Bahía de Caráquez y la exótica Mompiche

La historia viene de --> AQUÍ (Montañita y Puerto López)

   Mi mente aún estaba inquieta por la futura vida del perrito que rescatamos en Salango, pero no podía hacer más, además, era tiempo de continuar con el recorrido por la costa ecuatoriana, y el próximo destino fue la moderna y turística ciudad de Bahía de Caráquez, a unos 150 km aproximadamente al norte de Puerto López.

   No estaba en nuestros planes llegar allí, sólo improvisábamos, pues cada pueblo costero de Ecuador era escandalosamente encantador. Sin embargo, según el Lonely Planet de mi novia, había un lugar más al norte que por su paradisíaco ambiente, parecía destacar de entre todos, Mompiche. Pero antes de aventurarnos hasta Mompiche, nos tomamos algunos días para conocer Bahía de Caráquez.

   Nuestra primera impresión de Bahía no fue buena, pero no porque la ciudad fuese poca atractiva, sino por algunos problemas y malos humores que surgen al viajar en pareja, ¡naturaleza humana señores! Sólo bastó un pequeño detonante, como la escasez de hospedajes baratos, para que Caroline y yo, empezáramos a refunfuñar toda la tarde y toda la noche, como gatos techeros con rabia.

   El nuevo día apaciguó nuestros ánimos, el reparador descanso nos hizo muy bien. Sabes, cuando uno tiene la cabeza metida en una discusión, los ojos parecen ver, pero en realidad no ven nada ¿ah?, sí. Por ejemplo, cuando llegamos a Bahía de Caráquez, no notamos que esta agraciada ciudad, se encuentra ubicada justo en la desembocadura de un caudaloso río, el Chone. Y según Caroline, esta posee ciertas similitudes geográficas con Etel, un pueblito en la Bretaña francesa ¿será?

   No sé cómo estará la ciudad actualmente, pero aquel año nos pareció una de las más interesantes en la costa ecuatoriana, pues por momentos, Bahía se nos mostraba como una ciudad grande y moderna, con edificios, y buena infraestructura. Pero también tenía el espíritu de un pequeño pueblo, en donde reinaba la tranquilidad. Bahía de Caráquez es uno de esos lugares en los que me gustaría vivir si tuviera la oportunidad. ¡Aún hoy lo pienso!

Bahía de Caraquez
Un muelle sobre el río Chone (Foto:CLD)

Bahía de Caraquez
Otro muelle (Foto:CLD)

   Decidimos aquella luminosa mañana, bordear parte la ciudad aprovechando la marea baja. Nuestra caminata se inició desde el puente los Caras, con dirección norte hasta la desembocadura del río. De allí, recorrimos el lado bañado por el mar con dirección sur, hasta donde los olas nos permitiesen entrar. 

   Durante el trayecto inicial, vimos algunas personas nadando y pasándola bien en el río Chone, y es que provocaba. El día estaba nublado pero muy caluroso, pero antes de seducirnos por el río, continuamos con nuestra misión exploratoria.

   Después de casi una hora andando relajadamente, recolectando algunas conchas marinas, llegamos a una zona en donde ya era muy peligroso continuar, pues a un lado estaba el acantilado, y al otro el mar embravecido. Decidimos volver sobre nuestros pasos sólo unos metros atrás, donde la marea baja había dejado una playa con olas de regular tamaño, sólo para nosotros.

   Nuestra "playa privada", fue perfecta para iniciar mis clases de natación que tanto deseaba, y sin quedar en ridículo frente a la gente viendo a un hombre de 28 años gritando de pánico creyendo que se iba a ahogar frente a una ola de 50 centímetros.

   El tiempo volaba mientras la paciente Caroline me daba las "clases" de natación. No sentimos el paso de las horas. Fue el mar el que nos hizo darnos cuenta de ello, pues la marea comenzó a subir rápidamente, obligándonos a partir lo antes posible para no quedar encerrados en el acantilado.

Bahia de Caraquez
Si que estaba baja la marea aquella mañana, miren el faro (Foto: CLD)

Bahia de Caraquez
Playa desierta sólo para nosotros ¡yupi! (Foto: CLD)

Bahia de Caraquez
La misma playa pero era hora de volver... ¡corriendo! XD (Foto: CLD)

Bahia de Caraquez
Retornando pudimos subir al malecón, ir por abajo ya era imposible, el faro ya estaba cubierto (Foto: CLD)

   Los días en Bahía de Caráquez, fueron de las mejores experiencias que tuvimos en Ecuador. Lleno de bonitos paisajes, mucho mar, y gente muy buena onda. Esta ciudad ha aprendido a vivir en perfecto equilibrio con la naturaleza marina, justo lo que yo busco. Lástima que el tiempo pasó demasiado rápido, entre la playa, el malecón y los puestos de comida callejera, los días parecen horas.

   Pero no podíamos quedarnos allí, nuestro destino principal era Mompiche. Tuvimos que despedirnos con tristeza, y para ello cruzamos el moderno puente los Caras rumbo a la terminal de buses, que se encuentra al otro lado del río Chone. 

   El bus que tomamos en Bahía, nos dejó en el pueblo de Pedernales, en donde vimos unos extraños y pintorescos buses de madera. Estos no tenían ni puertas ni ventanas, yo pensé que eran buses recreativos, pero no, en teoría, estos buses (o chivas) eran el único medio de transporte hacia Mompiche.

   Viajar en la chiva fue bastante gracioso, pues los pasajeros tenían la costumbre de trepar fuera del bus en pleno movimiento, iban por el techo y por los lados, y daban golpes para avisar al chofer que bajarían, por momentos no pudimos aguantar la risa.

   Ya casi no había luz cuando llegamos a un pueblo que al principio nos pareció bastante inseguro. Pensamos que era Mompiche, pero el conductor nos dijo que era Chamanga, y era el destino final ¡nos habían engañado!

Peculiar bus, toda una experiencia (Foto: CLD)

Chamanga Ecuador
Chamanga de noche, si que daba miedo (Foto: CLD)

   Bajamos del bus con nuestras mochilotas en plena oscuridad, yo temblaba de miedo, éramos los únicos turistas allí. Había mucha gente fuera de sus casas, todos nos miraban de manera sospechosa, y no sabíamos adonde ir. Pero me armé de valor, y pregunté a uno de esos temibles señores, que para mi sorpresa nos ayudaron. Fueron ellos lo que nos llevaron hasta un rústico hospedaje sobre un río, ¡la amabilidad les salía a borbotones! las apariencias engañan. Lección aprendida.

   El hospedaje que nos recomendaron era completamente de madera, y por estar sobre el río el olor a humedad impregnaba cada rincón. Aún en ese estado el lugar estaba relativamente limpio, a pesar de los escasos 6 dólares que nos costó.

   La luz del sol recién nos pudo mostrar adonde habíamos llegado, este era un pueblo algo abandonado, parecía estar perdido en medio de la selva, no teníamos ninguna información de Chamanga, ni qué visitar ni qué tan seguro era quedarse allí, lo mejor era continuar al norte.

   Antes de partir esta vez si o si para Mompiche, y mientras esperábamos el bus, un ebrio y conversador señor, todo un personaje por cierto, se nos acercó para invitarnos a pescar y a almorzar a una playa a sólo unos kilómetros de allí. Él nos aseguró que esa playa era mucho mejor que Mompiche, y que la pasaríamos genial, ¡nunca lo sabré! porque aunque él parecía confiable y sin maldad, había que tener algo de precaución, especialmente porque andaba con mi novia, quizá para la próxima ¡compadre!

Chamanga Ecuador
Por ese precio, hubiera estado peor (Foto: CLD)

Chamanga Ecuador
A la mañana... ¿en dónde estamos? (Foto: CLD)

Chamanga Ecuador
Lo único malo de aquel lugar era que todos tus "regalos" iban directo al río (Foto: CLD)

Chamanga Ecuador
Parte del pueblo de Chamanga (Foto: CLD)

   Parece que no hay buses que lleven directo a Mompiche desde Chamanga. Los buses sólo pasan por el desvío a Mompiche, pues esta localidad está apartada de la carretera principal. A nosotros sólo nos quedó bajarnos en ese desvío, y recorrer con muestras pesadas mochilas a cuestas, los casi 7 kilómetros de ruta hacia el mar.

   El camino a Mompiche fue todo un reto, porque estaba lleno de agua y barro, no hay asfalto, y no sé si todavía continúe así,  (actualización: el camino ya está asfaltado) pero afortunadamente unos hombres nos dieron un aventón en la caja de su camión.

   ¡Oh, qué puedo decir de Mompiche! verla de lejos desde la caja del camión fue una experiencia visual muy emocionante. Para mí es el paraíso en la Tierra. Es lo más cercano a lo que podría ver en el Caribe, creo.

   Muchas cosas me impactaron de Mompiche, una de ellas fue la increíble calidez de sus aguas, más que en Montañita o Puerto López, además estas eran transparentes, y a los lejos, se teñían de un turquesa hipnotizante. Aquellos días en Mompiche la pasamos vegetando y tomando agua de coco frente al mar, rodeados de exuberancia y de cientos de cangrejitos rojos. Nunca vi tantos ¡por Zeus!
   
   El pueblo es bastante pequeño, y no sé si era temporada baja, pero había poquísima gente, mejor aún, porque había una paz indescriptible. También los precios de los hospedajes estaban baratos, 10 dólares nada más, y tenían de todo, hasta me pareció que yo les estaba estafando.

   Cerca a Mompiche también pudimos ver otra curiosidad, una escondida playa de arenas negras de origen volcánico. Ya habíamos visto arena negra en Puerto López, pero en esta playa cerca a Mompiche, toda la arena era negra. Llegar a esta playa no fue fácil, tuvimos que atravesar unos espesos matorrales que cubrían todo, ¿o quizá tomamos un camino equivocado?

Mompiche Ecuador
El camino a Mompiche (Foto: CLD)

Mompiche Ecuador
En Mompiche, tengo que volver (Foto: CLD)

Mompiche Ecuador
Cangrejito posando para el "feis" (Foto: CLD)

Mompiche Ecuador
Ahí aprendí a nadar, bueno... algo (Foto: CLD)

Mompiche Ecuador
Después de unos rasguños llegamos a la playa de arena negra (Foto: CLD)

   Caminando un poco más al sur, se encuentra la Isla de Portete, llena de palmeras y de vida. Un lugar idílico y más tranquilo aún, ¡no había nadie! Caro y yo nos sentíamos exploradores llegando al Nuevo Mundo, aunque había letreros donde anunciaban venta de lotes... ummm ¿lotes? creo que voy a empezar a juntar dinero para comprar un lotecito y hacer mi casa estilo Tarzán.

   Como anécdota, puedo ahora contarte que mientras caminaba en Portete, pisé sin querer un pez globo que estaba varado en la orilla. Caminar kilómetros sin zapatos es un placer, pero no cuando pisas a un pez espinoso, que me hizo una pequeña herida en el dedo. 

   Mi novia se alarmó, porque no sabía si el pez era venenoso, ella practica buceo y tiene cierta noción de los peligros del mar, y cuando me preguntó si me sentía bien, o si podía respirar sin dificultad, me sugestioné, y hasta creí sentir los estertores de la muerte. Pero no ocurrió nada.

Mompiche Ecuador
Isla de Portete (Foto: CLD)

Mompiche Ecuador
Yo al fondo, paseando la guitarra (Foto: CLD)

091478844 apuntado, ¿aló? (Foto: CLD)

   Y así otro día terminaba en Mompiche, con harta playa, sol, agua de coco, cangrejitos, mar cálido, gente amable, y sonrisas sinceras. "¡oh! ¡podría quedarme aquí!" pensé por un momento, pero Caro y yo sabíamos que el viaje debía continuar, aún habían muchos destinos que conocer en este sorprendente país. ¿más al norte entonces? ¿y si vamos a Colombia después?

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4 comentarios:

  1. Bonitos recuerdos del viaje, y tu manera de contar lo que paso me hace recordar otra vez el dulce viento tibio de la costa ecuatoriana....Gracias por compatir, me gusta mucho leerte, porque yo olvido a veces....
    Porque no llamamos para comprar esa tierra??? ;).
    Caroline

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    Respuestas
    1. Gracias por tus palabras, y sí, Ecuador fue una bonita experiencia, quizá vuelva para contruir mi casa Tarzanezca :D

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    2. mmmm no sé porque (bueno si ;) ) pero te imagino bien, sentado en las escaleras de una pequeña casa de madera, tocando la guitarra frente al mar, en este lugar, o otro en donde dejaras tu mochila.....
      Caro

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    3. Jajajaja así será, porque tarde o temprano, después del viaje, voy a buscar "echar raíces" en un lugar tropical, necesitaré trabajo de arquitectura ;)

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