Despejando dudas en Upacá

Upaca Pativilca

"¡Tú puedes Marco! que no te importe hacer el ridículo", repetía nervioso dentro del automóvil en movimiento. Ni las sugerentes formas de los áridos cerros, ni el verde escandaloso de los campos, visibles desde mi ventana, acallaron mi cháchara mental.

   El olor a maíz chala que algunos pasajeros llevaban en el auto, aromatizaba el momento, mientras recorríamos un precario camino rural. El mal estado de esta vía obligaba al chófer a realizar maniobras temerarias para esquivar los enormes huecos del viejo asfalto. Aún así, el breve viaje hacia la campestre Upacá, un pacífico centro poblado ubicado en el distrito de Pativilca, empezó con buen pie.    

   Muchos motivos me traían a Upacá, uno de ellos era conocer a la familia del novio de mi hermana. Un orgulloso y amable upaquino lleno de ideas y planes para que más temprano que tarde, Upacá se convierta en un nuevo punto de interés turístico en la provincia de Barranca, gracias a las habilidades culinarias de sus habitantes.    

   El otro motivo que me trajo a Upacá fue una promesa, hecha a los seguidores de Guitarra Viajera en Facebook. La promesa consistía en subir un vídeo en el que interpretaría una canción, pero sólo si llegaba a los 500 "Me Gusta"; y la meta se cumplió. Sin embargo, sabía bien que la promesa era solamente una excusa. Tenía que obligarme de algún modo a hacer algo que hasta el día de hoy sigue siendo un reto para mí: CANTAR.  

   Pude haber cantado y grabado el vídeo dentro de mi casa, pero el "acontecimiento" tenía que realizarse en exteriores, porque me gusta sentir la energía del campo, o del mar, o de cualquier otro ambiente natural. Además estoy convencido que esas energías alivian un poco mi extremada timidez ante estas situaciones.

Upaca Pativilca
 
   El tiempo en Upacá no corre, ni siquiera camina. En estos lares, las cosas se hacen con tranquilidad o no salen bien, allí no hay apuros. Se sigue el ritmo de las plantas. Sembrar, cuidar, regar, ver el lento crecimiento de la vida, y luego cosechar los frutos de la paciencia y la dedicación.

   Esa es la energía que se puede percibir en Upacá, y en todo lugar rural. Diferencia bastante notoria para mi acostumbrada visión de inmediatez citadina. Pues soy un ser de un hábitat de cemento, en donde se come rápido, se camina rápido, se trabaja rápido, se ama rápido, ¡vive rápido y muere joven! ¡y que viva el rock and roll! dicen. Bueno, allí creo que exageré.    

   Lo real, es que el cambio siempre estará presente en la vida, y en todo lo que exista sobre este planeta. Quizá para mis ojos "modernos", esos tan acostumbrados a lo fugaz, un verde campo lleno de pajarillos y árboles pueda parecer idílico, sosegado e inmutable. Pero para los sabios ojos de la señora Sofía, una locuaz octogenaria de Upacá, los tiempos de conexión directa entre la naturaleza y el hombre del campo, han cambiado con el paso de los años.    

   Los años mozos de la señora Sofía, se veían reflejados en sus ojos. Su voz, me transportó hacia un mundo que quedó en el pasado. Un mundo en el que la gente valoraba las cosas simples. Gente que trabajaba duramente en el campo, inmersa en el equilibrio de la naturaleza. La ambición desenfrenada no tenía sentido allí.     

   Sus relatos transportaban a un tiempo en el que el dinero no era tan importante. Un tiempo en el que el vecino siempre encontraba un momento para echar una mano en la chacra, acción que era recompensada con un saco lleno de la cosecha del día, además de la gratitud y el compañerismo. Tiempos en el que se regalaba un cerdo entero a un amigo, o a un familiar, sólo con la intención de hacerlos sonreír. Una muestra de la solidaridad y el equilibrio.

Upaca Pativilca

   Pero estas costumbres en algunos lugares poco a poco se van perdiendo, nos volvemos cada vez más egoístas. El cambio más destructor la da la vida urbana, aquella que seduce a los más jóvenes, llevándolos a las ciudades y alejándolos de los campos y sus raíces. Pero no todo está perdido, aún hay personas que tratan de mantener vivo el espíritu rural. No es tarea fácil.

   Las historias de la señora Sofía, no se limitaron a detalles de su vida diaria cuando joven, sino también a cuentos y leyendas que aún forman parte de las creencias y la cultura del hombre del campo. Historias como la de los pishtacos. Misteriosos hombres de sombrero que salen sólo de noche para asesinar gente, con el único fin de obtener su grasa para fabricar aceite, o para enterrar los cuerpos en las bases de los puentes en construcción, como una especie de pago a los espíritus. Aterrador.    

   No tenía que ir tan lejos para encontrar la guarida de estos misteriosos seres. Christian, el novio de mi hermana, entre risas señalaba con el dedo hacia una huaca* cercana, que por toda esa zona abundan. "¡De allí salen los pishtacos!", me dijo sonriendo.    

   Mujeres con patas y piel de gallina, almas que aparecen para pedir perdón, y muchas otras historias hicieron amena y muy entretenida la tarde junto a Sofía. Una rica tradición oral presente sólo en los mayores, que lamentablemente también se va perdiendo. Cuentos como aquellos, bajo la luz de las velas, son mucho más estimulantes para las curiosas mentes de los jóvenes, que la decadente televisión actual, o el hipnótico Internet en el celular.
   
Reflexión final          

   ¡Historias! no importa el lugar, no importa el destino, no importa si son turísticos o no. Siempre hay una historia interesante que contar, grandes personas que conocer, o sobrios paisajes que disfrutar. Esa era mi duda. ¿Estoy aquí para "cazar" destinos? ¿o para sumergirme en ellos sinceramente? La segunda opción me parece más interesante.    

   Y con respecto al canto, pues en la página del Facebook he colgado el video, todo un tormento para tus oídos, pero para mí fue el inicio de un aprendizaje, que espero de sus frutos pronto. Si no fuera por ti. Si tú que lees esto, quizá nunca me hubiera atrevido. Gracias por acompañarme en esta aventura de viaje, y aprendizaje. ¡Un fuerte abrazo! 

Un agradecimiento especial a Christian, Sofía y a toda su familia. 


PD: Si hay una cosa que no puedes perderte de Upacá son sus ricos cuyes. Plato bandera de este poblado. A mediados de octubre que se realiza un festival gastronómico llamado el HATUN CUY, actividad que de a pocos se está convirtiendo en un referente gastronómico en la provincia de Barranca. ¡Buen provecho! 



* Huaca: Ruina arqueológica preinca de carácter religioso


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