Cuando abandonemos el planeta Tierra


   Después de vivir 9 años dentro de una gran ciudad, tengo que admitir que habitar un lugar así tiene innumerables beneficios para el desarrollo humano, pues estos hábitats concentran todos los avances alcanzados por la humanidad, avances que son de vital importancia, como la educación, el sistema de salud pública, o la tecnología.

   Pero no todo es color de rosa. Una de las cosas que más me asombra de estas metrópolis, es su capacidad para aislarnos de la realidad, una realidad mucho más grande de la que hay dentro de los límites del cemento y el asfalto.

   Viajar no siempre se convierte en una oportunidad para salir de la burbuja urbana, muchos de nosotros, aún en la Antártida, cargamos en nuestras cabezas nuestra visión citadina del mundo, con nuestros celulares y redes sociales. Sin embargo, a veces hay momentos en los que llegamos a conectar espontáneamente con la naturaleza, una experiencia tan inesperada, que es como recibir un "golpe" en la entrepierna.

   Una playa desierta al atardecer, la cima de una montaña andina, o rodeado de árboles en una exuberante selva. No importa el lugar, de repente sientes paz, luego asombro, y luego pensamientos extraños, y luego bastantes preguntas que casi nunca las hacemos cuando estamos en la seguridad de la ciudad. Interrogantes que van desde ¿qué soy? o ¿qué somos?, y hasta dudas sobre nuestro futuro como especie en este planeta.

   Uno de esos "viajes mentales" inspirados por el contacto con la naturaleza, me atacó durante un viaje por el Callejón de Huaylas en el departamento de Ancash en Perú, un lugar donde inclusive el más macho de los machos, llega a sentirse como una frágil y endeble flor, frente a los gigantescos nevados e inmensas montañas de más de 5 mil metros de altura.
   
Al fondo la Cordillera Blanca en la región Ancash, con una vista así como no sentirse peque

    No era mi primera vez allí, ya había visto esas moles rocosas, la diferencia fue que esta vez sí estaba observando, y al tener consciencia de la vastedad terrestre, no sólo yo me sentí pequeño, sino también la ciudad de Huaraz me pareció una pequeñez ¡apenas un nido de hormigas!

   Pero la situación se puso peor al caer el sol ¿alguna vez has mirado el cielo en una noche despejada, sin Luna y lejos de cualquier luminosa ciudad? ¿has visto las infinitas estrellas? ¡Uf! ¡eso sí deja sorprendido a cualquiera! yo quedé más "loco" aún, porque al tener conciencia del Universo, fue la Tierra la que se convirtió en un nido de hormiguita pigmea.

   ¿Y dónde queda la humanidad? ¿y yo? bueno, en esos momentos reveladores me siento prácticamente NADA, pero con la sensación de ser un poco ESPECIAL, por el simple hecho de tener la oportunidad de ser consciente de ello, en mi breve paso por la existencia. Es como un pequeño consuelo. Sé que mi tiempo acabará, pero la humanidad que es mucho más fuerte, continuará sin mí, renovándose con cada nueva generación. La pregunta es ¿hasta cuándo?
   
Cielo estrellado
Vía Láctea vista desde la Tierra (Foto: Juan Ramón Rodriguez Sosa usada bajo licencia CC)

    ¿Alguna otra persona, cuando niño, ha llegado al extremo de desear ser grande para abandonar la forma de vida establecida y fugarse al Serengueti para cazar impalas, comer raíces y volver al nomadismo? ¿si? ¿no? Bueno, es lo que yo pensaba cuando niño, y sí, así de ridículo era, pero crecí, "toqué tierra", y con los años me convertí en un distraído citadino, sumergido en problemas cotidianos, superfluos y mundanos. 

   Sin embargo algo del "niño interior" sigue allí y hoy ha desatado una guerra interna en mi cabeza, pues una parte quiere, sin volver a la edad de piedra, una humanidad viviendo de forma mucho más simple y natural. La otra, más de "adulto", en contraste, quiere un futuro como lo muestran las películas de ciencia ficción, con autos voladores, vuelos espaciales, robots, ciudades inteligentes, y en general lo más "artificial" posible.

   Viendo el actual estado de nuestra civilización con ciudades que siguen creciendo por nuestra "conejil" forma de reproducirnos, todo parece encaminado al futuro de los "Supersónicos". La idea no me agrada, y sé que no la viviré, pero mi tataranieto, que seguro pensará que fui un hombre de las cavernas, quizá sí viva ese mañana.

Ciudad de Lima
La cada vez más poblada ciudad de Lima (Foto: Internet)

   Mi visión infantil que veía nuestro carácter modificador y destructivo del medio ambiente como algo antinatural, hoy me parece exagerado. Necesitamos modificar y destruir para sobrevivir, es nuestra "naturaleza". Todas las comodidades que gozamos actualmente son a consecuencia de ello, las ciudades son ejemplos palpables.

   Demoré en entender eso. Nuestro progreso nos aleja de la naturaleza terrestre, ¡está en nuestros genes actuar así! ¡ella nos hizo así! Todos los bellos paisajes salvajes que conocí en mis viajes, se pudieron convertir en un segundo, de paraíso natural a un infierno mortal. Sin la tecnología y nuestra cooperación mutua, no duraríamos ni un día en las montañas o en la selva. Es cierto que saber algunas cosas de supervivencia ayudan, como aprender a hacer fuego con ramas o piedras, o a cazar todo lo que se mueva como Bear Grylls, pero esas habilidades no nos permitirían vivir, sino sobrevivir.

   Imaginemos ahora qué será de los seres humanos de aquí a 3000 años en el futuro, si no nos hemos matado para entonces, es muy seguro que el planeta ya nos haya quedado pequeño, pero vayamos más allá... qué les parece 10 mil años en el futuro, qué cosas harán nuestros descendientes. Es interesante pensarlo.

   Lo único claro en esta historia para mí, es que nada será posible si no dejamos de lado lo que llamamos "natural", sin cometer excesos y atrocidades obviamente. Un ejemplo, si hubiéramos dejado que lo "natural" se haga cargo de nuestra supervivencia, millones de personas estarían muertas o lisiadas hoy en día, pues no existiría la medicina, porque lastimosamente la ley de la naturaleza es la de la supervivencia del más apto y fuerte ¡un horror! ¿no me crees? ve a los animales salvajes entonces.

A Omicron Persei 8, mientras snusnu para sobrevivir (Imagen: Internet)

   Si nos aferramos a la naturaleza terrestre, llegará el día (dentro de millones de años o mañana si cae un cometa) en el que la Tierra muera y si no estamos preparados, moriremos con ella. 

   Créeme que todo lo escrito aquí no me agrada mucho, y también hay ciertas tecnologías que me ponen furioso, como el "fracking" o los transgénicos, pero "volando" otra vez en el futuro, imagino a nuestros descendientes tratando de buscar la manera de sobrevivir en el espacio, o en otro planeta, ellos estarán obligados a modificar la genética de ciertas plantas, para que se adapten a los nuevos entornos, pero si no hubiéramos empezado desde hoy con esa tecnología, quizá no habría gente en el futuro.

   Por el momento, todo parece todavía muy temprano, a la Tierra le quedan millones de años de vida, y a nosotros millones de años para enmendar errores (guerras, contaminación, pobreza, etc) tenemos muchísimo que aprender, y de eso dependerá si sobrevivimos y nos convertimos en seres del espacio (uf eso sonó muy alucinado), o en una especie que no dejará rastros de su existencia en el Universo.
   
   Mientras... yo en mi primitivismo, según mi tataranieto, dejaré que la naturaleza se haga cargo de mí, yo lo quiero así... pero claro sin olvidarme de la Internet, esa vaina envicia.

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