Cómo sobrevivir a un viaje en bus


   Todos tenemos, en mayor o menor medida, el espíritu de un explorador aventurero en nuestro interior, aquel que siempre está deseoso por conocer nuevos e interesantes lugares. Pero para satisfacer los impulsos de nuestro Indiana Jones, primero es necesario encontrar una manera eficiente de movilizarnos por el espacio-tiempo einsteniano, y en ese tema, cada "loco" con su cuento. Yo he visto gente que viaja en bicicleta, motocicleta, auto propio, o es más aventurera y tira dedo por ahí. Otros, cuenta la leyenda, usan únicamente sus pies para moverse por el mundo.

   Pero bueno, esos son los "viajeros locos". Nosotros, los más "tradicionales", viajamos en el omnipresente, y omnipotente ómnibus. ¡Uf! y si te contara estimado lector, las historias por las que he pasado dentro de estas máquinas, seguramente lo pensarías dos veces antes de viajar usando ese medio. Por eso hoy en esta entrada, trataré sobre: "Cómo sobrevivir a la compañía humana dentro de un olvidado ómnibus y no morir en el intento".

   Esta entrada también está inspirada por la reciente travesía de la bloguera, viajera y amiga mía, Indira Palomino. Ella hace poco viajó de Lima a Buenos Aires por tierra. Le tomó un poco más de 3 días para llegar a destino. Puedes leer toda su experiencia AQUÍ
   ¡Imaginas! ¡tres días viajando y sólo bajando para comer! ¡yo me arrojaría del bus en plena marcha!.


El transporte interprovincial en el Perú             


   Hasta el momento, Ecuador ha sido el único país extranjero al que he ido. Y en comparación con mi querido Perú, puedo afirmar con seguridad, que su transporte interprovincial es mucho más soportable que el nuestro. ¡Ojo, una observación! No me estoy refiriendo a las empresas serias, sino a las numerosas empresas medio informales que existen por ahí. Esas que paran en plena ruta y que poseen buses de dudosa fabricación.

   Ni en Ecuador, ni en Perú fui con una empresa de transportes seria y de calidad, porque mi presupuesto siempre fue muy limitado como para pagar por ellas.

   Es fácil darse cuenta de que el problema no sólo es del bus, sino de nosotros mismos ¡los pasajeros!

   Así que, aquí va una pequeña lista de las cosas "curiosas" por las que he pasado al viajar en bus por el Perú. Seguramente no soy el único con estas historias... eso espero.


- El bus Chernóbil

   Es aquel que huele a rosas y limón pero con una nada sutil esencia de Zorrillo Número 5. Esto normalmente ocurre porque estas empresas nunca se toman la molestia de lavar el tapizado de los asientos. Así que imagina lo que sucede con las miles de personas usando y sudando sobre los asientos, meses y meses, años tras años. ¡Horror!

   ¿Qué hacer? Abre tu ventana si esta cede, o reza a alguna deidad antigua para que te proteja y te de fuerzas. El primer golpe de olor siempre es fuerte, ¡pero tranquilo! con el paso de las horas, de alguna forma mística... te acostumbras.

- Dejad que los niños vengan a mí

   Sabes, he llegado a desarrollar una especie de imán con los niños ¡los atraigo! En algún momento mi actitud frente a ellos era simpática, quién podría enojarse con un niño o un adorable bebé. Sin embargo hoy me he convertido en un Herodes en potencia por las constantes malas experiencias con bebés y niños dentro de los buses.
   
   Interminables y dramáticos lloriqueos, berrinches, patadas y mala conducta para empezar. Luego vienen los olores, sea porque el nene se hizo la caquita, o simplemente se mareó y vomitó todo el asiento cual poseído por el mismísimo Satán.

   ¿Qué hacer? Audífonos con tu música favorita a regular volumen, y tu ungüento de eucalipto, esos de marca Vick o Mentholatum que se usan en el pechito, pero que esta vez irá directo a tu nariz, no es sano, lo sé, es eso, o aguantar los olorcillos.

- El comelón

   Todo va bien en tu viaje, y de pronto el bus se detiene e ingresan los "tradicionales" vendedores de empanadas, de sánguches o de choclo con queso. No estoy en contra de comer dentro del transporte, pero cuando aparece el comelón, no hay nada ni nadie que lo detenga.
   Su hambre es insaciable, tanto que no le importa nada más que eso, y si tiene que limpiarse las manos cubiertas de salsa, el asiento sirve muy bien. Si hay que desechar el papel o bolsa en la que vino envuelta la comida, buena es cualquier rendija del asiento. Otros más "prácticos", tiran todo por la ventana.

   ¿Qué hacer? Con respecto a la basura que pueda botar el comelón por la ventana, a veces he hecho el intento de corregir su mala práctica de buena forma, obteniendo sólo malas caras. Para lo demás, basta paciencia y tolerancia, pues parece que ser como el comelón no es problema dentro de las normas del bus en el Perú.

- El generoso musical     

   La música puede llegar a ser una de las artes más sublimes sobre el planeta, pero en manos equivocadas puede convertirse en una forma de tortura. No mencionaré géneros musicales para no herir susceptibilidades, sólo una simple pregunta: ¿Creen aquellas "personas generosas", que a los demás nos va a gustar escuchar su listado de canciones favoritas y a todo volumen?

   Lo más gracioso es que este problema puede venir de otros frentes, pues o viene de un pasajero, o del mismísimo chófer, que no tiene mejor idea que ambientar el viaje con la música de su preferencia.

   ¿Qué hacer? Colocarte audífonos es la mejor solución. Yo recomendaría hacer escuchar tu voz de protesta, es mejor. No he tenido suerte con estos pasajeros, porque se ponen en onda "¡y quien eres tú para decirme lo que tengo que hacer ah!". Los chóferes si son más comprensivos.

- El Pepe Le Pew
  
   Creo que no hay necesidad de entrar en detalles, claro ya está. Yo prefiero tener un bus chernóbil que tener al lado a este personaje.

   ¿Qué hacer? Ungüento en la nariz, abrir las ventanas si estas ceden, o hacerle un exorcismo pues suelen oler a mil demonios.

- El Camisea

   Por si no eres peruano, Camisea, es un yacimiento de gas natural ubicado al sur del Perú. Con esta explicación seguro ya sabrás adónde voy. ¡Sí! el Camisea es aquella persona que no tiene reparos a la hora de complacer a su cuerpo. Si este le pide algo allá al sur de la espalda, esta persona sólo lo deja salir. ¡Desconsideración total!

   ¿Qué hacer? Pues nada, sólo esperar a que se disipe. Recuerda no hacer chispas o fuego ¡peligro de explosión!

- El Narrador de Cuentos

   ¿Recuerdas esa serie? Muy entretenida ¿verdad? pero no es lo mismo cuando una señora o un extraño se pone a contar su vida. No es molesto si todo es medido, pero si luego de escuchar unos minutos, la historia no cesa, la situación se pone muy pesada.

  ¿Qué hacer? Felizmente es muy fácil hacer entender que no deseamos seguir escuchando. No responder, no afirmar con la cabeza, u otra vez usar a los salvadores audífonos, bastan para callar a este personaje.

- El que se siente como en casa

   ¿Cómo reconocerlo? Fácil, es aquella persona que piensa que va sola en el bus. Reclina su asiento al máximo, y además coloca las manos sobre su cabeza y sobre la parte posterior del respaldo, como para que uno le revise qué tal le quedó la "manicura".

   También están las que colocan los pies sobre la espalda de tu asiento, quizás piensen que es agradable tener un masaje en los riñones ¡pero no! Hay otras que se apoderan de tu cortina, o de las que se quitan los zapatos y ventean los piececillos en el ambiente caldeado del bus.

   ¿Qué hacer? Este tipo de compañeros de viaje suelen ser lo que más me molestan. Enfrentarlos con buenos argumentos es lo único que funciona. He llegado a estar al borde de la pelea con los que te patean los riñones o creen que están en un bus cama.


   Podría seguir con los dragones de Komodo, o con los que nos ven cara de almohada, pero quiero aprovechar para desde aquí alzar mi voz de protesta por todas las bonitas mujeres que entraron al bus buscando un asiento libre, (al lado mío por ejemplo) pero que para mi mala suerte fueron ocupados antes por algunos de estos personajes ¡¡¡por qué!!!

   No todo es malo en los buses si viajas solo. A veces podemos cruzarnos con personas muy buena onda, y con una consciencia clara de lo que es libertad. Es verdad que somos libres para hacer lo que sea, pero cuando estamos al lado de otro ser humano, debemos de restringir ciertas acciones para no causar molestias. Es tan sencillo darse cuenta de que lo que a nosotros no nos gusta, no debemos de hacerlo a los demás:

 ¡Empatía básica!

  Si tienes una historia dentro de un bus que quieras compartir, déjalo en los comentarios. Si crees que exagero, dímelo también.

Un abrazo :)

Compartir:

0 comentarios:

Publicar un comentario

Únete al guitarreo :)