Bahía de Caráquez y la exótica Mompiche

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   Aún pensando si fue buena idea dejar al perrito Salango con aquella familia en Salango, partimos hacia la moderna y turística ciudad de Bahía de Caráquez, a unos 150 km aproximadamente al norte de Puerto López.

   No estaba en nuestros planes llegar allí, sólo improvisábamos, pues cada pueblo costero de Ecuador era escandalosamente encantador. Sin embargo, según el Lonely Planet de mi novia, había un lugar más al norte que parecía destacar de entre todos por lo paradisíaco del ambiente, Mompiche. Pero antes nos de aventurarnos por allá, nos tomamos algunos días para conocer Bahía de Caráquez.
   Llegamos al atardecer, algo cansados y bastante malhumorados. Recorrimos muchas calles en busca de alojamiento. Nos tomó casi media hora conseguir un lugar adecuado a nuestros bolsillos. Así que no vimos mucho de la ciudad aquella tarde/noche, porque nuestro mal humor hizo imposible nuestra viajera convivencia. Tuvimos que volver al hospedaje a calmarnos, bueno, son cosas que suceden al viajar en pareja. 

   Al día siguiente por la mañana, después de un reparador descanso y con mejor ánimo, salimos a caminar por la ciudad. Fue en ese momento que me percaté que la ciudad se encontraba ubicada justo en la desembocadura de un caudaloso río, el Chone. Y según Caro, Bahía de Caráquez tiene ciertas similitudes geográficas con Etel, un pueblo en la Bretaña francesa, su lugar de origen ¿será?

   No sé cómo estará la ciudad actualmente, pero aquel año nos pareció una de las más interesantes en la costa ecuatoriana, pues por momentos uno siente que recorre una ciudad grande con edificios modernos, restaurantes, y lugares donde divertirse. Pero también hay muchas zonas donde la tranquilidad, y las modestas casitas le daban un aire de pueblo pequeño. Fue uno de los lugares en los que me gustaría vivir si tuviera la oportunidad. ¡Aún hoy lo pienso!

Bahía de Caraquez
Un muelle sobre el río Chone (Foto:CLD)

Bahía de Caraquez
Otro muelle (Foto:CLD)

   Decidimos aquella bonita mañana, bordear toda la ciudad aprovechando la marea baja. Nuestra caminata se inició desde el puente los Caras con dirección norte hasta la desembocadura del río. De allí recorreríamos el lado bañado por el mar con dirección sur, hasta donde el mar nos permitiera entrar. 

   Durante el trayecto inicial vimos a algunas personas nadando y pasándola bien en el río Chone, y es que provocaba. El día estaba nublado pero muy caluroso, pero antes de decidirnos entrar al agua, continuamos con nuestra misión exploratoria.

   Después de casi una hora andando relajadamente recolectando algunos caparazones marinos, llegamos hasta una zona donde ya era muy peligroso continuar, pues a un lado estaba el acantilado, y al otro el mar embravecido. Decidimos volver sobre nuestros pasos sólo unos metros atrás, donde la marea baja había dejado una playa con olas de regular tamaño. sólo para nosotros.

   El ambiente tranquilo de esa parte autodenominada como "nuestra playa privada", fue perfecta por iniciar mis clases de natación sin quedar en ridículo frente a la gente que vería a un hombre de 28 años gritando de pánico creyendo que se iba a ahogar frente a una ola de 50 centímetros.

   El tiempo volaba mientras la paciente Caroline me daba "clases" de natación. No sentimos el paso de las horas. Fue el mar el que nos hizo darnos cuenta de ello, pues la marea comenzó a subir rápidamente, obligándonos a partir lo antes posible para no quedar encerrados en el acantilado.

Bahia de Caraquez
Si que estaba baja la marea aquella mañana, miren el faro (Foto: CLD)

Bahia de Caraquez
Playa desierta sólo para nosotros ¡yupi! (Foto: CLD)

Bahia de Caraquez
La misma playa pero era hora de volver... ¡corriendo! XD (Foto: CLD)

Bahia de Caraquez
Retornando pudimos subir al malecón, ir por abajo ya era imposible, el faro ya estaba cubierto (Foto: CLD)

   Los días en Bahía de Caráquez, fueron de las mejores experiencias que tuvimos en Ecuador. Lleno de bonitos paisajes, mucho mar, y gente buena onda. Esta ciudad ha aprendido a vivir en perfecto equilibrio con la naturaleza marina, justo lo que yo busco. Lástima que el tiempo pasó demasiado rápido, entre la playa, el malecón y los puestos de comida callejera. Por cierto mis frejoles/frijoles con carne estuvieron deliciosos.

   Pero no podíamos quedarnos allí, nuestro destino principal era Mompiche. Tuvimos que partir, y para ello cruzamos el moderno puente los Caras rumbo a la terminal, que se encuentra al otro lado del río Chone. 

   El bus que tomamos allí nos dejó en Pedernales, en donde habían unos extraños y pintorescos buses de madera. Estos no tenían ni puertas ni ventanas, y preguntando a la gente, nos dijeron que estas máquinas eran las únicas que iban directo a Mompiche.

   Fue un viaje bastante gracioso, pues los pasajeros trepaban por fuera del bus en pleno movimiento, o iban por el techo y por los lados, y daban golpes para avisar que bajarían, por momentos no pudimos aguantar la risa.

   Ya casi no había luz cuando llegamos a un pueblo que al principio nos pareció bastante inseguro. Pensamos que era Mompiche, pero el chofer nos dijo que era Chamanga, el destino final ¡nos habían engañado!

Peculiar bus, toda una experiencia (Foto: CLD)

Chamanga Ecuador
Chamanga de noche, si que daba miedo (Foto: CLD)

   Bajamos del bus con nuestras mochilotas en plena oscuridad, yo temblaba de miedo, éramos los únicos turistas allí. Había mucha gente fuera de sus casas, todos nos miraban de manera sospechosa, no sabíamos adonde ir. Pero me armé de valor y pregunté a uno de esos temibles señores, y para mi sorpresa ellos nos ayudaron. Nos llevaron hasta un rústico hospedaje sobre un río, ¡la amabilidad les salía a borbotones! las apariencias engañan. Lección aprendida.

   El hospedaje que nos recomendaron era completamente de madera, y por estar sobre el río el olor a humedad impregnaba cada rincón. Aún en ese estado el lugar estaba relativamente limpio, a pesar de los escasos 6 dólares que nos costó.

   La luz del sol recién nos pudo mostrar adonde habíamos llegado, este era un pueblo algo abandonado, parecía estar perdido en medio de la selva, no teníamos ninguna información de Chamanga, ni qué visitar ni qué tan seguro era quedarse allí, lo mejor era continuar al norte.

   Antes de partir esta vez si o si para Mompiche, y mientras esperábamos el bus, un ebrio y conversador señor, todo un personaje por cierto, se nos acercó para invitarnos a pescar y a almorzar a una playa a sólo unos kilómetros de allí. Él nos aseguró que esa playa era mucho mejor que Mompiche, y que la pasaríamos genial, ¡nunca lo sabré! porque aunque él parecía confiable y sin maldad, había que tener algo de precaución, especialmente porque andaba con mi novia, quizá para la próxima ¡compadre!

Chamanga Ecuador
Por ese precio, hubiera estado peor (Foto: CLD)

Chamanga Ecuador
A la mañana... ¿en dónde estamos? (Foto: CLD)

Chamanga Ecuador
Lo único malo de aquel lugar era que todos tus "regalos" iban directo al río (Foto: CLD)

Chamanga Ecuador
Parte del pueblo de Chamanga (Foto: CLD)

   Parece que no hay buses que lleven directo a Mompiche, porque esta está apartada de la carretera principal. Sólo se llega a ella tomando un desvío con dirección al mar, fue justo en ese desvío donde nos dejó el bus, abandonados

   El camino a Mompiche estaba lleno de barro, aquí no hay asfalto, no sé si todavía continua así, pero ya nos habíamos resignado a caminar los 6 km que nos faltaban para llegar. Afortunadamente unos obreros que iban en un camión nos dieron un aventón, y nosotros felices.

   ¡Oh qué puedo decir de Mompiche! un paraíso en la Tierra quizá, es lo más cercano a lo que podría ver en el caribe, sin ir tan lejos, aunque nunca he ido por allá, espero hacerlo algún día.

   Era la primera vez que sentía aguas tan cálidas, más que en Montañita o Puerto López, además estas eran transparentes, y a los lejos se teñían de verde y a veces de un turquesa hipnotizante. Eso días en Mompiche lo pasamos tomando agua de coco frente al mar y rodeados exuberancia y de decenas de cangrejitos rojos. Nunca vi tantos.
   
   El pueblo es bastante pequeño, y no sé si era temporada baja, pero había poquísima gente, mejor aún, porque había una paz indescriptible. También los precios de los hospedajes estaban baratos, 10 dólares nada más, y tenían de todo, hasta me pareció que yo les estaba estafando.

   Cerca a Mompiche, nos pasaron el dato que había una playa contigua de arena negra de origen volcánico, una especie de playa oculta pues no fue fácil llegar a ella, se tiene que atravesar unos espesos matorrales que cubren todo, ¿o tomamos un camino equivocado? no lo creo.

Mompiche Ecuador
El camino a Mompiche (Foto: CLD)

Mompiche Ecuador
En Mompiche, tengo que volver (Foto: CLD)

Mompiche Ecuador
Cangrejito posando para el "feis" (Foto: CLD)

Mompiche Ecuador
Ahí aprendí a nadar, bueno... algo (Foto: CLD)

Mompiche Ecuador
Después de unos rasguños llegamos a la playa de arena negra (Foto: CLD)

   Un poco más al sur, se encuentra la Isla de Portete, llena de palmeras y de vida. Un lugar idílico y más tranquilo aún, ¡no había nadie! nos sentíamos exploradores llegando al Nuevo Mundo, aunque había letreros donde anunciaban venta de lotes... ummm ¿lotes? voy a empezar a juntar dinero para comprar un lotecito y hacer mi casa estilo Tarzán.

   Sólo tuve un pequeño susto al pisar un pez globo que estaba varado en la orilla. Caminar kilómetros sin zapatos es un placer, pero al pisar este pez, este me hizo una pequeña herida. Mi novia se alarmó porque no sabía si el pez tenía veneno en sus afiladas espinas, por un momento me sugestioné y creí sentir los estertores de la muerte, pero pasaron los minutos y seguía vivo y coleando.

Mompiche Ecuador
Isla de Portete (Foto: CLD)

Mompiche Ecuador
Yo al fondo, paseando la guitarra (Foto: CLD)

091478844 apuntado, ¿aló? (Foto: CLD)

   Otro día iniciaba en Mompiche. Playa, sol, agua de coco, nadar en sus aguas, conocer gente viajes. ¡Podría quedarme aquí! pensé por un momento, pero Caro y yo sabíamos que el viaje debía continuar, aún habían muchos destinos que conocer en este cálido país. ¿Más al norte entonces? ¿y si vamos a Colombia después?

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4 comentarios:

  1. Bonitos recuerdos del viaje, y tu manera de contar lo que paso me hace recordar otra vez el dulce viento tibio de la costa ecuatoriana....Gracias por compatir, me gusta mucho leerte, porque yo olvido a veces....
    Porque no llamamos para comprar esa tierra??? ;).
    Caroline

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    Respuestas
    1. Gracias por tus palabras, y sí, Ecuador fue una bonita experiencia, quizá vuelva para contruir mi casa Tarzanezca :D

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    2. mmmm no sé porque (bueno si ;) ) pero te imagino bien, sentado en las escaleras de una pequeña casa de madera, tocando la guitarra frente al mar, en este lugar, o otro en donde dejaras tu mochila.....
      Caro

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    3. Jajajaja así será, porque tarde o temprano, después del viaje, voy a buscar "echar raíces" en un lugar tropical, necesitaré trabajo de arquitectura ;)

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