Tarapoto, ¿ya fuiste a la Anaconda?

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   Si alguien me pedía imaginar la enigmática selva peruana años atrás, lo primero que venía a mi mente era el calor extremo y la vida exótica en abundancia. Pensaba en animales como monos, serpientes, guacamayos, otorongos (jaguares), y muchos insectos, algunos con sed de sangre, conviviendo muy cerca de las personas. 

   Personas que entre mis imágenes mentales siempre andaba de fiesta en fiesta y con la sonrisa dibujada en los labios. ¡Lo sé! esto es quizá un estereotipo que nos hacemos en Lima con respecto al poblador de la selva, pero es cierto en parte.

   Cargaba todas esas expectativas al llegar a Tarapoto, la ciudad más poblada del departamento de San Martín, ubicada en plena selva montañosa. Nuestra improvisada visita se dio después de un largo viaje por tierra desde la frontera con el Ecuador pasando por la remota y poco atractiva Bagua.
   
   Llegamos a Tarapoto por la noche, y la primera impresión que tuvimos de ella fue la de una ciudad bastante tranquila. Su plaza principal apenas si tenía actividad, y las pocas motos y mototaxis apenas si se dejaban ver. Las calles en general mostraban un ambiente algo aletargado, a pesar de lo temprano que era (9 de la noche) y así se mantuvo, por lo menos por la zona que nosotros recorrimos.


Mototaxi en Tarapoto
Las mototaxis nos daban una buena protección contra el sol
   
   El primer mito selvático que se desvaneció esa noche fue que en Tarapoto no existen hordas de mosquitos e insectos extraños tratando de beber sangre. Ni siquiera teníamos mosquiteros en los cuartos del hospedaje, y no hubo ningún insecto chupa sangre ni dentro ni afuera, sólo mariposas y otras extrañas especies. 

   Lo que si noté casi sin ser consciente de ello fue que podía estar casi calato (desnudo) y no sentir nada de frío ¡eh hooola! ¡estás en la SELVA tontuelo! ¡lo sé! pero tampoco sentía calor, era el clima perfecto para pasear sin rumbo fijo hasta perderse, pero debíamos de reponer fuerzas e ir a dormir.

   ¡Oh que rico son los amaneceres en la selva! son las seis de la mañana y yo he despertado con la energía al máximo y con unas ganas de salir a buscar aventuras. Todo genial a estas horas. Las calles aún vacías y con muchos locales donde ofrecen diversas opciones para desayunar frugalmente o comer el riquísimo juane, por cierto, me volví adicto a él, lo confieso.

   11:40 de la mañana, plaza de Tarapoto ¡al diablo lo que dije anteriormente! Tarapoto es un infierno insoportable. El sol está maldito a esta hora y la tranquilidad de la mañana ahora es una avalancha de motos y mototaxis. ¡Debo controlarme para no enloquecer! pero antes debo averiguar si las motos son mas baratas aquí pues ¡todo tarapotino tiene una! ¡y muy buenas motos caray!

"Duchas" naturales

   Ya no recuerdo el nombre del joven y amable mototaxista que nos trajo de vuelta al hospedaje desde el mercado principal de la ciudad. Su nombre era algo como Washington, William, Wellington o algo así. Fue curioso notar que en Tarapoto los nombres de las personas frecuentemente son apellidos o nombres ingleses, pero bueno, llamaré a nuestro fugaz amigo, Wellington, se acerca más a lo que recuerda mi frágil memoria. Fue él quien nos conectó a la ciudad, y nos compartió muchos datos sobre lugares para visitar. Su peculiar acento selvático le causaba gracia a Caroline, mi novia, y fue con ese acento que nos preguntó:

¿Y ya fueron a la Anaconda? 
¿qué es eso? -le pregunté
¡una discoteca! respondió sonriendo con la intención de invitarnos.

   Mostramos poco interés, ya que ni ella ni yo teníamos ganas de salir a juerguear, el sol nos había "extraído el alma", pero ya me iba percatando del espíritu fiestero de los tarapotinos. Pues no sólo Wellington nos invitó a aquella discoteca aquel día, sino toda persona con la que nos cruzamos en la calle, "¿amigo ya conocen la Anaconda?" era la pregunta que no podía faltar. Quizá en aquel año era la discoteca de moda, no lo sé, espero siga funcionando para ir a bailar si regreso.


Catarata de Guacamaillo Tarapoto
Wellington, si es ese tu nombre y ves esto GRACIAS compadre :)

Una extraña planta, "Resentida" la llaman :D

   "Wellington", que también trabajaba de guía, se ofreció a hacernos un tour en su mototaxi a 60 soles. Su idea era llevarnos a tres de las más famosas cataratas cerca a Tarapoto (aunque estrictamente hablando son cascadas). Era una buena opción, porque necesitábamos enfriar nuestros atormentados cuerpos del calor del mediodía, porque en esta ciudad casi no hay piscinas públicas. Bueno teniendo estás bonitas cataratas para qué necesitan piscinas ¿no? 

   Las elegidas para el improvisado "tour" fueron: La catarata de Ahuashiyacu, la de Huacamaillo y catarata La Unión.

   La catarata de Ahuashiyacu es la más visitada por los lugareños y turistas Esta se encuentra dentro del Área de Conservación Regional Cordillera Escalera, y a diferencia del resto de Tarapoto, por aquí hay muchos árboles que forman espesos bosques. Tuvimos suerte de ver árboles con floraciones de diversos colores que destacan entre el uniforme verdor ¡completamente encantador! y fue lo que más me gustó ¡el camino! Porque llegando a la catarata el encanto desapareció por la gran cantidad de gente que disfrutaba de sus heladas aguas... ¡sí! soy huraño y tímido para mostrar mi hercúleo cuerpo ante todos esos desconocidos.


Tarapoto
Yendo para Ahuashiyacu

Tarapoto
Tarapoto a lo lejos

Camino a Ahuashiyacu
Entrando al área de conservación regional Cordillera Escalera

Foto para la posteridad

Catarata Ahuashiyacu
Ahuashiyacu llena de gente, harta "sensualidad"

   No estuvimos mucho tiempo, sólo nos mojamos un poco y regresamos. Yo estaba bastante avergonzado mostrando mi "pecho de gato", quizá me faltaba un trago para desinhibirme un poco, y ya que vendían unos tragos cerca a la catarata, bebimos un 7 Raíces, un trago típico de la selva. Dicen que es afrodisíaco. No sé si fue sugestión pero esa mezcla si que funciona ¡ya sabes de lo que hablo! ¡super recomendado muchachos y muchachas!
   
   La tarde era joven aún y quedaba tiempo para conocer otra catarata de la lista, y Wellington nos llevó a la mini catarata, La Unión. Un lugar menos impresionante y menos exótico, pero muy tranquilo y sin gente. Ya no hacía tanto calor, pero igual fue delicioso nadar un rato en unas pequeñas pozas naturales mientras una pequeña catarata nos hacía "hidromasajes" en la espalda.


Cascada la Unión Tarapoto
Dentro de una pequeña cueva en La Unión ¡oh que recuerdos!

Cascada la Unión Tarapoto
La Unión

   La noche cayó rápido, y las fragancias de la selva se hicieron más notorias al finalizar aquel acuático día a la afueras de Tarapoto, por poco y nos salen branquias. Pero andar todo el día mojado y "calato" por aquí no es problema, no como en Lima, que si hiciese eso, seguramente ya estaría con una bronconeumonía fulminante.  

   Al siguiente día la situación se tornó un poco más salvaje. Nuestro objetivo, la catarata de Huacamaillo es un lugar que toma algo de esfuerzo llegar. Primero tuvimos que ir a un caserío donde Wellington dejó su mototaxi, y de allí todo el camino fue a pie, atravesando campos de cultivo, caminos fangosos, luego pastos altos, ríos torrentosos que casi nos arrastran y finalmente caminar dentro de la selva semi virgen. 

   Huacamaillo es un lugar mucho más interesante que Ahuashiyacu, pues no es muy frecuentado. Además tiene un aire un poco místico, por estar algo oculta y en medio de una penumbra cambiante. Los pocos rayos del sol que logran penetrar el denso bosque crean allí unos misteriosos haces de luz que a veces iluminan a las enormes y fosforescentes mariposas azules que ocasionalmente pueden pasar por ahí. Aquello fue como un sueño, aunque claro, una vez en el agua la realidad golpea, pues el agua de esta catarata es "polarmente" gélida... ¡delicioso!

Rumbo a la catarata de Huacamaillo
Camino a Huacamaillo ¡espérame pe Wellington!

Catarata de Huacamaillo
Catarata de Huacamaillo

Catarata Huacamaillo
Deliciosa agua, pero muy fría

Nuestro almuerzo ¡broma! luego la regresamos al agua

Reflexiones finales

   Tarapoto fue mi primera experiencia con la selva peruana, y aunque no fuimos a la Anaconda, pude notar que esta ciudad es una de las más alegres del Perú, y su gente ¡su gente por dios! es amable, extroverida y sonriente en exceso... no sé... se respira algo diferente aquí. 

   Tan fuerte es esa atmósfera de alocada y desinhibidora felicidad que nadie se salva de su influencia ¿por qué lo digo? Bueno, porque los días que estuvimos en la mágica selva peruana, Caroline y yo enloquecimos un poco. No contaré qué locuras hicimos, me censurarían el blog. Lo gracioso fue que no fuimos conscientes de ello en el momento, pero al recordar luego los detalles del viaje dijimos algo como: ¡¡¡¿qué carajo nos pasó?!!!

   Espero puedas experimentar esas sensaciones que sólo la selva peruana y en especial Tarapoto te puede ofrecer. Sí, nosotros fuimos a fines de diciembre, cuando Papa Noel y sus renos hartos del frío polar vienen a este caluroso pedazo del paraíso.

Papa Noel en plaza de Tarapoto
11 de diciembre ¿Papa Noel en la Plaza de Tarapoto?



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