mi compañera con la cortesía propia de un hombre perdidamente enamorado al momento de ingresar al bus que nos llevaría a Montañita desde Guayaquil. "¡Que bueno que los asientos estén numerados!" pensé aliviado mientras subía las enormes mochilas a la cabina, pues nos habían dicho que en la bodega los equipajes tienden a "perderse" de forma paranormal. 

      "A ver... uno, dos; tres, cuatro... nueve, diez; ¡once, doce! ¡aquí están nuestros asientos Carito!" 

   Pero ¡oh sorpresa! los asientos estaban ocupados por una fusionada parejita. Un hombre de duro semblante acompañado de una rendida mujer que se apoyaba cariñosamente sobre él y sobre su bien trabajado bíceps y tríceps izquierdo. 

   "¡Uf que incómodo! seguramente se han equivocado, les diré que son mis asientos y ¡listo! ¡oh este viaje está yendo tan bien y feliz que provoca abrazar a todos! ¡vamos! ¡él será amable, se irá y todo serán sonrisas!" me dije a mí mismo.

   No contaré detalles del incidente para no quedar en vergüenza frente ti estimado lector, es que al final tuve que ir con las pesadas mochilas a cuestas hasta al fondo del bus y con mis pasajes numerados en vano, derrotado y con el "rabo entre las piernas", ¡sí! me había dejado intimidar por aquel hombre, el poderío del macho alfa definitivamente no es lo mío. Estoy seguro que Caroline tomó nota de esta situación: "Ummm débil, cero protección ¡anotado!" ¡quién sabe!

   ¿Y porqué te cuento esto? Bueno, no sé, quizás porque no importa si viajas de ciudad en ciudad o de pueblo en pueblo, o de páramo desolado a selvas salvajes, tampoco importa si eres viajero cinco estrellas o un mochilero nómada que duerme bajo ellas, al final todos hemos pasado por situaciones que pueden ser graciosas, negativas o hasta raras, esas que luego terminan convirtiéndose en historias que contamos a nuestros amigos entre risas y asombro. Anécdotas también las llaman, y quien no tenga una durante un viaje que tire la primera mochila/maleta/palo-con-trapo (al estilo del Chavo del 8) primero.


De la ardiente selva a los estertores de la muerte

   Mis viajes no se han caracterizado por ser cómodos, siempre elijo lo más barato, sea la comida, el pasaje o el alojamiento. Con respecto a este último, me basta que tenga una cama, un baño y algo de privacidad, requisitos que cualquier hotelucho u hospedaje de mala muerte logran cumplir parcialmente.

   Pero algunos hospedajes suelen dar sorpresas bastante graciosas y también molestas, y no me voy a enfocar en la suciedad de sus baños compartidos o de sus sábanas de dudosa limpieza ¡no! sino a cosas que sólo en ciudades de la selva peruana, como en Tarapoto por ejemplo, he llegado a experimentar.

   "¡Oh el sublime acto del amor!" ¿sublime? bueno, no provoca llamarlo así cuando en medio del silencio de la noche y mientras tratas de dormir, comienzan a oírse desde varios cuartos del hospedaje una sinfonía de gemidos propios de una película porno hardcore. Al principio es gracioso, pero luego de varios minutos deja de serlo. ¿Media hora ya? ¡asu! la gente en la selva si que es bien brava ah.

   "La pequeña muerte" llaman algunos al sentimiento pos clímax de tan ardiente actividad, ¿qué? ¿cómo? ¿pequeña muerte? ¡bah! una real pequeña muerte fue lo que yo sentí en Ecuador, y no, no fue a causa del "sublime acto".

   Mi experiencia "con la muerte" ocurrió en la paradisíaca isla Portete cerca a Mompiche. Una isla de fina arena, aguas tranquilas, enormes palmeras y ningún alma alrededor. 
   "¡Carito no me pellizques por favor! ¡no quiero despertar de este sueño!" parecían gritar mis ojos. Tanta belleza en un sólo lugar tuvo un efecto idiotizante e hizo que no me fijara por donde metía mis descalzos piececillos.



   Las últimas horas de la tarde la pasamos caminando por la húmeda orilla, sonrisas por allá, suspiros por acá y de pronto, un crujido ¡aaay! ¡había pisado un pez varado en la orilla! pero no cualquier pez, era un pez erizo con todas sus aterradoras espinas retraídas ¡ahí delante! ¡tan visible! ¡tan obvio! y ¡pum! pequeños cortes un poco sangrantes en la planta del pie. 

   No soy especialista en peces, sólo sabía que había pisado al pez más feo del mundo, "ni su madre lo debió querer" bromeé. Fue Caroline la que se puso pálida como una vela luego de ver al monstruo marino: "Marco, creo que ese pez tiene veneno en sus espinas, y no sé que tan grave sea." Sabes estimado lector, la mente tiene un poder enorme para hacer realidad muchos milagros a través de la sugestión ¿has oído del efecto placebo

   Bueno, fue lo que experimenté, un efecto placebo inverso en el que sentí como el supuesto veneno mortal iba subiendo por mi pie provocando un picor que se iba extendiendo por mi cuerpo, además las palabras de mi compañera empeoraron la crisis, ella me pidió tranquilidad ya que el supuesto efecto del veneno mortal mata en unos 2 o 3 minutos. Créeme que hubo un momento en el que sentí que me faltaba el aire, pero pasaron 10 minutos y estaba vivo ¡falsa alarma! ¡uf! 

   Como dato útil, te diré que el pez erizo no tiene veneno en sus espinas, sólo algunas especies poseen tetrodotoxina, el veneno que mata en minutos, pero está en su hígado y en menor medida en su carne, por eso mientras no te comas uno ¡todo genial!

La bolsitas mágicas

   Viajar en bus fue a veces toda una odisea, especialmente para mi nariz, que muy a menudo ha recibido asfixiantes golpes de olor de diversas fuentes que no mencionaré, ¡ah! con sólo recordarlo mi piel toma un bronceado verde clorofila muy bonito. 
   Sobre el tema ya he escrito en una entrada titulada "Cómo sobrevivir a un viaje en bus" en la que describo las diferentes situaciones que pueden ocurrir si viajas en una empresa informal.

   Pero esta última historia no trata de eso, sino de una situación que me sigue causando risa cada vez que la recuerdo. Ocurrió dentro de un pequeño bus rumbo a Celendín, habíamos partido muy temprano desde Leymebamba y el viaje transcurrió sin problemas, hasta tuvimos suerte de recibir unos deliciosos mangos de parte de un misterioso señor que subió a mitad de camino sólo para repartir los dulces frutos a todos los pasajeros, era nuestro Papa Noel de los andes en un 24 de diciembre (lee la historia aquí).



   Lo gracioso fue que pasados unos minutos el bus se detuvo sin razón, y el "copiloto", "terramozo","segundo al mando", "chulillo" o como le llamen, bajó de la máquina para inspeccionar las ruedas, todo normal hasta ahí. Luego de hacer las verificaciones del caso, sacó de una bolsa de plástico negra varias bolsitas transparentes que comenzó a repartir entre los pasajeros. Nadie pareció sorprenderse, solo nosotros, que entre risas le preguntamos al chico el porqué, él nos respondió mostrando una amplia sonrisa ¡nada más!

   "¡Adónde hemos ido a parar! revisan las llantas, la parte trasera del bus, y ahora nos entregan bolsitas, ¿vamos a vomitar como poseídos acaso? ¡qué ruta endemoniada vamos a cruzar! ¡no! tranquilidad, la bolsa es para colocar las cascaritas del mango, eso debe ser." le dije a Caroline entre risas.

   No sentí nada especial en esta ruta, no viajamos en círculos eternos, ni por excesivas curvas, y como es frecuente, sólo un niño llegó a usar la bolsita porque se mareó el condenado. Bueno, yo también usé la bolsita... para colocar mis cascaritas y la pepaza del mango.

   Tengo muchas pequeñas historias que me ocurrieron durante los viajes, pero no son interesantes como para ser contadas, como la reciente en la que me quedé dormido a pesar de las 6 alarmas programadas en mi celular, lo anecdótico fue que mis horribles alarmas sonaron a las 4 de la mañana y estaba en una posada en la selva con paredes de carrizo o bambú y llena de turistas extranjeros. Resultado, se quejaron al día siguiente ¡yo no fui! ¡chau!

   Si quieres leer una historia realmente interesante te invito a pasar por el blog de Arturo Bullard, que junto a su esposa, pasó por una situación que casi le cuesta la vida (vela AQUÍ). 

   Bueno estimado lector, ahora te invito a que me cuentes alguna anécdota en los comentarios, me gustaría mucho leer tus historias.

Un abrazo y a seguir viajando :)
  
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