¿Viajar puede curar un corazón roto?


   Algunos dicen que realizar un viaje de larga duración es la mejor forma de soportar el doloroso final de una relación de pareja, aquella que se suponía era para toda la vida. ¡¿Toda la vida?! Ummm bueno, por lo menos esa es siempre la idea teórica ¿no? de ahí a la realidad ese es otro cantar.

   En mi caso, se siente un poco solitaria esta extraña "ruta" de la soltería, y confieso que a veces trato de aferrarme a la hermosa "trocha" que mi ex y yo logramos abrir de a pocos año tras año, ¡pero vamos! aquel sendero ya no me llevará a ningún lado. Fin del camino.

   La mujer con la que compartí momentos inolvidables hoy se encuentra muy lejos de aquí, cruzando el charco como dicen, y sin posibilidades de retorno. Fue ella en gran medida la causante de mi viaje por el norte del Perú y gran parte de Ecuador, y en este blog la menciono infinidad de veces. 

   Es curioso que aquel viaje, que tuvo como principal objetivo conocernos mejor ¡¡¡yo ni quería viajar tanto!!! terminara por abrirme los ojos al mundo, cambiando totalmente mi forma de ver la vida, y mi vida laboral también (ahora tengo este blog y me dedico a la redacción ¡quién diría!). Lo lamentable es que hoy... estoy sin ella.

¿Viajar puede curar un corazón roto?
Días melancólicos que no durarán siempre

   Es inevitable pensar en retrospectiva y encontrar que quizá fue mi culpa, o si debí hacer eso y no aquello, ¡¡¡es una tortura cuando la cabeza te bombardea con tanta cháchara que no servirá de nada!!! (salvo que exista una máquina del tiempo camuflada en un DeLorean, pasen la voz si ven una por favor), y para alguien graduado con honores en la Universidad del Drama como yo, esos momentos suelen ser excesivamente lacrimógenos.

   Pero no puedo estar toda la vida así, eso lo sé, y aunque parezca que seré el creador de un nuevo océano en medio de la ciudad de Lima, con el poco tiempo transcurrido vagando "solo" en este mundo, he aprendido a soportar un poco mejor la situación, y todo gracias a la ayuda de los pequeños viajes, de este blog, y de las personas que he ido encontrando en el camino ¡son ustedes una excelentes personas, caray!

   Varios de mis nuevos amigos(as), me ha aconsejado que la mejor forma de "pasar la página", es hacer una viaje de larga duración. Una excelente idea, ya que Lima me pone a veces algo melancólico, además ya que no hay nada que me ate ahora. Creo que es tiempo de colocar mi mochila al hombro y partir. La idea no es nueva, yo ya tenía pensado salir a la ruta por segunda vez el 2015, pero siempre aguardaba la esperanza de no salir solo... ¿me entienden?

   Y entonces, aparte de saciar mi "recién descubierto" apetito viajero ¿qué conseguiré al irme lejos de aquí? Pues varias cosas:

- Primero, la posibilidad de conocer nuevos lugares y no ver en cada esquina de Lima el recuerdo de ella. (¡Oh, eres el rey del drama!)
- Segundo, enfrentarme a situaciones por las que nunca pasé, porque siempre he viajado acompañado, viajar solo moverá mi sosegado cerebro reptiliano.


¿Viajar puede curar un corazón roto?
¡Hola, cómo estás!

- Tercero, lo más obvio, conoceré nueva gente de lugares distantes, nuevos viajeros y hasta otros músicos en el camino ¿quién sabe?
- Y por último, crearé nuevos recuerdos que me ayudarán a cambiar la cinta ¡sí! mi cerebro aún funciona con cintas magnéticas, ¡soy de 1982 no me juzguen!

   Todo bacán hasta aquí, pero hay un detalle con la última afirmación de este pequeño listado, pues esos nuevos recuerdos competirán con los antiguos, porque tomaré la misma ruta que hice con mi exnovia el 2010, y no, no es una especie de "auto tortura china" o que me guste sufrir cual novela mexicana ¡no!

   Es sólo que esa ruta me gustó tanto que quiero volverla a recorrer solo. Quiero pasar otra vez por el Callejón de Huaylas en Ancash y ver sus grandiosos nevados, quiero otra vez sentir la amabilidad de los yungaínos, o ver el mar desde Huanchaco y su buena onda, o desde Zorritos con sus enormes olas. Quiero volver a la apacible Leymebamba y despertarme con el peculiar sonido del reloj de su iglesia.

   Quiero visitar otra vez a mis hermanos ecuatorianos, con los quienes me llevé una grata sorpresa. Quiero ver las hordas de cangrejitos en las playas de Mompiche, o sentir al volcán Tungurahua remecer cada ventana de la ciudad de Baños.

   Hay muchos motivos para regresar por la misma ruta mientras sana mi corazón amigos míos, y aunque no tenga la más mínima idea de lo que pueda ocurrirme en el camino, o si tendré éxito en calmar mis emociones, puedo afirmar hoy, que a pesar de todo, cada hecho o persona que llega a tu vida tiene algo que aportar para bien, así no parezca al principio.

   Fui afortunado por haber compartido tiempo con mi exnovia. Soy afortunado porque al hacer el viaje junto a ella, cambió y destruyó ¡felizmente! mi antigua y estrecha forma de ver el mundo y la vida. Fue un gran cambio para mí. Antes Lima era todo mi mundo, ahora no, sólo es una parte de él, y hoy sólo queda enjugar las lágrimas, poner parche al corazón, cargar la mochila y partir sin miedo.

¡Allá voy!


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2 comentarios:

  1. tus palabras me animaron mucho... ME GUSTA TU ACTITUD Y TU MODO DE VER LA VIDA. Saludos

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    1. Hola Dailys.
      Muchas gracias por leer y por comentar :)
      Me alegra que el texto te haya animado, ¡siempre para adelante! y a aprender de todas las situaciones. ¡Ánimo!
      Un abrazo.

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